17/11/19

Doctor Sueño – Pálido resplandor



Dir.: Mike Flanagan
Int.: Ewan McGregor, Rebecca Ferguson, Kyliegh Curran, Cliff Curtis, Zahn McClarnon, Emily Alyn Lind, Zachary Momoh, Jocelin Donahue
¿De qué va?: Décadas después de sobrevivir al Hotel Overlook, Danny Torrance lucha por encontrar algo de paz a pesar de seguir irremediablemente marcado por aquel trauma. Pronto conocerá a Abra, una valiente niña dotada de un poderoso don extrasensorial que le pedirá ayuda para enfrentarse a la despiadada Rose la Chistera y a sus seguidores.

Reseña: Una hipotética secuela de El resplandor (1980) eran palabras mayores… salvo para Stephen King, que nunca se cortó al declarar que la versión cinematográfica que hizo Stanley Kubrick de su novela le horrorizaba… y no en el buen sentido. La continuación llegó a las librerías en 2013 bajo el título de Doctor Sueño (Doctor Sleep), y tras volver a ponerse de moda las adaptaciones de sus relatos gracias al éxito de It (2017), llegó el momento de hacerla realidad. También porque es muy probable que actualmente no haya alguien más idóneo para el encargo que Mike Flanagan, pues, además de haber ya adaptado material de King con buenos resultados en El juego de Gerald (2017), es uno de los mejores y más interesantes directores de cine de terror de la actualidad.


La clave de la eficacia de Flanagan es muy sencilla: está mas interesado en los personajes, su desarrollo y sus relaciones que en asustar al personal… pero cuando se propone meternos el miedo en el cuerpo lo consigue a lo grande, como se puede comprobar en su mejor obra hasta la fecha, la serie La maldición de Hill House (2018). En Doctor Sueño es evidente el interés de Flanagan por trasladar en imágenes la historia de Stephen King con claridad y fidelidad, otorgando tiempo para conocer y explorar los tres vértices sobre los que se sustenta la misma: Danny Torrance, Abra y Rose la Chistera. Sin embargo, tal es la dedicación de Flanagan por construir una narración sin trama ni cartón que en realidad se echa en falta algún golpe de efecto que anime una trama demasiado larga, pagada de sí misma y más previsible y obvia de lo que se cree.


Los únicos golpes de efecto que se reserva el film son alguna que otra escena macabra y las referencias a El resplandor, la película, que se concentran al principio y al final del metraje. Flanagan se ha acercado a la obra de Kubrick con reverencia pero tomando y manipulando sin pudor aquellos elementos que necesitaba para terminar de dar forma a Doctor Sueño. El resultado es una suerte de reconciliación entre King y Kubrick, aunque agrava la diferencia de chicha entre un material y otro, pues el interés hacia lo que ocurre en pantalla sube enteros con cada referencia a El resplandor, al menos para un servidor. Y no es por falta de temas: en Doctor Sueño se habla de la adicción, de la responsabilidad, de la culpa, de plantarle cara a nuestros miedos y de la redención, pero todo esto se traduce en una lucha entre el bien y el mal, entre personas con poderes y vampiros, que no luce demasiado.


Ewan McGregor como Danny Torrance está correcto, pero no hay nada especialmente reseñable en una interpretación que palidece ante la de Rebecca Ferguson, juguetona y perversa dando vida a la gran villana de la función. La actriz insufla vida a una película que, si bien consigue distanciarse lo suficiente de El resplandor, tampoco cuenta con suficientes virtudes y hallazgos como para destacar por sí sola. Aun así, sigo pensando que Mike Flanagan era el director más apropiado para la empresa, pues la cosa podría haber salido mucho peor, y quizás Doctor Sueño nunca estuvo llamada a resonar en la misma frecuencia que los pasillos del maquiavélico Hotel Overlook.

