29/3/20

Matthias & Maxime – El beso detonante



Dir.: Xavier Dolan
Int.: Xavier Dolan, Gabriel D’Almeida Freitas, Anne Dorval, Pier-Luc Funk, Harris Dickinson, Antoine Pilon, Marilyn Castonguay, Micheline Bernard
¿De qué va?:  Matt y Max, son dos amigos que se conocen desde que eran críos. Un día ayudan a la hermana de uno de sus amigos en un corto en el que tienen que besarse. Tras ese día, su relación cambia por completo y ambos empiezan a ver el mundo en el que viven de manera distinta.

Reseña: Tras el relativo éxito cosechado por su primera película protagonizada por estrellas del cine galo, Sólo el fin del mundo (2016), Xavier Dolan se vio preparado para rodar su primer film en inglés con un reparto de estrellas de Hollywood de ensueño. Sin embargo, la empresa le salió rana. Una complicada labor de edición provocó que el estreno se pospusiese varias veces y que se quedasen por el camino todas las escenas del personaje interpretado por Jessica Chastain. Finalmente, The Death & Life of John F. Donovan (2018) se estrenó en el Festival de Toronto, recibiendo las peores críticas de la carrera de Dolan, y ni siquiera ha llegado a estrenarse en España y en otros países. Con estos antecedentes, Matthias & Maxime se percibe como un “back to basics” del joven director: historia sencilla, elenco canadiense y él mismo asumiendo uno de los roles principales como ya hiciera en tres de sus primeros trabajos.


Durante un fin de semana de escapada con los colegas, dos amigos desde la más tierna infancia, Matthias y Maxime, se besan delante de una cámara para un proyecto audiovisual de la hermana de uno de ellos. Cada uno asimila lo sucedido en los días venideros de forma muy diferente: mientras Max parece tener la cabeza totalmente puesta en su inminente viaje a Australia y en resolver el conflicto que mantiene con su inestable madre, Matt intenta ganar puntos en un trabajo de oficina que le chupa la sangre y se muestra más atribulado por lo sucedido con su amigo. Dolan peca un poco de dispersión durante el nudo de la historia, hasta el punto en el que surge la duda de si se está alejando demasiado de su premisa, pero se anima a través de la inclusión del arquetipo que mejor sabe escribir: las madres, tanto las conflictivas y extremas (Anne Dorval, su actriz fetiche) como las intuitivas y cariñosas con un pelín de excentricidad (Micheline Bernard).


Pese a tener más minutos en pantalla, el grupo de amigos de Matt y Max no resulta tan interesante ni está tan bien dibujado como las madres de las protagonistas. Nada que objetar sobre estos últimos, pues están tan bien definidos como interpretados. Xavier Dolan demuestra una vez más que es un actor bastante competente, y el debutante en largo Gabriel D’Almeida Freitas también realiza un trabajo más que correcto. Los dos tienen química, lo que viene muy bien cuando la película los junta poco antes del desenlace para dinamitar toda la tensión que se ha construido poco a poco a lo largo del metraje. Es en ese último tercio cuando Dolan saca toda la artillería emocional a través de ese tipo de imágenes y secuencias en los que aúna la técnica con la belleza estética, y por los que se ha convertido en un director tan admirado como detestado.


Así, Xavier Dolan se resarce con Matthias & Maxime tras su tropiezo americano. No será de sus trabajos más memorables pero es un regreso a sus orígenes carente de la vanidad y la presuntuosidad que ya estaba en su ópera primera, Yo maté a mi madre (2009). Quizás la madurez y el fracaso le ha valido para ganar modestia y equilibrar la estética y la narración, logrando más que nunca que lo primero esté supeditado a lo segundo y no al revés. También es su historia más serena, con menos gritos de lo acostumbrado (aunque haberlos los hay), así que habrá que ver si esto es el comienzo de una etapa más moderada en la carrera cinematográfica del enfant terrible canadiense.

