29/9/16

Y ahora… ¿qué?

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Dir.: Mia Hansen-Løve
Int.: Isabelle Huppert, Roman Kolinka, André Marcon, Edith Scob, Sarah Le Picard, Solal Forte, Elise Lhomeau
¿De qué va?: Nathalie enseña Filosofía de forma apasionada en un instituto de París. Casada y con dos hijos, divide su tiempo entre la familia, antiguos alumnos y su madre, una mujer muy posesiva. Un día, su marido le dice que la deja por otra mujer, y Nathalie se verá obligada a aplicar sus teorías sobre la libertad y reinventar su vida.

Reseña: Tras inspirarse en la malograda carrera como DJ de su hermano para crear la historia de Eden, Mia Hansen-Løve se fija en su madre para desarrollar El porvenir, en la que narra la experiencia vital de una mujer que pasa en poco tiempo de no tener ni un minuto de respiro, debido a las atenciones que le demanda tanto el trabajo como la familia, a quedarse desocupada, libre y sola. Este conflicto, que en Hollywood se abordaría con un libro de autoayuda al estilo de Come, reza, ama bajo el brazo, es abordado por la realizadora francesa con una serenidad y una templanza que chocará a todos aquellos que esperen un momento de estallido emocional que libere a la protagonista, Nathalie, de todas las tensiones acumuladas, pero que nunca llega. Porque la catarsis no siempre se produce en un momento puntual, sino de forma transversal al transcurrir de la vida.

El porvenir

Aunque en un principio se nos muestra a Nathalie como una mujer fuerte y segura de sí misma, su fragilidad sale a relucir conforme su vida se va despojando de todo aquello que formaba parte de su rutina diaria. Son momentos de flaqueza tan discretos como el propio personaje, pues lejos de cargar las tintas en el drama, tanto la película como el personaje afrontan las situaciones difíciles con tranquilidad, amparándose en la literatura y en grandes figuras de la filosofía para reflexionar y debatir sobre cuestiones como la felicidad, las posturas políticas o la libertad; curiosamente, los autores que trabajan y citan los personajes en sus conversaciones son una pista importante acerca de la personalidad y el punto de vista de cada uno de ellos. Suena pedante y, efectivamente lo es, pero por otra parte se retrata bastante bien el ambiente burgués-parisino en el que se mueve la protagonista, además de establecer un interesante contraste respecto a la parquedad verbal con la que expresa sus emociones.

El porvenir2

Ante todo, El porvenir es Isabelle Huppert. La actriz da una nueva clase magistral de interpretación natural y comedida dando vida a Nathalie.  Todo lo que conforma el film pivota alrededor de ella, y en su rostro se concentra el dolor por las despedidas y la paz, la inteligencia y la serenidad que otorga la experiencia y el paso del tiempo, un tema que también sirvió de columna vertebral del trabajo previo de Hansen-Løve, Eden. Con su discreto, sutil y delicioso encanto, El porvenir se emparenta con los elocuentes retratos de la mujer madura de Éric Rohmer en films como El rayo verde o Cuento de otoño, y se alza como una oda a esas clases de Filosofía que algunos partidos políticos se empañan en eliminar de las aulas (no en vano, “enseña a los alumnos a pensar por sí mismos” como defiende Nathalie en una escena), a la madurez, a la libertad y a la felicidad que depende de uno mismo, no de los demás. Curiosamente, la película coincide en cartelera con cierta comedia romántica que viene a decir lo opuesto, que la felicidad a cierta edad sólo existe cuando es compartida. Que cada uno escoja la fórmula que le convenga más.

8/10

27/9/16

Falsetes para oídos sordos

Poster Florence Foster Jenkins

Dir.: Stephen Frears
Int.: Meryl Streep, Hugh Grant, Simon Helberg, Rebecca Ferguson, Nina Arianda, Stanley Townsend, Allan Corduner John Kavanagh,
¿De qué va?: Florence Foster Jenkins fue una rica heredera de la alta sociedad neoyorkina que persiguió obsesivamente su sueño de convertirse en una gran cantante de ópera. Ante el inconveniente que suponía su nula habilidad para el canto, su marido y manager, St. Clair Bayfield, decidió protegerla a toda costa de la verdad, haciéndole creer que tenía un don auténtico para ello.