6/10

15/11/19

The Farewel – La familia que miente unida…



Dir.: Lulu Wang
Int.: Awkwafina, Shuzhen Zhoue, Tzi Ma, Jim Liu, Gil Perez-Abraham, Diana Lin, Yongbo Jiang
¿De qué va?: Billi es una mujer, de nacionalidad chino-americana, que regresa a su país natal cuando se entera de que su abuela padece un cáncer terminal y de que su familia ha decidido ocultárselo a la anciana. Billi debe apartar estos problemas a un lado para participar en una boda familiar que resultará ser el último gran evento en el que esté su abuela.

Reseña: Tras rodar varios cortometrajes, Lulu Wang dio el salto al cine en 2014 con Posthumous. La película, que versaba sobre un artista que ve cómo su obra se revaloriza cuando, por un error, se cree que se ha suicidado, no gustó y pasó muy desapercibida. Para su segundo largometraje, Wang se ha inspirado en su ámbito familiar, concretamente en la mentira que se creó para que su abuela no supiera que tenía cáncer.Sin embargo, le costó mucho encontrar financiación: los productores chinos la consideraban demasiado americana y los americanos no querían pagar una película con un elenco 100% asiático. Curiosamente, parte del conflicto de la protagonista de The Farewell, Billi, también tiene que ver con un choque de nacionalidades: al haberse mudado con sus padres a Estados Unidos siendo una niña, su sentimiento de pertenencia no está del todo claro.


Las cosas no le están yendo bien a Billi en Estados Unidos, y aunque le gustaría pasar todo el tiempo posible con su abuela… ¿que haría en China, si ni siquiera habla bien el idioma? Además, no está del todo convencida acerca de engañar a su abuela, la cual está enfrascada en la organización de una boda de pacotilla mientras el resto de la familia intenta poner buena cara. La directora acierta de pleno reparando tanto en los detalles y las situaciones en las que todos podemos vernos reflejados, sin importar nuestra procedencia, así como en aquello que caracteriza especialmente a la sociedad china. Una cultura que se empeña en guardar las formas y la compostura mientras los seres queridos están vivos, reservando la demostración a moco tendido de cuánto los querían para cuando ya no estén presentes. Este tipo de contradicciones, de sentimientos reprimidos y lealtad familiar son lo que hacen de The Farewell una película tan singular, íntima y moderada.


Sin embargo, la impresión que deja es que Lulu Wang podía haber ahondado más en la frágil estabilidad del clan, y sin embargo, siempre orbita sobre las dos mismas claves: la cuestionable ética de la gran mentira y el choque cultural entre América y China. De la misma forma en la que no se atreve a plantear conclusiones, tampoco carga las tintas en los elementos cómicos ni en los dramáticos de la historia. Por una parte, es de agradecer, puesto que The Farewell nunca cae ni en la autoparodia ni en el tremendismo, pero por la otra, un poco más de humor más allá del surgido en la incomodidad no le hubiese venido nada mal. Igualmente, la película está contada exclusivamente desde el punto de vista de Billi, mientras que, salvo por la abuela, los demás miembros de la familia están infrautilizados, cuando el conjunto podría haberse beneficiado por reparar un poco más en ellos.


The Farewell es una tierna y hospitalaria acogida a una familia reunida en torno a una mentira piadosa. Irónicamente, se siente legítima y sincera, aunque deje sin culminar parte de su potencial. Cuenta con un interpretación protagonista muy correcta por parte de Awkwafina, aunque en realidad la gran estrella es Shuzhen Zhao. En su exhibición de autoridad, protección, cariño, melancolía, perspicacia y testarudez, Zhao se convierte, no solo en la abuela que esta familia necesita, sino en la abuela por antonomasia; la que solo los más afortunados hemos tenido la suerte de disfrutar, aunque solo fuese por un breve período de tiempo.

6/10

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14/11/19

O.C: La mujer y el monstruo (1954)

¿De qué va?: Una expedición científica en busca de fósiles en el río Amazonas es interrumpida por un sorprendente e inesperado hallazgo: una criatura monstruosa mitad hombre mitad anfibio que se ha enamorado de la prometida de uno de los investigadores.