7/10

26/3/20

O.C: El imperio de los sentidos (1976)

¿De qué va?: Tokio, 1936. Sada Abe es una ex prostituta que ahora trabaja como servidumbre de un hotel. Allí conoce al propietario del hotel, Kichizo Ishida, con el que comienza un romance apasionado que evoluciona a una fuerte obsesión sexual por la que los dos serían capaces de renunciar a todo, incluso a la vida misma.

Reputación: Basada en un hecho ocurrido en Japón en la década de 1930, el explícito contenido sexual de El imperio de los sentidos (Ai no korîda) impidió que su producción finalizara en Japón debido a sus estrictas leyes de censura. Su director, Nagisa Ôshima, decidió registrar la película como francesa y pudo terminar su edición en el país galo. En su estreno en Japón, las escenas sexuales fueron censuradas y a día de hoy sigue sin editarse la versión íntegra en el país del sol naciente. Tras su premier alemana en la Berlinale, la película fue confiscada por las autoridades por presunta pornografía. Sin embargo, 18 meses después, un tribunal federal permitió su exhibición en cines sin cortes.  La demanda para ver el film en el festival de Cannes fue tan alta, que se organizaron 13 pases, algo que no ha conseguido ninguna otra película en la historia del festival. Ôshima fue acusado en Japón por obscenidad por publicar el guion de la cinta, pero fue absuelto tras un juicio que se prolongó durante 4 años. Los actores protagonistas también sufrieron represalias: Eiko Matsuda acabó mudándose a Francia tras sufrir un trato hostil por parte del público japonés, mientras que Tatsuya Fuji consiguió reanudar su carrera tras un período de dos años sin recibir oferta alguna.


Comentario: En el videoclub donde trabajé durante varios años no había sección de cine X, así que la gente que se quería llevar a casa algo “calentito” acababa decantándose por 9 Songs (2004) o El imperio de los sentidos. Ahora que por fin he visto la película japonesa entiendo por qué tenía tanto éxito... pero solo hasta cierto punto. Si bien es cierto que la película muestra sexo explícito de forma insólita para el cine no X, me cuesta creer que alguien pueda sentir excitación tras los primeros 30 minutos, cuando la relación de los protagonistas se torna más turbia y obsesiva, desembocando en ese torbellino donde el sexo y la muerte se entremezclan hasta alcanzar un clímax conjunto. No me ha escandalizado porque a estas alturas pocas cosas lo consiguen, pero tampoco me ha gustado especialmente porque es cutre en el apartado técnico, innecesariamente desagradable en algunos momentos, como cuando él abusa de las criadas mayores que pasan por ahí, y monótona a lo largo del nudo de la historia. Pero ahí sigue, 44 años después, como un clásico del cine erótico.

Próximo visionado: El hombre invisible (1933)

25/3/20

La dama y el vagabundo – Bella Notte renderizada



Dir.: Charlie Bean
Int.: Tessa Thompson, Justin Theroux, Kiersey Clemmons, Thomas Mann, Sam Elliot, Ahsley Jenson, Janelle Monáe, Benedict Wong, Yvette Nicole Brown, Adrian Martinez
¿De qué va?: Reina es una perrita cuya vida ha estado llena de cuidados y mimos por parte de sus dueños, una pareja de clase alta que solo tenía ojos para ella. Todo cambia con la llegada del hijo de ambos, que provoca que Reina pase a un segundo plano. Dolida, Reina comienza a juntarse con Golfo, un perro vagabundo que solo conoce el mundo de la calle. A pesar de venir de entornos tan diferentes, sin embargo, ambos comienzan a tener una fuerte conexión.