Reseña: En el mundo hay gente que tiene la suerte de tener una habilidad natural para desarrollar su vocación… y luego están los que, por mucho que se empeñen, no sirven para ello, aunque echarle morro y carisma siempre ayuda a suplir la falta de talento. La historia de Florence Foster Jenkins no se distancia demasiado de la experiencia que haya podido tener cualquiera de nosotros en una noche de borrachera y karaoke: sabes que estás desafinando como una hiena, pero te vienes arriba y disfrutas de tus tres minutos de gloria porque te debes al público que te está vitoreando. La única diferente entre la señora Foster Jenkins y nosotros es que ella se podía pagar el karaoke para poder cantar allí todas las veces que quisiera.

Florence Foster Jenkins3

Tras abordar dos personajes tan controvertidos como Lance Amstrong y la Reina Isabel, Stephen Frears se centra en la conocida como peor cantante de ópera del mundo, la cual también sirvió de inspiración para la película francesa Madame Marguerite, estrenada el año pasado. El film de Frears le otorga especial relevancia al personaje del marido y manager de Florenre, St. Clair Bayfield, y a sus múltiples argucias para mantener a su esposa dentro de la burbuja en la que vivía. El director ha optado por eludir los aspectos más sórdidos y antipáticos de la historia real, y así poder construir una comedia amable que ensalza tanto a aquellos que persiguen sus sueños por muy inalcanzables que resulten como a los que se esfuerzan en contribuir a aquello que les apasiona en la vida, sin tener en cuenta la calidad de la aportación realizada. A fin de cuentas, el arte es subjetivo, e incluso los artistas más negados del mundo también tienen su público fan.

Florence Foster Jenkins2

Al tirar por el cariz amable, la película no incide demasiado en el carácter paródico y esperpéntico de sus personajes, pero es ese cariño con el que son tratados lo que impide que se ahonde demasiado en su psicología. Afortunadamente, Meryl Streep, Hugh Grant y Simon Helberg consiguen añadir matices que no se encuentran fácilmente en el guión. Si bien Streep está notable en su histrionismo y vulnerabilidad, lo cierto es que este papel no contiene nada que no haya hecho ya a lo largo de su dilatada carretada, salvo por lo de cantar mal. La auténtica sorpresa es que quede eclipsada por Hugh Grant, fantástico a la hora de otorgar carisma, dedicación y patetismo a un personaje que, teóricamente, debería ser bastante desagradable. Helberg también hace un buen trabajo como el personaje en el que se puede sentir identificado el espectador, pasando del estupor inicial a la comprensión y el apoyo.

Florence Foster Jenkins

Florence Foster Jenkins es una película ligera y disfrutable, hecha  para agradar al gran público y, sobre todo, a ese parte de él que es fiel a los estrenos de la Streep y que quedó decepcionada con Ricki. Es de agradecer que no posea la estructura tradicional del biopic que abarca una vida entera y se centre en un único episodio que defina a todo el personaje central. Pero más allá de las lecturas en torno al mundo del espectáculo y a aquel refrán que dice “Más vale caer en gracia que ser gracioso” no hay mucho que rascar, pero lo que hay es bueno, bonito y entrañable. Seguro que a la Florence auténtica le hubiese encantado.

6’5/10

26/9/16

La importancia de tener un príncipe azul

Poster Bridget Jones Baby

Dir.: Sharon Maguire
Int.: Renée Zellweger, Colin Firth, Patrick Dempsey, Emma Thompson, Jim Broadbent, Gemma Jones, Sarah Solemani, Sally Phillips, Shirley Henderson, James Callis
¿De qué va?: Con 43 años recién cumplidos, Bridget decide disfrutar de su soltería, centrarse en el trabajo y rodearse de sus amigos. Pero su vida dará un giro radical cuando descubre que está embarazada y no sabe quién es el padre, si el eterno Mark Darcy o su nueva conquista, Jack.