Reputacion: La idea de la película le llegó al productor William Alland cuando descubrió una leyenda suramericana sobre una criatura en el Amazonas que cada año rapta a alguna joven de las aldeas cercanas. La diseñadora Milicent Patrick creó el diseño de la criatura, pero fue un hombre, Bud Westore, que era el director del departamento de maquillaje de Universal de la época, el que se llevó el crédito. La criatura fue interpretada por dos especialistas diferentes: Ben Chapman, que rodaba las escenas donde el monstruo camina por tierra firme, y Ricou Browing, que se encargaba de las acuáticas. El traje era de caucho, estaba dividido en piezas articuladas, costaba 18.000 dólares y se necesitaban tres horas para montarlo. Dado el éxito que cosechó la película, se produjeron rápidamente dos secuelas: El regreso del monstruo (1955) y El monstruo vengador (1956). Por otra parte, influyó a directores como Steven Spielberg a la hora de rodar las escenas acuáticas de Tiburón (1975) y a Guillermo del Toro en La forma del agua (2017). También era una de las películas favoritas de Ingmar Bergman, que la visionaba siempre el día de su cumpleaños.


Comentario: La mujer y el monstruo (Creature from the Black Lagoon) es una producción de serie B con todas las de la ley pero con un buen puñado de hallazgos: la imagen de la protagonista nadando mientras es acechada por la criatura por debajo de ella resulta tan hermosa como inquietante; el propio bicho da bastante repelús, como se demuestra en el plano en el que mira fijamente a cámara cuando está atrapado en la jaula; y la película también da espacio a un pequeño debate personificado en los dos protagonistas masculinos (Richard Carlson y Richard Denning) acerca de si lo desconocido debe ser abordado con curiosidad científica o violencia. Si se visiona sin juzgar su ingenuidad añeja, comprobaremos que se trata de una película que a día de hoy sigue siendo muy disfrutable y que tiene mucho encanto.

Próximo visionado: La posesión (1981)

12/11/19

Estafadoras de Wall Street – Sirenas de Manhattan



Dir.: Lorene Scafaria
Int.: Constance Wu, Jennifer Lopez, Julia Stilers, Keke Palmer, Lili Reinhart, Madeline Brewer, Trace Lysette, Mette Towley, Cardi B, Lizzo
¿De qué va?: Un grupo de ex-strippers monta una banda para estafar a sus clientes de Wall Street.

Reseña: En todas las juergas que se corría Jordan Belfort en El lobo de Wall Street (2013) había mujeres despampanantes que ponían buena cara y que se movían al son de los billetes que les tiraban los ejecutivos de turno. Pero la cámara de Martin Scorsese nunca reparó en el rostro de esas mujeres cuando quedaban fuera de la vista de esos escualos lascivos; un rostro en el que probablemente se reflejaría la resignación y el hastío de trabajar como objeto sexual del capitalismo más viciado. Estafadoras de Wall Street (Hustlers) es la respuesta a la constante omisión del punto de vista femenino en el ‘modus operandi’ de los ejecutivos del distrito financiero de Manhattan, dando voz a un grupo de mujeres que aprovechó su condición de cebo para aprovecharse de los depredadores que gobiernan la pirámide alimenticia.



Basada en un artículo del 2015 de New York Magazine titulado The Hustlers at Scores, la película se centra en unas mujeres que se conocen trabajando en un club de striptease y en cómo la inestable situación económica las fuerza a encontrar nuevas y creativas formas de conseguir dinero cuando las propinas dejan de ser suficiente. Ellas también acaban engullidas dentro del sistema capitalista que las cosifica, en una espiral en la que nada es suficiente y el consumismo siempre va a más. Pero el film dirigido por Lorene Scafaria tiene tanto de criminal como de sororidad, pues toda su trama se construye en torno a la amistad que se forja entre Destiny, una recién llegada a la vida nocturna de Manhattan, y Ramona, una experimentada bailarina que la acoge bajo su abrigo de piel. Ramona enseña a Destiny, le presenta a las demás chicas, le ayuda a ganar más dinero y le lleva de la mano por los derroteros delictivos que toman sus vidas.



