24/9/20

La boda de Rosa – Sí, me quiero


Dir.: Icíar Bollaín
Int.: Candela Peña, Sergi López, Nathalie Poza, Paula Usero, Ramón Barea, Xavo Giménez, María Maroto
¿De qué va?: A las puertas de los 45, Rosa empieza a ver que nunca ha sido dueña de su vida y siempre ha puesto las necesidades del resto frente a las suyas. Con ello en mente, decide abandonar todo y escapar de su monótona vida.

Reseña: En el mundo hay dos tipos de personas: las que anteponen las necesidades de los demás a las suyas propias y las que no. No hay nada malo en ser de las primeras si se es feliz, pero cuando se alcanza el punto de olvidar qué es lo que quieres y de satisfacer tus propias necesidades entonces existe un problema. Es lo que le ocurre a la protagonista de la nueva película de Icíar Bollaín, La boda de Rosa. En los primeros minutos de la película vemos cómo es una mujer que se pasa el día apagando fuegos en el trabajo y solucionando la vida de sus amigos, de sus hermanos y de su padre hasta que ya no puede más. De repente, tiene una revelación que le hace cumplir su fantasía de huir de todo y de todos para volver a sus orígenes, a intentar conseguir lo que siempre había soñado lograr, y para ello decide llevar a cabo un acto simbólico que ejerza de pistoletazo de salida.

Ese acto simbólico no es otra cosa que una boda consigo misma teniendo a su círculo más cercano como testigo. Sin embargo, su “huida” inesperada y lo bizarro del asunto da pie a una serie de enredos que hará que su familia cambie la percepción que tienen tanto sobre Rosa como sobre ellos mismos. Con una Benicasim bañada por una cálida luz dorada como escenario, Bollaín narra esta historia de empoderamiento en la madurez tratando con cariño tanto a su heroína como a aquellos que le han amargado la existencia con su egoísmo. Ninguno es mala persona, sino que simplemente estaban demasiado ocupados mirándose el obligo y mitigando sus problemas a base de alcohol, comida, ocupaciones varias o autoengaños como para percatarse de que “la roca” en la que siempre se habían apoyado también necesitaba ayuda.  Pese a que el relato tenga un desarrollo y una conclusión un tanto previsibles, el visionado resulta muy agradable gracias a su buen humor y a un elenco en muy buena forma y sintonía.


Candela Peña está estupenda en un registro dulce en el que no la solemos encontrar. Sergi López y Ramón Barea son entrañables, mientras que Paula Usero desprende una gran sensibilidad, y Natalie Poza se alza como la robaescenas del elenco por su divertidísima encarnación de la hermana de la protagonista. En definitiva, La boda de Rosa es una comedia amable que entra muy fácil y cuyo principal valor radica en su necesario mensaje, sobre la importancia de ser fiel a uno mismo para no perder de vista los propósitos vitales propios. Un mensaje universal, pero dirigido principalmente a las madres, que suelen ser aquellas personas que tienden más a sacrificar su felicidad personal por la de los demás.

7/10

22/9/20

Giant Little Ones – Conocerse sin prisas


Dir.:
Keith Behrman
Int.: Josh Wiggins, Darren Mann, Taylor Hickson, Maria Bello, Kyle MacLachlan, Olivia Scriven, Niamh Wilson, Hailey Kittle
¿De qué va?: Dos adolescentes, mejores amigos desde la infancia, ven cómo su relación y la que tienen con sus familias y amigos da un vuelco tras un inesperado incidente durante la noche del diecisieteavo cumpleaños de uno de ellos.

Reseña: Recuerdo con mucho cariño las películas y series de televisión con las que crecí entre los años 90 y los 2000, pero también me gusta mucha de la ficción juvenil que se hace hoy en día, más abierta a representar la diversidad que en aquel entonces, cuando aún se estaban dando los primeros pasos. Aún así, resulta complicado encontrar producciones que se esfuercen por transmitir un mensaje positivo y de inclusión sin que caigan en el paternalismo, el didactismo forzado o el buenismo, y es algo completamente comprensible, porque hay temas que son complicados de manejar con el tono correcto y de forma honesta y respetuosa. No obstante, he aquí Giant Little Ones, un largometraje que sale plenamente airoso de meterse en el fango de la sexualidad adolescente, yendo más lejos que la mayoría de las películas de temática LGBTIQ+.