Reseña: Hace 15 años, el estreno de El diario de Bridget Jones supuso una revolución en el género de la comedia romántica, al presentar a una heroína lejos de los cánones de belleza e idealismo de Hollywood (hasta cierto punto). Sin embargo, a pesar de ser una comedia muy bien armada, su supuesto feminismo se vino abajo de forma acelerada por culpa de Bridget Jones: Sobreviviré (2004), una secuela que parecía más bien la Scary Movie de la película original, convirtiendo a Bridget en una caricatura de sí misma que necesitaba desesperadamente a un hombre a su lado para arreglar su vida. Y ahora nos llega Bridget Jones’ Baby, en un momento en el que la rom-com está de capa caída y en un contexto social muy diferente al de cuando la conocimos. ¿Se habrá adaptado Bridget a los tiempos que corren?

Bridget (RenÈe Zellweger, r.) neben ihrer Kollegin Miranda (Sarah Solemani, l.)

Pues ya les digo que Bridget sigue siendo la misma de siempre, con bastantes kilos menos encima, eso sí, y sospecho que se trate más de una cuestión de imposición de la actriz que la interpreta que de una decisión creativa. También ha dejado de fumar, y parece un poco más obsesionada con el sexo, pero sigue siendo alegremente torpe, inoportuna y en ocasiones irritante, pero sin llegar a los niveles absurdos de su infame segunda entrega. Quizás haya tenido algo que ver el regreso de la directora de la cinta original, Sharon Maguire, y que Emma Thompson, aparte de interpretar a la perspicaz ginecóloga de Bridget, ha metido mano en el guión. Se perpetúa el esquema de triángulo amoroso que desembocará en la elección de Bridget por uno de los dos caballeros que la cortejan, pero hay bastantes situaciones genuinamente cómicas a lo largo de las dos horas que dura la cinta, si bien también hay unas cuantas demasiado pasadas de rosca.

Bridget (Renée Zellweger) beim Ultraschall mit ihrer Ärztin Dr. Rawling (Emma Thompson)

Lo curioso de la propuesta es que, en vez de haber optado por hacer un retrato realista e ingenioso de lo que significa ser una mujer soltera y embarazada a los cuarenta y tantos en el mundo actual, haciendo de paso que Bridget renuncie o reformule sus ideales románticos, se ha escogido el camino de siempre, o lo que es lo mismo: vender una idea de emancipación femenina que en última instancia se traduce en conservadurismo puro y duro… o no, o tal vez sea simplemente una cuestión de libertad de elección. La genialidad radica en que la película es tan consciente de sí misma que parodia el feminismo radical, con un homólogo de las femen que se interponen, literalmente, en el camino de Bridget hacia la vida que siempre ha soñado. Debería ser objeto de debate y polémica, pero un servidor, en vez de indignarse, aplaude una una jugada tan descarada como sorprendente.

Bridget (Renée Zellweger) im Arm von Mark (Colin Forth) und Jack (Patrick Dempsey)

Bridget Jones’ Baby no sólo nos recuerda la chispa de la película del 2001, sino las razones por las que Renée Zellweger llegó a ser una de las estrellas más importantes de Hollywood. El film supone un vehículo para el lucimiento de la oscarizada actriz quien, polémicas de cirugía aparte, sigue luciendo tan encantadora como en antaño, al igual que mantiene la gran química que tenía con Colin Firth, mientras que Patrick Dempsey consigue que no echemos en falta a Hugh Grant. Ojalá que la tercera aventura cinematográfica de Bridget haya servido para que Zellweger haya vuelto para quedarse, y que la cinta no vaya a más que un ejercicio de nostalgia naíf de aquella época en la que escribir diarios señalando los kilos que has bajado, los cigarrillos que has fumado y los polvos que has echado era lo más.

6/10

25/9/16

Crónica del 64º Festival de San Sebastián (Jornada V)

Por Carlos Rodríguez (https://backtothecinemablog.wordpress.com/).

La presente edición número 64 del Festival de Cine de San Sebastián llega a su fin. Durante la estancia, hemos podido constatar no solo un nivel especialmente bueno en las películas a competición, sino que hemos vuelto a revivir un ambiente inmejorable, con el glamour de una ciudad que parece hecha a medida para un festival como este, perfecta organización, múltiples salas de cine, de todos los tamaños y gustos.