Tras el pelotazo que supuso Crazy Rich Asians (2018) en Estados Unidos, Constance Wu continúa afianzándose como estrella de Hollywood, liderando con aplomo el elenco de Estafadoras de Wall Street. Pero tiene un problema y es que queda eclipsada por Jennifer Lopez desde que esta aparece por primera vez, en una escena que aspira a ser la mejor presentación de un personaje de la cosecha cinematográfica anual. Jlo empieza coronándose como reina del pole dance y rápidamente se hace dueña y señora de toda la película con tanto carisma como presencia; su interpretación tiene las mismas vibraciones que desprendía Angelina Jolie cuando se erigió como jefa suprema de la institución psiquiátrica de Inocencia interrumpida (1999), así que la tan rumoreada nominación al Oscar para la estrella latina no se antoja para nada descabellada. También merecen una mención Keke Palmer y Lili Reinhart, pues tienen roles menores pero muy divertidos.



Estafadoras de Wall Street es una revisión contemporánea del mito de las sirenas. De cómo estos seres mitológicos atraen con su belleza y sus cánticos a incautos marineros que acaban saqueados pero contentos. Su guion a veces peca de reiterativo, pero la narración sale beneficiada de un sólido trabajo de dirección por parte de Scafaria y un elenco femenino completamente entregado. Es un divertimento ligero de moral ambigua pero frivolidad nula que sitúa la complicidad femenina como tabla de salvación de un mundo que ha cometido el grave error de infravalorar y despreciar a las mujeres durante demasiado tiempo. No volverá a ocurrir.

8/10

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11/11/19

La trinchera infinita – Vida de un topo



Dir.: Aitor Arregi, Jon Garaño, José Mari Goenaga
Int.: Antonio de la Torre, Belén Cuesta, Vicente Vergara, Manuel Poga, Enrique Asenjo, Emilio Palacios, Óscar Corrales
¿De qué va?: Higinio y Rosa llevan pocos meses casados cuando estalla la Guerra Civil. Es el año 1936 y la vida de él pasa a estar seriamente amenazada. Aunque intentará huir, el miedo a ser detenido y a las posibles represalias, además del amor que siente por su mujer a la que no puede abandonar, les condenará a ambos a un encierro que se prolongará durante varias décadas.

Reseña: Conocer y entender el pasado es fundamental para no repetir los mismos errores. Muchos se quejan de que haya demasiadas películas sobre la guerra civil española, pero es evidente que ni hemos aprendido todas las lecciones que nos dejó, ni se han cerrado todas las heridas, pese a que haya líderes políticos que prefieran mirar para otro lado. Además, aún existen enfoques de este período histórico por explorar. Lo comprobamos recientemente en Mientras dure la guerra, que contaba el inicio del conflicto desde el punto de vista de Miguel de Unamuno, y lo vemos ahora con La trinchera infinita, un film que narra la persecución al bando republicano desde el punto de vista de un hombre que permanece escondido en su casa durante décadas.


Como si se tratase de un reverso claustrofóbico de Cuéntame cómo pasó, La trinchera infinita  abarca varias décadas de transformación de la sociedad española sin abandonar jamás el punto de vista de Higinio, un hombre cuyo único vínculo con el espacio exterior se encuentra en su esposa, Rosa, y en los medios de comunicación. A través de un gran manejo de la elipsis temporal y estructurando la historia en episodios, somos testigos del devenir de este matrimonio, el cual debe enfrentarse a conflictos que van más allá del miedo a ser descubiertos. Porque una vez que se controla la situación y se asienta la rutina surge la apatía, la soledad, el agotamiento emocional y la vergüenza de vivir entre las sombras en torno a una mentira y sin que se vislumbre una luz al final del camino. El guion cuenta con un buen puñado de situaciones y subtramas que impiden que la historia caiga en la monotonía; no obstante, la relación de Higinio y Rosa posee suficientes matices y sustancia como para haber sostenido el film por sí misma.


