4/6/16

Aquellos turbulentos años

Poster Tres recuerdos de mi juventud

Dir.: Arnauld Desplechin
Int.: Quentin Dolmaire, Lou Roy-Lecollinet, Matthieu Amalric, Dinara Drukarova, Cécile Garcia-Fogel, Françoise Lebrun, Irina Vavilova
¿De qué va?: Paul Dedalus deja Tayikistán recordando su infancia en Roubaix y la relación con su madre y su hermano. Poco después, recordará un episodio que vivió a los 16 años, un viaje a la URSS en el que vivió junto a su mejor amigo una particular misión secreta. Por último, también recordará cómo era su vida a los 19, sus estudios de Antropología, su estancia en París, las juergas con sus amigos y, sobre todo, a Esther, el gran amor de su vida.

Reseña: A la hora de discurrir sobre una película siempre es interesante tener conocimientos previos de la trayectoria del director o del tema que trata en vistas de poder ofrecer una visión más fundamentada del objeto de análisis. Pues bien, esta es la primera película que veo de Arnauld Desplechin, por eso no sabía de antemano que la pareja de personajes protagonista ya había salido en una cinta previa, Comme je me suis dispurté… (ma vie sexuelle) (1996), aunque tampoco sea necesario porque Tres recuerdos de mi juventud funciona perfectamente como film independiente. Por otra parte, tiene su punto ver una película completamente a ciegas, sin juicios de valor previos ni expectativas, porque el visionado resulta más orgánico, más inocente, y se ve de otra forma, como un pequeño y delicioso descubrimiento, aunque hayas llegado a él a través de la recomendación de alguien que tiene tus gustos muy calados.

Tres recuerdos de mi juventud2

Paul Dedalus, álter ego de Desplechin como lo fue Antoine Doinel de Truffaut, tiene un recuerdo de la infancia, tan breve como el que puede tener cualquiera cuando echa la vista tan atrás en plena vida adulta, pues ya sólo se recuerdan pequeños detalles que de alguna manera u otra nos marcaron para siempre. A continuación, Paul rememora un curioso episodio de su adolescencia, un poco más largo que el anterior, porque se trata de una de esas historias que dejan huella pero que no se recuerdan hasta que algo activa el mecanismo que nos lo trae de vuelta a la memoria. Y, al fin, el recuerdo más importante de todos, el más largo y agridulce, ocupando tres cuartas partes del metraje de la cinta: la llegada del primer amor, el cual marca el fin de la inocencia y el comienzo de la madurez.

Tres recuerdos de mi juventud

Tres recuerdos de mi juventud refleja ese impreciso período vital que abarca desde cuando se podían encadenar cuatro noches de juerga sucesivas hasta el día en el que la resaca empieza a no permitir salidas de más de una noche. Desde la época en la que todo daba igual, incluso que tu mejor amigo se liase con la chica que te gusta, hasta el momento en el que las tonterías empiezan a afectar de verdad. Es lo que pasa cuando se comienza a asumir responsabilidades, a ganar experiencia, a acumular errores, a tener sentimientos más profundos por la persona que se quiere, y como consecuencia de todo ello, cada cual empieza a forjarse su propio camino que le distancia de la familia, los amigos y de aquello que se creía conocer. La película de Desplechin habla de todo ello con suma veracidad y naturalidad, apoyado en un elenco formado casi íntegramente por actores noveles; sus fabulosos protagonistas, Quentin Dolmaire y Lou Roy-Lecollinet, consiguen que sintamos su dulce y amarga historia de amor como si fuese nuestra, y así, nos dejamos llevar por la nostalgia y el encanto intrínsecamente francés que desprende esta evocadora película que, haciendo honor a su esencia, crece en el recuerdo.

7’5/10