El palmarés, ya lo conocemos; la gran victoriosa, la cinta de Feng Xiaogang I am not Madame Bovary, Concha de Oro. Mención especial para la Concha de Plata al mejor director para un Hong Sang-soo que se lo merece totalmente, y que viene a completar un palmarés especialmente copado por el cine asiático.

The Odyssey

Pero antes de cerrar totalmente, comentemos lo último que nos dejó disfrutar el Festival. Empezamos el día con el final de la Sección Oficial, la cinta que cerraría la presente edición en la ceremonia de clausura: la francesa The Odyssey, biopic sobre la vida del célebre Jacques Cousteau, que ahonda en la relación entre este y su hijo Philippe. Se trata de un drama convencional sin apenas algo nuevo que aportar. El director parece más preocupado por hallar imágenes bellas del océano, y de la relación de este con el hombre, que de armar un todo ya no diré profundo sino mínimamente interesante. La compleja y arrolladora personalidad de Cousteau solo queda esbozada, y la relación con su hijo (interpretado por un Pierre Niney que parece estar de moda), que es en esencia lo que justifica y vertebra este film, no aporta demasiado para sostener el relato. A su vez, se pasea por la película una Audrey Tautou que no termina de encontrar acomodo. Así que tenemos un drama sin intensidad dramática alguna, perfectamente olvidable, con un Desplat que pareciera haberse ventilado rápido el proyecto, y sin apenas nada que decir. Se suma pues a la oleada de biopics innecesarios, de esos que no vuelves a ver en tu vida.

La region salvaje

Por el contrario, el mexicano Amat Escalante, avalado por el premio recién recibido en Venecia al Mejor Director, presentaba en Horizontes Latinos su nueva La región salvaje, un drama con elementos de ciencia ficción bastante más interesante. Ciertamente deudora de algunas de las últimas películas de Lars Von Trier, encontramos elementos que recuerdan, tal vez demasiado, a Anticristo o a Melancolía, y quizá la elección de Manuel Alberto Claro como director de fotografía (que hace un trabajo excelente como de costumbre) no sea casual. También remite en ocasiones a Tarkovsky, pero en la medida en que lo hacía Von Trier en estas películas, con elementos característicos como ese perro, que es el mismo que el de Stalker. No obstante, estos elementos no son valorables aisladamente, acaso como meros guiños u homenajes, si el conjunto flaquea… Bien: Escalante nos narra una trama de engaños e infidelidades a la que añade un extraterrestre cuya misión es desatar los instintos más salvajes del que se acerca a su zona de influencia. En su recorrido, Escalante se enfrenta a zonas que cabalgan peligrosamente por la fina línea que separa la genialidad del ridículo, creando algunas imágenes que, reconozcámoslo, son cuanto menos valientes, pero tampoco demasiado novedosas. El universo oscuro y perturbador que compone es atractivo. Su cámara sobrevuela a sus personajes sin ninguna compasión por ellos, con zonas de claroscuros constantes. Parece dominar el espacio en la misma medida en que lo hace su extraterrestre.

No obstante, le falta encontrar un rumbo claro, ya que la película navega a la deriva por demasiado tiempo. Todo se queda a la mitad, incluso el desenlace, pero el resultado es cuanto menos llamativo y muy a tener en cuenta.

Despues de la tormenta

Terminamos estas crónicas con una de las cintas más esperadas por mí: la nueva película de Hirokazu Koreeda, Después de la tormenta. Con su estilo calmado y humanista habitual, presentando pequeñas historias íntimas familiares, Koreeda vuelve a desgranar el concepto familiar tradicional en Japón. Encontramos elementos recurrentes en su filmografía, como los conflictos causados por los fantasmas del pasado, personajes omnipresentes que no aparecen físicamente, y dominio absoluto del espacio como solo cierto maestro clásico del cine japonés sabía hacer. Me temo que sus resultados en esta ocasión no son tan satisfactorios como lo fueron, sin ir más lejos, en su anterior y excelente película Nuestra pequeña hermana. Se pretende hondura, se consigue en parte, se pretende emotividad contenida, pero no es tan emotiva como debería. El frescor de su mirada es encantador y encandila, amparándose en demasía en el calor otorgado por algún personaje tan bien escrito como la abuela de la familia, que no termina de ser suficiente para elevar la película. Se trata pues de una obra menor de Koreeda, pero con la que uno no tiene la sensación de haber perdido el tiempo viéndola.