Reseña: Por fin aterrizó en España Disney+, la plataforma de streaming que concentra un gran contenido de Disney, Pixar, Star Wars y Marvel, con la serie The Mandalorian como el plato estrella. De momento no hay mucho más contenido original, aunque sí que está el live action de La dama y el vagabundo (1955), rodada expresamente para engrosar el catálogo de la plataforma cuando esta se lanzó en Estados Unidos el pasado mes de noviembre. La dama y el vagabundo es un clásico Disney muy popular pero quizás no uno de los más recordados, y tal vez esa haya sido la razón por la que se han ahorrado un paso por los cines que probablemente no hubiese tenido tan buen rendimiento económico como el resto de remakes en acción real de la casa. Esa falta de confianza en el producto se percibe desde la elección del director, Charlie Bean, cuyo currículum en cine se reduce a La LEGO Ninjago película (2017), film que sepultó la franquicia cinematográfica de los LEGO.


La dama y el vagabundo sigue el modelo de sus predecesoras, alternando recreaciones CGI de los momentos más míticos del original (en este caso, el beso espagueti) y añadiendo trama para que una historia que duraba unos ajustados 75 minutos pase a durar 102. Lo  más imperdonable del remake es que hayan cambiado la escena y la canción de los sibilinos gatos siameses por otros hiperactivos sin una pizca de la personalidad que tenían aquellos, algo que también se extiende al conjunto del film: todo es tan inocuo que se ve con agrado, sin provocar vergüenza ajena pero tampoco ninguna emoción genuina más allá de ternura y risas esporádicas. Pero tiene cierto encanto kitsch, pues que los perretes hablen nos retrotrae a clásicos del cine familiar tan infravalorados como Un chihuahua en Beverly (2008) o Como perros y gatos (2001), y resulta más fácil empatizar con estos que con los animales de la sabana de El rey león (2019).


Podría decirse que este remake de La dama y el vagabundo es un tanto mediocre, pero tampoco dista demasiado de los remedos Disney que sí llegan a las salas. Al menos contiene una siempre necesaria crítica hacia el abandono animal y cuenta en su versión original con un elenco de voces de primera encabezado por Tessa Thompson, Justin Theroux y Sam Elliott, además de Janelle Monáe, que impregna de su personalísimo estilo a la canción de He’s a Tramp. Sin embargo, este número musical evidencia el gran mal de estas películas, y es que, por mucho CGI y realismo que le metan, son incapaces de transmitir toda la emoción, la expresividad y la gracia de su referente bidimensional. Pero como estamos empeñados en consumir nostalgia con un filtro realista, seguiremos reviviendo los clásicos de nuestra infancia de esta manera tan atractiva como generalmente insustancial.

5’5/10

23/3/20

Frankie – Paseos por Sintra



Dir.: Ira Sachs
Int.: Isabelle Huppert, Marisa Tomei, Brendan Gleeson, Greg Kinnear, Jérémie Renier, Pascal Greggory, Vinette Robinson, Sennia Nanua, Ariyon Bakare
¿De qué va?: Tres generaciones lidian con una experiencia que cambiará sus vidas durante un día de vacaciones en Sintra, Portugal, una ciudad histórica conocida por sus jardines, villas y palacios de ensueño.

Reseña: Si se planea un viaje a Lisboa, pasar un día en Sintra es obligatorio. En un viaje en tren de 50 minutos pasas de la belleza decadente de la capital portuguesa a una pequeña villa en las montañas con un majestuoso circuito de jardines, palacios y murallas. Sin embargo, como pasa con todo lugar de alto valor turístico, la experiencia puede resultar un tanto agotadora dada la cantidad de gente que se concentra allí, sobre todo en verano, y a las atenciones recibidas; nada más salir de la estación de tren, sientes el acoso de los conductores de tuk tuk que ofrecen sus servicios para que evites el autobús y caminar por las empinadas cuestas. Con todo, Sintra tiene un encanto peculiar, bucólico y arraigadamente portugués del que se impregna Frankie, el último trabajo del director Ira Sachs.