Como valor seguro del cine español que es, Antonio de la Torre hace un fantástico trabajo dando vida a Higinio, siendo Belén Cuesta la auténtica revelación al ser su primer papel dramático en el cine. Aunque su sufrimiento nervioso nos retrotraiga a sus interpretaciones cómicas, Cuesta aporta toda la verosimilitud, tristeza, frustración y rabia contenida que necesita su personaje, desprendiendo un gran magnetismo cada vez que aparece en pantalla. Tanto ella como de la Torre ponen un acento andaluz cerrado por el que no entendemos la mitad de lo que dicen, pero poco importa porque nos creemos a pie juntillas su matrimonio, el amor que se profesan, los rocen que surgen entre ellos y la evolución de su relación y caracteres a través del tiempo.


Tras las notables Loreak (2014) y Handía (2017), el triplete de directores vascos formado por Aitor Arregi, Jon Garaño y José Mari Goenaga se consagra como uno de los mayores valores del cine español contemporáneo. La trinchera infinita es tan sólida a nivel narrativo como visual, pues todo, desde el tratamiento de la luz hasta la decoración de la casa donde se desarrolla la acción, está perfectamente alienado para crear una experiencia completamente inmersiva. Dada la extensa duración de casi dos horas y media, la fatiga puede surgir en la tercer acto, pero eso no impide que el viaje íntimo de este matrimonio desemboque en un final que, al cerrar el círculo, expone de manera sencilla y brillante que la fractura entre las dos Españas reside en el miedo que tiene la una de la otra.

8/10

9/11/19

O.C: El hombre que ríe (1928)

¿De que va?: Finales del siglo XVII. El noble Lord Clancharlie se niega a besar la mano del rey Jacobo II de Inglaterra. Como castigo, el soberano ordena asesinarle y desfigurar cruelmente a su hijo Gwynplaine. El resultado es una sonrisa terrorífica que espanta a todo el mundo. A pesar de esto, consigue enamorar a una chica ciega, un amor que se verá truncado cuando la Reina Ana descubra el origen nobiliario de Gwynplaine, a quien obligará a casarse con su hermana para castigarla.

Méritos: Adaptación al cine mudo de la novela The Man Who Laughs de Victor Hugo dirigida por el cineasta expresionista alemán Paul Leni. Universal decidió adquirir los derechos de la obra tras el rotundo éxito de otra adaptación de Victor Hugo, El jorobado de Notre Dame (1924). Lon Chaney fue seleccionado en primer lugar para encarnar al protagonista, pero cuando Universal tuvo problemas a la hora de adquirir los derechos de adaptación, Chaney fue liberado de su contrato y rodó en su lugar El fantasma de la ópera (1925). Tras el triunfo de esta última, el estudio volvió a poner en marcha el proyecto de El hombre que ríe pero con Conrad Veit asumiendo el rol protagonista. La sonrisa de Gwynplaine se logró con prótesis. Veit llevaba una dentadura postiza que tenía ganchos de metal para retraer las comisuras de su boca, y cuando la tenía puesta era incapaz de hablar. Tanto la macabra sonrisa como la inquietante apariencia de payaso de Gwynplaine fue una inspiración clave para el escritor de comics Bill Finger y para los artistas Bob Kane y Jerry Robinson a la hora de crear al archienemigo de Batman, el Joker.


