7/10/16

Los 80 para millennials

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Creadores: Mark Duffer, Ross Duffer
Int.: Winona Ryder, David Harbour, Finn Wolfhard, Millie Bobby Brown, Gaten Matarazzo, Caleb McLaughlin, Natalia Dyer, Charlie Heaton, Matthew Modine
Emisión: 2016 – ¿?, Netflix
1 temporada

A estas alturas, dos meses y medio después del aterrizaje de Stranger Things en Netflix, puede resultar un poco redundante escribir un artículo sobre la serie. Primero porque prácticamente todo el mundo devoró los ocho episodios de los que consta su primera temporada sin tiempo de hacer la digestión, y segundo, porque ha resultado ser un fenómeno social de tal envergadura que los medios no han parado de bombardearnos desde entonces con noticias de todo tipo: entrevistas con su reparto, declaraciones de sus creadores, teorías, especulaciones y, sobre todo, explotación mediática de los niños que protagonizan la serie. Cualquier excusa es buena, desde ponerles a interactuar con juguetes de los 80 hasta amenizar la gala de los Emmy. Por una parte es comprensible, porque ellos son el corazón del formato, pero por el otro, no es sólo que corran el peligro de ser cansinos, es que parece que nos hemos aprendido nada de casos como el de Macaulay Culkin o el de Lindsay Lohan.

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Stranger Things es, básicamente, un revival del cine juvenil y de ciencia ficción de los años 80. Lo que la distingue de su principal precedente, Super 8 (2011) de J.J. Abrams, es que ha sabido conectar con el público mejor que aquella, que no alcanzó el éxito esperado. Quizás por ello, todas las cadenas de televisión rechazaron el proyecto de los hermanos Duffer hasta que Netflix, que tiene muy buen ojo, se hizo con ella. Es una serie que se presta mucho a la maratón, pero que también se puede disfrutar de forma más pausada, para poder paladearla mejor y dejar respirar el misterio que rodea toda la trama, contada desde al menos cuatro líneas narrativas diferentes que convergen de forma natural en su penúltimo capítulo, desembocando en un desenlace que deja algunos cabos sueltos que anticipan por dónde pueden ir los derroteros en la segunda temporada.

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Otra clave de su éxito radica en su “efecto-nostálgico-hasta-cierto-punto”: Stranger Things tiene una cuidada estética ochentera (¡cómo mola la cabecera con lo sencilla que es!) y viene cargada de guiños y referencias a la cultura popular de la época, pero cuenta con los suficientes elementos del audiovisual actual como para que no se le atragante a los que consideran una película estrenada hace cinco años como “vieja”, perdiendo un poco la ingenuidad que caracterizaba al cine de aquella época tanto para la bueno (el empoderamiento femenino) como para lo malo (imposible recuperar el inocente encanto de antaño). El cocktail contiene desde ingredientes sacados del cine y la literatura que marcó aquella época, con Steven Spielberg, Stephen King y John Hughes a la cabeza, hasta elementos sacados de obras contemporáneas de diversos ámbitos, como la saga de videojuegos de Silent Hill o la joya indie Under the Skin, todo muy bien revuelto y con una identidad que, a pesar de la cantidad de préstamos, resulta homogénea, atractiva y, como se espera de una buena serie, adictiva.

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Los personajes parten de arquetipos conocidos para hacerlos evolucionar de forma un tanto previsible en unos casos y de forma inesperada en otros, pero están esbozados de tal forma que resulta muy sencillo empatizar con ellos, también gracias al impecable  trabajo de casting realizado. Stranger Things reúne nuevos talentos con intérpretes veteranos que empezaron su carrera en los 80. Los niños son puro carisma y naturalidad, y algunos de ellos, como Millie Bobby Brown, apuntan a convertirse en estrellas, si no les engulle la maquinaria de Hollywood antes. Por otra parte, el gran debate que se ha creado a colación de la serie es si la felizmente recuperada Winona Ryder actúa bien o no. Resulta indudable que la actriz aborda la desesperación que siente su personaje de forma sobreactuada, con sempiterno nerviosismo y ojos desorbitados, lo cual, en cierto modo, le viene bien al personaje, porque esa reacción es la que tendría cualquier madre en su situación. Particularmente opino que Winona, como el icono cultural que es, está por encima del bien y del mal, y que consigue que su interpretación exagerada se mimetice con la serie y se convierta en un rasgo más de la misma. Al menos sale mejor parada que Matthew Modine, del que se han esforzado tanto para que sea un villano misterioso en la sombra que acaba por convertirse en una “no presencia” que impone más bien poco.

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Tratándose del fenómeno mediático del verano de 2016, junto a Pokemon Go, su renovación por una segunda temporada era más que obvia, respaldando así el deseo de los hermanos Duffer de abarcar los años de instituto de los jóvenes protagonistas, en la línea de la saga de Harry Potter, con un nuevo misterio paranormal que resolver cada año. La idea resulta muy apetecible, sin embargo, también se corre el peligro de que lo que podría haber quedado como una miniserie notable caiga en la reiteración, el desgaste o en una caricatura de sí misma. Ya sabemos todos lo difícil que es montar una buena saga de ciencia ficción manteniendo el nivel de la precursora. Dejando la negatividad a un lado, Stranger Things es una serie acorde al entusiasmo despertado, aunque tal vez, como en la mayoría de estos casos, haya un poco de exageración en el fenómeno. En cualquier caso, estaremos pendientes de los “extraños sucesos” que están por llegar y ojalá que les den a los niños unas vacaciones y les permitan ir al cole, que se lo tienen bien merecido.