Isabelle Huppert, quien hace tres años asistió como homenajeada a un festival de cine que se celebra entre Sintra y Lisboa, encarna en la película a su álter ego, la Frankie del título, una célebre actriz que reúne a su familia para unas vacaciones en Sintra con motivo de una devastadora noticia que acaba de recibir. Hasta que llegue la hora de la tarde en los que los ha citado a todos, cada uno va explorando la ciudad por su cuenta, coincidiendo y separándose cada dos por tres. La película es así de sencilla: encuentros, desencuentros, paseos y conversaciones a través de los cuales se revalúan los vínculos que los unen, y el amor es mostrado desde su concepción más pura hasta cuando ya no da más de sí. Frankie entraría en esa categoría de “films en los que no pasa nada”, y lo cierto es que su levedad, la escasa trascendencia de la historia y lo poco que tiene que añadir a los temas que aborda complican el poder sacarla de ahí.


No obstante, la película de Sachs tiene dos grandes puntos a su favor: uno es la ubicación, pues Sintra es un escenario muy vistoso que apenas ha sido visto en el cine, y el director lo filma sin excederse en el afán de promoción turística. Las largas carreteras, los senderos, los recovecos de sus callejones, su arquitectura, los bosques… todo está plasmado de forma natural, sin vanidad alguna. El otro punto fuerte de Frankie no es Huppert por increíble que parezca, sino Marisa Tomei. Huppert, al fin y al cabo, interpreta un papel muy similar pero menos memorable a lo que ha hecho hasta ahora. En cambio, Tomei, que encarna a una amiga maquilladora de la protagonista, aparece en Sintra un tanto desubicada, con un novio cineasta con el que no termina de encajar (Greg Kinnear), y está tremendamente encantadora, visceral y sí, muy humana, por muy ridículo que suene. Ella se recorre Sintra de una punta a otra con su vestido de flores y calzada con sus Vans y son sus escenas las que prevalecen en esta pequeña y curiosa película que se contagia de la característica melancolía portuguesa.

6’5/10

21/3/20

O.C: Harakiri (1962)

¿De qué va?: En 1630, miles de samuráis han quedado sin amos en Japón y tienen que vivir en lahara-kiri, un ritual de suicidio honorable. Es recibido por Umenosube Kawabe, que le cuenta la historia de otro samurái que llegó hace un tiempo a la casa pidiendo lo mismo solo para obtener unas monedas que le permitieran seguir con vida pobreza absoluta. El ronin Hanshiro Tsugumo llega a la casa de Lord Lyi pidiendo un lugar para poder cometer

Reputación: Adaptación cinematográfica de la novela Ibun rônin-ki de Yasuhiko Takiguchi dirigida por Tatsuya Nakadai. Nakadai lo pasó bastante mal durante el rodaje de todas las escenas de combate, pues se utilizaron katanas de verdad, una práctica que hoy en día está prohibida en Japón. Su preocupación no fue aliviada ni cuando se contrataron espadachines profesionales para filmar las coreografías de acción. El titulo original del film es Seppuku, mientras que para el mercado internacional se cambió por Harakiri; ambos significan cometer un ritual de suicidio en japonés. Sin embargo, seppuku es el término formal, derivado de los caracteres kanji para “hara” (barrriga) y “kiri” (cortar); harakiri es una forma más cruda y menos amable de referirse a este acto. Los actores Tatsuya Nakadai y Rentarô Mikuni no se ponían de acuerdo a la hora de decidirse por un volumen consensuado de sus diálogos: mientras que Nakadai utilizaba un tono un muy alto, Mikuni hablaba muy bajito, lo cual resultaba muy raro. El director detuvo el rodaje y avisó de que no lo pensaba reanudar hasta que se pusieran de acuerdo. Tres días después pudieron continuar. La película ganó el Premio del Jurado del Festival de Cannes de 1963, certamen donde también se estrenó en 2011 un remake en 3D dirigido por Takashi Miike que recibió buenas críticas.