24/9/16

Crónica del 64º Festival de San Sebastián (Jornada IV)

Por Carlos Rodríguez.

De nuevo, volvemos para repasar lo último de esta 64 Edición del Festival de Cine de San Sebastián, ya en el penúltimo día de Festival.

Rage

Empezamos el día con la japonesa Rage, de Lee Sang-il. Se trata de un drama de historias cruzadas que nos habla de la confianza (y de la desconfianza) en las relaciones interpersonales. Con cierto aire de thriller, el director japonés arma una tela de araña que nos invita a descubrir quién es el asesino de entre tres posibles opciones. El resultado final tiene ritmo, pero adolece de los habituales tics del melodrama japonés, ampuloso, exagerado hasta decir basta, por lo que es difícil conectar si no aceptas esa rémora que arrastra aún en demasía la cinematografía nipona, por influencia y herencia del manga. La historia es tramposa, pero consigue del espectador la atención necesaria para al menos desear conocer el desenlace. Que a su vez es demasiado alargado, con esa molesta sensación de múltiples finales, de no saber darle un cierre al pequeño engendro. Ken Watanabe pasaba por ahí y no sé quién le aconsejó entrar en el proyecto, pero no puede estar más desaprovechado y su personaje ser más patético. La historia más interesante, la de la pareja homosexual.

El rey del once

El rey del Once es una ¿comedia? argentina del director Daniel Burman, que viene a cerrar la Sección Horizontes Latinos. Pregunto porque más bien me parece un drama sin mucha sustancia aderezado con algún toque de humor sin apenas gracia. Un hombre de mediana edad, que hace tiempo buscó alejarse de su vida en un barrio judío porteño, regresa de Nueva York a petición de su padre, que dirige una fundación de beneficencia. Es el punto de partida que sirve al director para escudriñar en las costumbres y las contradicciones de la cultura judía, representadas en el entorno de un hombre que vive para ayudar a los demás, pero que no es capaz de atender ni a su propio hijo, que poco a poco y por fuerza irá suplantando a su padre en sus funciones. Nos habla también así del relevo generacional como algo necesario, casi como redención social. El protagonista redime su pasado transformándose paulatinamente en su padre, recuperando así el tiempo perdido. Hay una mirada nostálgica al pasado y una puesta en escena seca. Empero, el director no acaba de armar un todo lo suficientemente atractivo como para justificar 90 minutos de película. Las costumbres judías no fueron nunca más aburridas, sin pretenderlo.

Arrival

Una de las cintas más esperadas la encontramos en otro de los cierres de Sección (Perlas). Hablo de La llegada, la nueva película de ciencia ficción de Denis Villeneuve. Aunque con tanto monstruo y tanto extraterrestre cada vez esto se parece más a Sitges, el cine de género siempre será bienvenido en cualquiera de los ámbitos posibles… La llegada plantea una invasión alienígena desde una perspectiva intimista, aunque expansiva, humanista, con la temática de la incomunicación como telón de fondo para desarrollar una trama medida a la perfección. Posee una profundidad emocional muy lograda, apoyada en una Amy Adams protagonista en estado de gracia. Villeneuve destaca por crear una cinta hipnótica, con una fuerza visual muy característica en el canadiense (y que en la ciencia ficción ya solo soy capaz de atisbar en un puñado de directores, véase Spielberg, Nolan y poco más), y por mantener un ritmo casi perfecto. Además, se luce especialmente en esta ocasión su músico habitual, Jóhann Jóhannsson, cuya banda sonora minimalista de cuerdas consigue crear una atmósfera casi onírica muy particular (y a la que le vaticino una nominación segura al Oscar).