Keith Behrman dirige y escrine esta historia que se centra en Kyle, un chaval que, en la noche en la que cumple 17 años, tiene un incidente de erótico resultado con su mejor amigo. Lo que tendría que haberse quedado en la intimidad de dos colegas pronto pasa a estar en la boca de todos sus compañeros de instituto e incluso de sus familiares, por lo que Kyle se ve forzado a tomar una postura sobre lo sucedido cuando en realidad no hacía falta. Además de abordar el descubrimiento de la orientación sexual, el film también abarca las secuelas que deja el abuso y la identidad de género, y todo lo hace de manera ejemplar. No hay ni grandes discursos ni lecciones, tan solo sencillez y naturalidad al evidenciar, tanto que con 17 años no tienes por qué saber aún quién eres ni lo que quieres, como lo importante que es curiosear y experimentar para disfrutar de una sexualidad sana, así como que un trauma se puede superar con ayuda y afecto, sin dramatizar con lo larga que puede ser la recuperación.


El elenco de la película se nutre de jóvenes talentos, hasta ahora poco conocidos pero muy correctos todos y cada uno de ellos.
Maria Bello y Kyle MacLachlan dan vida a los padres divorciados de Kyle, y aunque su presencia es motivo de alegría, se echa en falta que la película dedique algunos minutos a la particular dinámica familiar que tienen sus personajes. Al hablar de Giant Little Ones se suele nombrar mucho a Euphoria, y aunque ambas compartan ese interés genuino por capturar el desasosiego adolescente, la serie de HBO es una propuesta mucho más radical y extrema (e igualmente recomendable). En cambio, la película de Behrman es la mesura y la calma, algo así como un cálido abrazo que transmite la sensación de que todo va a ir bien, y ese es un mensaje muy necesario para todos aquellos adolescentes preocupados por no saber dónde encajar ni qué etiqueta les representa más. Como bien decía Greta Gerwig en Mistress America (2015), “No existe el adulterio cuando tienes 18. Deberíais estaros tocando los unos a los otros todo el tiempo”.

7’5/10

21/9/20

O.C: Platoon (1986)

¿De qué va?:
En 1968, Chris Taylor abandona sus estudios universitarios para alistarse como voluntario en la Guerra de Vietnam, donde recae en un pelotón que combate en la frontera con Camboya. El contacto con la realidad de la guerra y el conflicto moral que se produce entre los dos sargentos al mando de su unidad suponen para el joven e ingenuo Taylor un choque emocional.

Reputación: Tras participar en la guerra de Vietnam, Oliver Stone regresó a Estados Unidos y empezó a escribir el guion de Platoon para contrastar la visión heroica de este conflicto mostrada en Las boinas verdes (John Huston, 1968). Algunas de las escenas están inspiradas en experiencias del propio Stone, como aquella en la que el protagonista, Chris (Charlie Sheen), salva a una joven vietnamita de ser violada. La película se rodó en Filipinas en tan solo 54 días, pero todos los actores tuvieron que pasar por un entrenamiento militar previo de trece días para que pudieran hacerse una idea de las condiciones de los soldados en la jungla . 

El papel de Chris tuvo muchos candidatos, entre ellos Kyle MacLachlan, Keanu Reeves y Johnny Depp. Este último fue descartado por ser demasiado joven y poco conocido, pero se le concedió un pequeño rol en la película bajo el convencimiento de Stone de que algún día sería una gran estrella. En un primer momento, Charlie Sheen declinó el rol de Chris porque también se veía muy joven, y fue a parar a su hermano mayor, Emilio Estevez. Sin embargo, el proyecto se retrasó dos años por problemas financieros y para entonces Estevez ya no estaba disponible por su compromiso con otros proyectos, así que fue Sheen volvió a la  terna para quedárselo. Platoon tuvo una gran acogida entre el público y la crítica, siendo nominada a ocho Oscar de los cuales ganó la mitad (mejor película, director, montaje y sonido), dando el espaldarazo definitivo a la carrera de Oliver Stone.

Comentario: De entre todas las magníficas películas sobre la Guerra de Vietnam que se estrenaron entre la década de los 70 y los 80, Platoon destaca por ser la que va más a tiro hecho con la premisa que todas comparten: esta guerra es un sinsentido. La condición de soldado veterano de Stone aporta verosimilitud a algo que los no-americanos ya sabíamos, y es que su participación en las guerras está contagiada de una megalomanía que poco tiene que ver con la heroicidad y el buenismo del que hacen gala. Puede que Platoon no sea tan buena como Apocalypse Now (1979) pero funciona perfectamente como demostración de que las guerras son sucias, caóticas, inmorales, que sacan lo peor del ser humano y carentes del carácter lúdico que le ha atribuido el cine. Grande Willem Dafoe, maravillosa banda sonora de Georges Delerue que se desmarca de las partituras épicas del género bélico y perfecta reflexión final en off.