Comentario: Sorprende lo poco conocida que es Harakiri cuando casi siempre figura en los listados tanto de las mejores películas japonesas como de la cinematografía mundial. Harakiri podría definirse como película de samuráis crepuscular, pues muestra la situación de extrema pobreza y desesperación en la que se vieron sumidos estos guerreros cuando se quedaron sin amo al que servir durante el período de paz que se produjo en Japón en el siglo XVII. Debo admitir que la película se me hizo un poco cuesta arriba en su primera hora y pico, porque se toma su tiempo para exponer el contexto y la historia a través de flashbacks y largas conversaciones, pero lo mejor llega a partir de una gran revelación que da significado completo al film. Dos secuencias memorables se producen a continuación: un duelo en el campo de imágenes bellísimas, en el que el sonido del viento se funde con el de las katanas, y un “uno contra todos” demoledor del que Quentin Tarantino sacó muchas ideas para la batalla de La Novia contra los 88 Maníacos en Kill Bill Vol. 1 (2003). Ya solo por estas dos secuencias, Harakiri merece estar en los altares.

Próximo visionado: El imperio de los sentidos (1976)

15/3/20

Onward – En busca de la gratitud perdida



Dir.: Dan Scanlon
¿De qué va?: Pese a estar poblado de elfos, hadas, trolls, pegasos y unicornios, el mundo ha perdido la magia por completo. Pero dos elfos adolescentes, Ian y Barley, están dispuestos a descubrir si hay alguna manera de recuperarla cuando descubren que existe la posibilidad de pasar un día con su difundo padre.

Reseña: Cuando la excelencia es la costumbre, todos los ojos se concentran en presenciar el tropiezo. Que Meryl Streep haga una mala interpretación sería más sonado que si volviese a ser nominada al Oscar. Lo mismo pasa con Pixar: el estudio de animación de Disney ha hecho películas tan buenas y redondas, que parece que todos estamos pendientes de endosarle a alguna el calificativo de “la peor de Pixar”. Hace unos años se intentó inmerecidamente con El viaje de Arlo (2015) y ahora vuelve a ocurrir lo mismo con Onward, que si bien tampoco puede ser considerada como de lo mejor de la casa, no es tan prescindible ni mucho menos como algunos nos han hecho creer.


Siguiendo con la premisa/meme de que todas las obras de Pixar se basan en “¿qué pasaría si los juguetes/coches/bichos/robots etcétera tuvieran sentimientos?”, Onward se ambienta en un mundo en el que seres fantásticos y mitológicos tienen sentimientos, sí, pero también han abandonado la magia por las comodidades que les otorga la tecnología moderna. Puede sonar tan rancio como aquellos baby boomers que se quejan desde sus iPhones de que los niños ya no salen a la calle a jugar a la pelota, pero afortunadamente la película no incide demasiado en ello, pero sí que aborda otros males de la sociedad capitalista como la domesticación a la que nos somete. No obstante, todo esto es tan solo el trasfondo de la historia de dos hermanos muy diferentes entre sí que se embarcan en una aventura con la esperanza conjunta de reencontrarse con su difunto padre, aunque solo sea por unas horas.


Con una estructura muy influenciada por las road movies de la década de los 80 y de los 90, Onward muestra el viaje de descubrimiento que realizan los hermanos Ian y Barley, tanto sobre sí mismos como sobre el otro. Los dos adquieren confianza en el camino, uno por salir del cascarón antisocial en el que se había recluido y el otro por descubrir que sus conocimientos mitológicos aprendidos durante todas las horas que pasaba enfrascado en juegos de rol le han servido para algo. Por otra parte, el viaje les ayuda a entender, sobre todo a Ian, la verdadera naturaleza de su relación fraternal y lo crucial que ha sido para su crecimiento, aunque nunca se hayan percatado de ello. La película cuenta con una carga emocional muy potente que se va haciendo más y más grande conforme se acerca el desenlace, explotando finalmente de una manera controlada, sencilla y conmovedora. Pixar demuestra una vez más lo bien que se le da gestionar las emociones humanas.