Alba

La primera película de Ana Cristina Barragán, una joven directora ecuatoriana, es esta Alba que participa en Horizontes Latinos. La historia, una niña de 11 años ha de ir a vivir junto a su solitario padre al que no conoce debido a la enfermedad terminal de su madre. Bajo esta premisa, Barragán agudiza su mirada para bucear en los sentimientos de su joven protagonista (por cierto, una joya de niña), con una sensibilidad más que notable para entender la infancia y el universo feminino, en una época convulsa como es el paso a la adolescencia. Los problemas vitales de Alba, el enfrentarse a una vida y unos cambios que no entiende, son un reflejo de esa pubescencia, reflejada en una transición metafórica tanto interna como externa. Barragán describe un rico mundo interior usando como herramientas los silencios, los gestos y las miradas, cargando de una emotividad contenida una película rica en matices, pero no lo suficientemente especial como para alcanzar altos vuelos. Un debut más que aceptable, no obstante.

Fuego en el mar

Terminamos la jornada con la flamante ganadora del último Oso de Oro en Berlín, la italiana Fuego en el mar de Gianfranco Rosi, un excelente largometraje que explora los límites de la ficción y el documental con una trama que se centra en la vida de los habitantes de la isla de Lampedusa y la relación de estos con el mar, con el drama de la inmigración como telón de fondo. Gianfranco consigue una extrañamente bella cinta, dotada de una fantasmagoría que nos habla de la incertidumbre, en esos amaneceres misteriosos tras los que los equipos de rescate reviven la tragedia día sí y día también. Dispone, por contraposición, la historia de un niño de la isla que me parece potentísima. Hijo de pescador, parece en cambio mucho más atado a la tierra. Sus juegos son destructivos, y su carácter hiperactivo se contrapone a la pereza de su mirada (un ojo vago). El niño como reflejo de una sociedad que no quiere mirar. Algunas de estas metáforas parecen tomadas de películas anteriores, mismamente aquella de la graduación de la vista (La mirada del silencio, Joshua Oppenheimer, 2014), sin descubrir nada nuevo ni en estilo ni en forma, pero aun así, Rosi supera con creces su anterior trabajo, un a mi modo de ver mucho más plomizo Sacro Gra. De paso, nos regala un par de escenas hilarantes que ayudan al ritmo de la película, contraponiendo este humor con el drama documentado, en el que no obstante no se ceba, sino que trata con elegancia y sutileza.

23/9/16

Crónica del 64º Festival de San Sebastián (Jornada III)

Por Carlos Rodríguez

Continuamos hoy repasando lo último de la SO, Perlas y nos adentramos por primera vez en la Sección Horizontes Latinos, otra de las más celebradas.

El amparo

Lo hacemos comenzando por todo lo alto, con la venezolana El amparo, debut de Rober Calzadilla, en lo que parece venir a confirmar un estado de forma excelente del cine venezolano, tras la presencia el año pasado en la misma Sección de la flamante ganadora del León de Oro Desde allá. El amparo es un drama basado en un caso real que relata la historia de un grupo de pescadores en una pequeña región empobrecida de Venezuela, que tras marcharse a cumplir un rutinario encargo para pescar en barca, serán masacrados por el ejército. Dos de ellos sobreviven, y deberán luchar contra la injusta acusación de pertenecer a la guerrilla. El realismo con que Calzadilla indaga en los sentimientos de sus personajes, que exhalan verdad, sobrecoge. Los actores están inmensos. Hay un sentido del ritmo muy acentuado, una inteligencia en la construcción del relato inusitada para una ópera prima, con un arranque más que potente, aunque ciertamente se observa un cierto bajón ya por la parte final. Por ahora, lo mejor que hemos podido ver en todo el Festival.

Poster La reconquistaEl cine independiente español también goza de buena salud. Jonás Trueba, uno de sus últimos exponentes (y más prometedores), indaga en La reconquista en el concepto del paso del tiempo. En cómo este nos construye, nos define, cambia nuestras relaciones, a nosotros mismos y a nuestra memoria (en definitiva, a nuestra identidad como personas). También en la aceptación del pasado, al que no obstante observa con evidente nostalgia. La historia es sencilla: una expareja se reencuentra muchos años después de haber terminado su relación. La mirada de Trueba es fresca, su juventud juega extrañamente a su favor. Eso sí, contiene demasiados de los clichés habituales en este tipo de cine.