Próximo visionado: Los amos de la noche (1979)

19/9/20

El diablo a todas horas – Que nos pille confesados


Dir.:
Antonio Campos
Int.: Tom Holland, Robert Pattinson, Bill Skarsgård, Riley Keough, Jason Clarke, Sebastian Stan, Haley Bennett, Eliza Scanlen, Mia Wasikowska, Harry Melling
¿De qué va?: En Knockemstiff, Ohio, y en los bosques colindantes, convergen personajes siniestros en torno al joven Arvin Russell, que lucha contra fuerzas demoníacas que le amenazan a él y a su familia.

Reseña: Tras dirigir varios episodios de The Sinner, rodar películas como Christine (2016) y Simon Killer (2012) y producir títulos como Martha Marcy May Marlene (2011), podemos llegar fácilmente a la conclusión de que a Antonio Campos le interesa, y mucho, lo que motiva a las personas a cometer actos violentos y abominables. No es de extrañar entonces que le haya gustado tanto la novela El diablo a todas horas (The Devil All the Time) que haya decidido adaptarla para el cine, recurriendo además al autor del texto, Donald Ray Pollock, para que pusiese voz al narrador de esta historia, sobre la calamidad que se cierne y expande en torno a un pueblo de la América profunda a lo largo de varias décadas.

“Algunas personas solo nacieron para ser enterradas". El mal que contagia la vida de estos pobres desgraciados y que se contagia a sus descendientes como si de una enfermedad hereditaria se tratase nace de la necesidad de sentirse cercano a Dios, así como del miedo hacia él. La manera en la que cada “temeroso de Dios” intenta conectar con este resulta a cada cual más mezquina y abominable, desencadenando una serie de tragedias que sacude la vida del personaje central, Arvin Russell, quien, pese a ser el único ateo de esta parroquia, no consigue librarse de los pecados cometidos por su atormentado padre. La trama de El diablo a todas horas es densa, ambiciosa y un tanto enrevesada, pero Campos ha encontrado la manera de narrarla de forma clara y entretenida, aunque bastante dependiente de las explicaciones, en ocasiones redundantes, del narrador.

Sin embargo, aunque el metraje se extienda hasta las dos horas y veinte, hay tramas que se quedan un tanto cojas. Me refiero especialmente a la que protagonizan Jason Clarke y Riley Keough, pues parece que solo recurren a ella cuando necesitan que intervenga en las otras para que estas puedan progresar. Por ello, sus personajes quedan un tanto desdibujados, pese a la buen labor que realizan junto al resto del elenco. Aunque da la impresión de que se ha realizado el casting escogiendo únicamente a actores jóvenes de moda, lo cierto es que no hay ninguno que esté fuera de lugar, pues todos están estupendos, sobre todo Tom Holland y un Robert Pattinson con un acento tan extraño como efectivo. Atentos a Harry Meling, conocido por dar vida al primo odioso de Harry Potter, visto recientemente como villano de La vieja guardia y que va camino de convertirse en un secundario de lujo.


El diablo a todas horas
es una película oscura, deprimente y fatalista que entra muy bien gracias a su atractivo elenco y una atmósfera lúgubre y húmeda muy conseguida. Sin embargo, Campos pasa demasiado rápido por ciertos temas, haciendo que la película sea más pulcra de lo que el material demandaba. Dado que no es una película hecha para ganar premios y que no iba a pasar por cines, podía haber indagado más en los aspectos más sórdidos y obscenos de la historia sin miedo a ofender a nadie. Con todo, es una propuesta lo suficientemente sólida para “animar” un día lluvioso.

7/10

17/9/20

Las niñas – Desobediencia


Dir.: Pilar Palomero
Int.: Andrea Fandos, Natalia de Molina, Zoe Arnao, Julia Sierra, Francesca Piñón, Carlota Gurpegui
¿De qué va?: Celia, una niña de 11 años, estudia en un colegio de monjas de Zaragoza y vive con su madre. Brisa, una nueva compañera recién llegada de Barcelona, la empuja hacia una nueva etapa en su vida: la adolescencia.