Comentario: Sabiendo que es la principal inspiración del príncipe payaso del crimen, uno espera que el hombre que ríe sea un ser espeluznante al nivel de Nosferatu. Nada más lejos de la realidad: Gwynplaine es un cachito de pan, un hombre marcado y desfigurado por un error cometido por su padre y que, al ser denostado por la sociedad, solo es aceptado en un circo ambulante, donde al menos tiene el amor de una chica ciega con la que ha crecido, aunque él siente que no lo merece por su apariencia. El interés del film se desinfla cuando se mete de lleno en la enrevesada trama monárquica, pero el diseño de producción, el romance y, sobre todo, la formidable interpretación de Veit, son razones de peso para rescatar la película e impedir que caiga en el olvido.

Próximo visionado: La mujer y el monstruo (1954)

8/11/19

Parásitos – Frágil simbiosis



Dir.: Bong Joon-ho
Int.: Song Kang-ho, Lee Seon-gyun, Jang Hye-jin, Cho Yeo-jeong, Choi Woo-sik
¿De qué va?: Ki-taek es el patriarca de una familia pobre que malvive en un piso bajo en Seúl, pagando las facturas a base de trabajos precarios y robando el wi-fi de los vecinos. Su situación cambia un día en el que su hijo logra que le recomienden para dar clases particulares de inglés en casa de los Park, una familia acaudalada.

Reseña: En Snowpiercer (2013), Bong Joon-ho planteaba un futuro distópico en el que lo que quedaba de humanidad viajaba en un tren en movimiento eterno en el que los pobres vivían en condiciones terribles en los últimos vagones, mientras que los ricos habitaban los primeros con todo tipo de privilegios. Pero tampoco hace falta recurrir a una distopía para hablar de la lucha de clases, pues ese delicado equilibrio sobre el que se sostiene el 'status quo' del capitalismo es nuestro pan de cada día. Parásitos marca el regreso de Joon-ho a su Corea del Sur natal tras un par de incursiones estadounidenses, y aun siendo una película intrínsecamente coreana, maneja un lenguaje cinematográfico y narrativo universal.


Parásitos es de esas películas que recompensan a quienes se enfrenten a ella lo más “vírgenes” posibles, así que no entraremos en detalles argumentales más allá de que su planteamiento se basa en la relación simbiótica entre las diferentes clases sociales: los pobres se aprovechan de la ingenuidad de los ricos, pero estos también sacan beneficio de los primeros dado que no son capaces de hacer nada por sí mismos. La película se toma su tiempo para asentar esta dinámica, para a continuación introducir una serie de giros a cada cual más sorprendente y desquiciado. Pocos films de la actualidad tienen esa capacidad de imprevisibilidad, de dejar al espectador sin la más remota idea de lo que puede pasar a continuación, y sin romper en ningún momento con la veracidad de la historia.


El tono del film también se adapta a cada mutación que experimenta la trama, alternando orgánicamente entre el drama, la comedia, el suspense e incluso el horror. Cada personaje de la galería que integra Parásitos está perfectamente definido e interpretado por su respectivo intérprete, siendo la lujosa casa donde se desarrolla gran parte de la acción uno más del elenco. Los espacios están tan bien planificados y la cámara se mueve con tanta agilidad por ellos que en poco tiempo conoceremos cada palmo del edificio. El trabajo de dirección de Bong Joon-ho solo puede considerarse como magistral, pues demuestra un control absoluto sobre lo que acontece en pantalla incluso cuando reina el caos, todo impecablemente facturado y servido.


Con Parásitos, Joon-ho ha obrado el milagro de concebir una película capaz de entusiasmar tanto al público gafapasta como al espectador casual. Su representación del conflicto de clases posee múltiples capas, lecturas y mala baba, y además es una película accesible, divertidísima, original y que deja poso. Es complicado buscarle peros, porque en las dos horas y diez minutos que dura lo único que chirría es aquello en lo que se sustenta la historia: la delicada co-dependencia entre los que no tienen nada y los que lo tienen todo, entre los que tienen mucho que ganar y los que tienen poco que perder, y entre los que sienten cada día todo el peso del mundo sobre sus hombros y los que flotan grácilmente sobre él.

9’5/10