Trueba divide su cinta en dos películas más o menos diferenciadas. Por desgracia, el todo es irregular, pues la primera me parece bastante más elegante y sutil que la segunda, mucho más tosca y menos interesante, aunque necesaria al fin y al cabo para contar lo que nos quiere contar. A destacar, el trabajo de los jóvenes intérpretes, más que creíbles, y la sensibilidad mostrada en las múltiples escenas musicales, muy bien dirigidas.

Jesus

De Jesús, película chilena de la SO, destaca la sequedad con que plantea la puesta en escena Fernando Guzzoni, y la implicación extrema en su papel por parte del joven protagonista. Poco más, porque este drama sobre un chico en busca de su identidad me interesa bien poco. Hay mil películas que me cuentan lo mismo y mucho mejor, con historias más apasionantes y unos personajes que me interesan más que esta pandilla de emos k-poperos malcriados. Hasta el desenlace me parece un remedo poco original de otros tantos.

American Pastoral

El debut del actor Ewan McGregor en la dirección con su American Pastoral es más bien blandito. McGregor no termina de conseguir más que un par de escenas que despuntan en un todo algo plano, rígido. No termina de encontrar el tono adecuado, aunque cuando indaga en las oscuridades de la historia, es cuando esta se eleva, ayudada por una banda sonora más que buena del siempre cumplidor Desplat. La escritura es muy buena, compleja, la historia esconde infinitas aristas. Y en cambio, el material parece algo desaprovechado, no termina de ser todo lo expansivo que debería. Se pretende extrapolar la difícil situación familiar del protagonista a la de toda la nación en aquellos turbulentos años, pero se consigue solo en parte. No ayuda, pues, la ausencia de garra en la dirección, y sí ayudaría evitar construir escenas involuntariamente cómicas, y sobre todo tener claro cuál es el rumbo al que dirigir la película. No obstante, se mantiene relativamente bien el misterio, y las dos o tres escenas que despuntan salvan el conjunto del hastío.

Yourself and Yours

Para terminar el día, encontramos la última cinta del siempre interesante Hong Sang-soo, uno de los directores coreanos más personales del panorama actual. Yourself and Yours es un juego de espejos con toques surrealistas, casi kafkiano, que recuerda al Buñuel de su etapa francesa. Sang-soo dispone unos personajes de acentuado patetismo, con un sentido del humor irónico que se ceba con ellos y aporta frescura a una cinta más compleja de lo que podría parecer. Algo así como una búsqueda por resarcir los errores del pasado, por volver a empezar, y por la aceptación, tanto propia como ajena. La precisa puesta en escena de Sang-soo otorga especial relevancia al sonido e incluso a la meteorología (algo por otro lado habitual en el director) como elementos coadyuvantes para la creación de un universo fílmico propio, que es el reflejo del mundo interior de sus protagonistas en el exterior, unos protagonistas que se niegan a sí mismos constantemente, desdoblando la película en otras muchas posibles. El desenlace, con una ambigüedad y una ironía muy acorde al resto de la película, es más que inteligente.

22/9/16

Crónica del 64º Festival de San Sebastián (Jornada I y II)

Festival San Sebastian


Por Carlos Rodríguez.

Un año más, de vuelta en el Zinemaldia. La 64 edición del Festival de Cine de San Sebastián nos ofrece una Sección Oficial especialmente completa, cargada de novedades tanto internacionales como patrias. Destaca además, como es habitual, la sección Perlas, en la que podemos encontrar, por ejemplo, la película ganadora del pasado Festival de Cannes (y que en esta misma crónica comentamos).

Colossal

Nos adentramos en la Sección Oficial con la nueva cinta de Nacho Vigalondo, Colossal, que parece haber encandilado a la mayoría de críticos en su paso por Donosti. No comparto el entusiasmo. La película posee la mescolanza genérica típica de Vigalondo (el fantástico, la comedia y el cine de monstruos y desastres se suman al drama personal de una chica que busca darle un rumbo a su vida tras una reciente ruptura), en lo que a priori suponen ingredientes suficientes para haber obtenido un producto mucho más interesante. Pero todo se siente artificial, se fuerza una conexión con los protagonistas que nunca llega, y aunque Hathaway lo intenta y lo intenta, no termino de creerme nada de nada. La pelea contra los monstruos (que son los internos, los de uno mismo) queda metafóricamente dibujada de una manera un tanto pueril. Lo peor es que este trasunto es justo la premisa principal del film, y no se le saca partido. Vigalondo se queda demasiado pronto sin saber qué hacer con el castillo que ha armado, sin encontrar un núcleo dramático claro. Curiosamente, en el desenlace (allí donde derrapa en sus últimas películas), es donde se alcanzan mayores cotas de emoción, en una película que pedía a gritos desatarse mucho antes.