Onward no es tan ingeniosa e hilarante en el apartado humorístico como la gran mayoría de las producciones de Pixar, y la animación está muy bien, pero no alcanza nuevas cotas de ambición para el estudio. Son los principales inconvenientes de una película que reúne más que suficientes virtudes como para considerarla otro trabajo notable de Pixar, y que merecerá una segunda oportunidad cuando toda esta experiencia insólita e histórica que nos ha tocado vivir termine. Porque al final se puede sacar la misma conclusión de una y otra, y es que no valoramos suficiente el esfuerzo de aquellas personas que siempre han estado y estarán ahí velando por nosotros.

7/10

12/3/20

El hombre invisible – Un monstruo tristemente real



Dir.: Leigh Whannell
Int.: Elisabeth Moss, Oliver Jackson-Cohen, Harriet Dyer, Aldis Hodge, Storm Reid, Michael Dorman
¿De qué va?:  Cecilia es una mujer atrapada en una tóxica relación con Adrian Griffin, un rico y brillante científico, que también resulta ser un sociópata manipulador. Cuando este se quita la vida y empiezan a producirse una serie de sucesos inquietantes, la cordura de Cecilia comenzará a desmoronarse.

Reseña: El fracaso comercial de La momia (2017) dio al traste con los planes de Universal de conformar su propio universo cinematográfico compuesto por los monstruos míticos de la casa. Finalmente, el estudio decidió dar una nueva oportunidad a sus personajes a través de Blumhouse, la exitosa compañía especializada en cine de terror con un coste medio de 5 millones de dólares por proyecto. Así es como la nueva versión de El hombre invisible pasó de ser un proyecto a mayor gloria de Johnny Depp a ser una producción modesta con trasfondo social y una mujer como protagonista.


Si en el clásico de 1933, Griffin era un científico que inventa el suero invisible para conseguir la admiración de la mujer a la que corteja, en la nueva versión utiliza el poder de la invisibilidad para torturar a su ex, que ha decidido huir de él y acabar con su abusiva relación. La película expone el modus operandi de un agresor machista a través de las acciones de esa presencia invisible que acosa a Cecilia, mientras la salud mental de esta es puesta en duda por los que la rodean. La sospecha de que todo pueda ser producto de su imaginación habría estado mejor aprovechada si no resultase tan evidente, desde la misma campaña promocional, de que no es el caso. No obstante, su director, Leigh Whannell, hijo pródigo de la casa Blumhouse, saca partido de la puesta en escena y la posición de la cámara para generar paranoia al jugar constantemente con la posibilidad de que haya alguien más en escena al que somos incapaces de ver.


Quien sí se deja ver, y mucho, en el film es Elisabeth Moss. Cualquiera que haya visto su trabajo en las series Mad Men y/o El cuento de la criada no se llevará ninguna sorpresa ante la ostentación interpretativa que realiza la actriz en El hombre invisible. Pocos aguantan un primerísimo primer plano como lo hace ella, y teniendo en cuenta que nunca se muestra al antagonista, la película aprovecha para confiar todo el peso dramático en Moss, quien no deja pasar la oportunidad para lucirse, perpetuando el linaje de grandes personajes femeninos que nos ha brindado el cine fantástico y de terror en los últimos años en títulos como La bruja (2015), Hereditary (2018), Nosotros (2019) o Midsommar (2019).


El hombre invisible arranca muy bien, como un inquietante drama psicológico, alcanza su clímax hacia la mitad con un momento capaz de desencajar mandíbulas, y luego se torna un tanto más convencional, con sorprendentes revelaciones que no lo son tanto. Si bien resulta mas turbadora que terrorífica, la película supone una actualización inteligente y comprometida de la novela de H.G. Wells, así como un triunfo para Blumhouse, Elisabeth Moss y Liegh Whannell, cuyo anterior film, Upgrade (2018), merece más atención de la que tuvo, pues resultó ser tan “invisible” que ni llegó a pasar por los cines españoles.

7/10