Reseña: Yo no fui a EGB, pero formé parte de una de las primeras hornadas de la ESO. Se suele recordar esa época con más cariño del que merece, amparándose en lo guay que era la vida analógica, las chuches, los tazos, los dibus de la época… pero parece que ya nadie se acuerda de la represión remanente del franquismo, el catolicismo imperante, las clases plomizas, los uniformes o de un acoso escolar que ya existía antes de las redes sociales. Las niñas, ópera prima de Pilar Palomero, podría haber caído fácilmente en la trampa de la nostalgia, en ser el acompañante perfecto del libro reconvertido en juego de mesa Yo fui a EGB, pero los detalles de la época se quedan en eso, detalles, primando las sensaciones propias de ese período vital en el que la niñez va dando paso a la adolescencia.

La primera parte de Las niñas es un ajustado retrato de la educación española de principios de los 90. Aunque la historia se ambiente en un colegio de monjas de Zaragoza, lo que vemos en pantalla se puede trasladar a cualquier otra institución educativa de España, pues la religión cristiana era capital aunque las clases no fueran impartidas por novicias. Ese puritanismo se extendía a una sociedad que aún estaba intentando definir su identidad tras concluir un largo período dictatorial. Y en medio de todo esto se encuentra Celia, una niña que empieza a cuestionarse el status quo por el que se rige su vida. De forma sencilla, clara y sin subrayados, Palomero plasma la rebelión que empieza a formarse en el interior de Celia, el momento en el que deja de aceptar que todo sea porque sí, en el que reconoce que su madre es una persona con imperfecciones, en el que empieza a sentir que su pueblo se le va a quedar pequeño… En definitiva, descubre que el mundo es mucho más grande y complejo de lo que le han enseñado.

Películas como Las niñas suelen implicar el descubrimiento de nuevos talentos de la interpretación, y esta no es una excepción. Andrea Fandos encarna a Celia con una verosimilitud y una naturalidad tremendas. Hay un gran trabajo de recreación histórica detrás del film, tanto en la ambientación como en el elenco juvenil, que parece directamente traído de la época, sin que tengan idea de lo que es un emoji ni de comunicarse vía WhatsApp. También es muy loable la labor de Natalia de Molina dando vida a la madre de Celia, un personaje cuyo valor reside en lo que calla, no en lo que dice. El último tramo de la historia se centra en la relación entre madre e hija, en cómo la primera quiere un futuro mejor para la segunda, sin percatarse de que la misma represión que sufrió cuando era joven está incidiendo en la educación y el crecimiento de su retoño.

Las niñas es uno de los debuts más fascinantes del cine español reciente. Una película que, quizás sea algo reiterativa en algunos de sus temas, pero que consigue todo lo que se propone. Es sencilla y modesta pero indaga con acierto en el espíritu de la sociedad española de principios de los 90. Todos aquellos que crecieron en aquella época se sorprenderán al principio reconociendo los pupitres, las canciones, las leyendas urbanas que intentaban reprimir la sexualidad, los remixes en casetes, los cuestionarios de la revista adolescente de turno… para luego reconocerse en Celia, en su creciente sensación de soledad, de enfado y, sobre todo, de empoderamiento, tal y como se refleja en una última escena que, al conectar directamente con la primera, conforma una metáfora perfecta del carácter de Las niñas en particular y de la adolescencia en general.

8/10

15/9/20

O.C: Las zapatillas rojas (1948)

¿De qué va?: Victoria Page es una bailarina principiante a la que se le brinda la oportunidad de bailar el papel principal de un nuevo ballet, Las zapatillas rojas, cuya música será realizada por Julian Craster, un joven compositor. Con el tiempo, Victoria tendrá que debatirse entre el hombre que ama y perseguir su sueño de triunfar en la danza.

Reputación: Ligeramente inspirada en el cuento homónimo de Hans Christian Andersen, el argumento de Las zapatillas rojas parece estar más basado en la figura del empresario de ballet ruso Sergei Diaghilev, quien solía despedir a los bailarines de su compañía que se enamoraban. Para rodar la secuencia de ballet que da título a la película y que ocupa 15 minutos del metraje se necesitaron 6 semanas, 53 bailarines y 120 pinturas realizadas por Hein Heckroth, pintor y director de arte primerizo. A los directores, Michael Powell y Emeric Pressburger, les costó un año convencer a Moira Shearer de protagonizar el film. Años después, la actriz debutante declaró que el rodaje había sido una experiencia agotadora y terrible, describiendo a Powell como alguien distante y poco dispuesto a darle indicaciones. 