Un monstruo viene a verme

Sin dejar de lado los trasuntos monstruosos, ha presentado J. A. Bayona su película Un monstruo viene a verme. Admito que Bayona ha madurado como cineasta. Lo que en sus anteriores largos era porno emocional barato, aquí se lo compro. La elegancia en las formas importa. Y la escritura es mejor, con un niño protagonista perfectamente descrito. Continúa Bayona buceando en las relaciones materno-filiales, esta vez con un drama bastante más tópico (niño que ha de lidiar con la enfermedad de su madre con cáncer), pero tratado de una manera más original. Los cambios de tono funcionan (muy bien las historias animadas con un estilo de acuarelas), y dan variedad al conjunto, que posee un ritmo que no decae. Eso sí, la historia sigue siendo pasto del llanto fácil, que busca desesperadamente (y consigue en su mayoría, a tenor de un sollozante repleto Kursaal). Epílogo innecesario.

Sieranevada

Sieranevada es la sorpresa del día. La película del rumano Puiu, a priori un ladrillo de tres horas, es un drama con largos planos secuencia inesperadamente juguetón. Puiu sitúa su cámara en la distancia y sigue a sus protagonistas con la mirada cual presencia etérea. El hipnotismo es total, a pesar de que lo que vemos en pantalla no es demasiado relevante. Hay cierta ironía en el humor que despliega el director rumano, lo que le sienta de perlas a una película densa en la que lo que destaca es sobre todo su lenguaje narrativo, apabullante, y su precisa puesta en escena.

Yo Daniel Blake

En cambio, aún me sigo preguntando cómo pudo ganar nada menos que una Palma de Oro una película tan poco especial, tan convencional como Yo, Daniel Blake. El caso es que la de Ken Loach es una película agradecida, bien fácil de seguir, pero apenas ofrece alicientes, y desde luego, ninguno que no hayamos visto con anterioridad cien veces. Típico drama social británico con toques del humor habitual. El personaje principal está bien montado, pero el interés de la película se queda en él y en su repetitiva aventura por conseguir las ayudas por discapacidad. Todo es exasperantemente obvio, y no se crean subtramas de auténtico interés.

FrantzFrantz es la nueva película del director francés François Ozon. Se trata de un remake parcial del clásico de Lubitsch Remordimiento (The Broken Lullaby, 1932). La novedad radica en que emplea la cinta del americano como punto de partida, y a mitad de película se desmarca, explorando nuevos rumbos en la trama, jugando al “y si…”. Hay además un constante diálogo entre una cinta y otra, pero mientras que Remordimiento subrayaba el mensaje antibelicista, Frantz, con un tono más serio y solemne, hace mayor hincapié en las relaciones entre sus personajes (que son las relaciones entre Francia y Alemania). Efectivamente, el resultado es muy europeo. Se juega con la fotografía, empleándola para expresar estados de ánimo mediante el contraste del color y el blanco y negro. El naturalismo de los actores ayuda a dar frescor a una película que, desgraciadamente, no alcanza las cotas de emoción que sí conseguía la cinta de Lubitsch. Y, dicho sea de paso, tampoco cuenta con uno de los mejores finales de la historia del cine, como lo era aquel. No es, en definitiva, demasiado memorable, pero merece la pena aun así.

El invierno

Finalizamos la jornada con El invierno, un drama rural argentino del debutante Emiliano Torres. Un anciano capataz de un rancho se ve desplazado con la llegada de un joven, que le acabará sustituyendo. No ofrece apenas alicientes que me interesen. La indagación en la psique de los personajes, hombres de adusta mirada, está demasiado desdibujada, y los esbozos se quedan en agua de borrajas. Hay cierta pretensión poética que no termina de encajar, o acaso no termina de tomar la altura necesaria. Ya hemos visto esto antes, y mejor (Rams, 2015).