Los fundadores del Techinicolor, Herbert T. Kalmus y Natalie Kalmus, consideraban que Las zapatillas rojas era el mejor ejemplo del Three-Strip Technicolor, proceso por el cual la cámara capturaba los colores por separado en tres tiras de película. Durante la filmación, sin embargo, Natalie solía quejarse de que el director de fotografía, Jack Cardiff, no seguía las normas de los rodajes en Technicolor, y pedía regrabar algunas escenas, pero Powell siempre apoyaba a Cardiff, por lo que concibieron la película tal y como querían. Las zapatillas rojas fue nominada a 5 Oscar, de los cuales ganó mejor música y mejor dirección artística en color. Esta es una de las películas favoritas de Martin Scorsese, que posee una larga colección de objetos de ella, incluyendo un par de zapatillas rojas firmadas por Moira Shearer, una copia del guion firmada por los directores y una serie de storyboards originales.


Comentario: Al ser considerada una de las principales influencias de Darren Aronofsky a la hora de rodar Cisne negro (2010), tenía pendiente el visionado de Las zapatillas rojas desde hace ya una década…. pero la verdad es que creía que me iba a gustar más. Me encanta el color, la fastuosa secuencia de baile y que haya implantado en el cine esa máxima de que se requiere sudor, sangre, lágrimas y un sacrificio enorme para alcanzar la excelencia en el ballet, pero al margen de eso, me parece una película muy fría. La historia de amor surge porque sí, no existe progresión en el enamoramiento, y el dilema imposible al que someten a la protagonista me parece inexistente; no veo por qué tiene que escoger entre su marido o la danza. Seguramente sea algo cultural de la época, pero la película no repara nunca en ello y en consecuencia, la tragedia no resuena como debiera. En definitiva, Las zapatillas rojas es un órdago visual, estético y musical, pero narrativamente se me queda coja.

Próximo visionado: Platoon (1986)

14/9/20

No creas que voy a gritar – La enfermedad de la cinefilia



Dir.: Frank Beauvais
¿De qué va?: En enero de 2016, la historia de amor que le hizo ir a una ciudad de Alsacia acabó hace seis meses. Se encuentra solo, sin coche, sin trabajo o cualquier perspectiva de vida futura. Francia, todavía recuperándose de los ataques terroristas de noviembre, se encuentra en un estado de emergencia. Sintiéndose indefenso y perdido, ve más de cuatro películas al día. Entonces, decide empezar a grabar ese estancamiento, no tomando en mano una cámara, sino editando planos de las películas que ve.

Reseña: Cuando estoy triste suelo ver películas dramáticas. De adolescente solía recurrir a Réquiem por un sueño (2000). Solía decir que era porque ver a gente que tenía más razones para estar "depre" que yo me hacía sentir mejor. Ahora siento que las utilizo como catarsis, una forma efectiva de “descongestionarme” emocionalmente, y aún así… ¿y si en vez de ayudarme lo que hacen es hundirme más en la miseria? Esta pregunta ronda sobre el documental No creas que voy a gritar (Ne croyez surtout pas que je hurle), una especie de diario oral ilustrado con imágenes de cientos de películas en el que su autor, Frank Beauvais, cuenta cómo tras una ruptura sentimental acabó aislado del mundo y confinado en su casa viendo películas durante todo el día.


Esto no va sobre el reciente confinamiento por el que todos hemos pasado, pero aquellos que lo aprovechamos para zampar películas y series como jamás habíamos podido hacer en la vida adulta nos sentiremos muy identificados con la experiencia de Beauvais. El cine pasa de ser una vía de escape y una forma de aprendizaje y de aproximación a otras culturas a convertirse en una profunda madriguera que le conduce a una espiral de letargo físico y emocional. Difícilmente pueden identificarse a qué títulos pertenecen las numerosas imágenes que ilustran el film, pues están completamente descontextualizadas; la mayoría son breves planos detalle que complementan los pensamientos y la narración del propio Beauvais, cuyo tono de voz quizás sea demasiado monocorde, pero no especialmente molesto.


En 75 minutos, Frank Beauvais cuenta un relato personalísimo sobre un estado depresivo en el que las películas ejercen tanto de tabla de salvación como de guillotina. Su cinefilia y melancolía son canalizadas de forma tremendamente original y clarividente en No creas que voy a gritar, un testimonio vital y fílmico sobre el desamor, la soledad, la tristeza, la apatía, la enajenación y el amor al Séptimo Arte con el que nos veremos íntimamente identificados todos los lunáticos cuya visión de la vida y del mundo se construye y enmienda a través de las películas.

8/10