26/9/17

Trajes y licores sin destilar

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Dir.: Matthew Vaughn
Int.: Taron Egerton, Colin Firth, Mark Strong, Julianne Moore, Pedro Pascal, Halle Berry, Channing Tatum, Jeff Bridges, Edward Holcroft, Hanna Alström, Michael Gambon, Sophie Cookson
¿De qué va?: Cuando el cuartel general de los Kingsman es destruido, Eggsy y Merlin descubrirán la existencia de una organización homóloga estadounidense conocida como Statesman. A pesar de sus diferencias, ambas agencias de espías tendrán que aprender a colaborar para hacer frente a Poppy, una megalómana villana que ha puesto en marcha un maquiavélico plan que atenta contra la vida de millones de personas en el mundo.

Reseña: El artículo que le dediqué en su momento a Kingsman: Servicio secreto fue básicamente apología de Matthew Vaughn y de su pericia a la hora de articular blockbusters a base de violencia, mala leche y cariño y atención por sus personajes. Pues algo habrá visto en los espías británicos que no vio ni en los mutantes ni en los superhéroes aficionados, pues a pesar de haber dejado en otras manos las continuaciones de X-Men: Primera generación y de Kick-Ass, Vaughn sí que se ha lanzado a rodar la primera continuación de su carrera, la cual, pese a basarse una vez más en los personajes de la novela gráfica de Mark Millar, cuenta una historia completamente original, ideada por él junto a su colaboradora habitual, la guionista Jane Goldman, y sustentada sobre la premisa de qué pasaría si los Kingsman, tan británicos ellos, tuviesen un equivalente yanqui y se viesen obligados a trabajar con ellos.

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Para que eso ocurra, Vaughn y Goldman hacen volar por los aires todo lo construido en la primera parte (tal vez de forma precipitada) y planta a los protagonistas en Estados Unidos, trayendo de vuelta a un personaje que dábamos por desaparecido. Tal resurrección no es lo que más chirría de un conjunto que, pese a seguir siendo muy entretenido, parece más preocupado en superar las cotas de locura alcanzadas por su predecesora que en desarrollar una historia con algo de lógica y coherencia en paralelo a una evolución interesante de los personajes. Las secuencias de acción continúan siendo espectaculares y estilizadas, pero no resultan tan sorprendentes, genuinas o arriesgadas como aquel tiroteo en la iglesia o aquellos fuegos artificiales explota-cabezas. Más grande no siempre quiere decir mejor, y este es un perfecto ejemplo de ello.

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Por otra parte, hay demasiados personajes y demasiadas estrellas en el reparto, y aunque la película alcance unas excesivas dos horas y veinte de duración, algunos de ellos tienen una presencia prácticamente testimonial, como es el caso de Jeff Bridges, Channing Tatum y Halle Berry, pobremente aprovechados bajo la promesa de una mayor y mejor participación en la hipotética tercera entrega. Al menos, Taron Egerton sigue cargando con gran peso de la película con carisma, elegancia y ‘flow’, aunque su arco argumental no sea tan interesante como en el anterior film; de igual forma, el arco del personaje de Colin Firth no termina de cuajar, y es resuelto antes de tiempo. Lo mejor, Julianne Moore como la peculiar Poppy, una psicópata fanática de los años 50 que resulta amenazante y sanguinaria sin borrar la sonrisa de su cara. Bueno, y también el muy sonado cameo de la película, mejor insertado en la acción que la mitad de los actores supuestamente principales.

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Para alguien como yo que considera a Matthew Vaughn como uno de los mejores directores del cine comercial contemporáneo, Kingsman: El círculo de oro supone una ligera decepción. Si bien Vaughn sigue dirigiendo con el estilo y la habilidad que le caracterizan, esta secuela se pasa de frenada sin tan siquiera igualar las cotas alcanzadas por su predecesora. Repite los esquemas que convirtieron Servicio secreto en un éxito, lectura crítica incluida (en este caso, la conveniencia de las tragedias como beneficio político) pero toda la locura orquestada no va hacia ninguna parte ni resulta especialmente memorable y, peor aún, no exprime las posibilidades del choque cultural entre espías británicos y norteamericanos. Quizás lo dejen para esa tercera entrega con la que comprobaremos si esto sólo ha sido un pequeño traspiés o si Vaughn, en el caso de que siga a bordo, ya está condenado a repetirse sin nada nuevo que ofrecer. Esperemos que sea lo primero.

6/10

21/9/17

O.C: Batman (1966)

Poster Batman¿De qué va?: El dúo dinámico formado por Batman y Robin debe salvar al mundo de la amenaza que supone la alianza forjada por cuatro de sus enemigos más peligrosos: el Joker, Catwoman, el Pingüino y Enigma. Juntos, han ideado un plan para apoderarse de un poderoso artefacto capaz de extraer la humedad de las personas hasta reducirlos a polvo.

Reputación: Primera adaptación a la gran pantalla del cómic de Bob Kane, rodada tras la finalización de la primera temporada de la serie y con el mismo equipo técnico y artístico. Se supone que, originalmente, el guion correspondía al episodio piloto de la serie, pero debido al alto coste que suponía, se descartó hasta que se decidió convertirlo en largometraje, impulsado por el éxito de la serie. La actriz que interpretaba a Catwoman en la televisión, Julie Newman, no pudo participar en el film porque ya se había comprometido con otro proyecto, así que se contrató a Lee Meriwether para que ocupara su lugar, si bien Newman siguió encarnando a Selina Kyle en la serie, mientras que Meriwether participó posteriormente en un par de episodios dando vida a una amiga de Bruce Wayne llamada Lisa Carson. Se consideró hacer una secuela que se estrenaría entre la segunda y tercera temporada y que introduciría al personaje de Barbara Gordon/Batgirl y la utilización del batplane, pero, dada la pérdida de audiencia en la segunda temporada, el presupuesto se recortó y por ende se desechó la idea. Al principio, Adam West fue reticente a la idea de hacer el film, pero cuando vio que los productores seguirían adelante con o sin él, terminó aceptando con la condición de que Bruce Wayne tuviera más presencia en pantalla que en la serie. La película no llegó a estrenarse en España hasta 1979, 13 años después de su premiere; el franquismo censuró la cinta, debido a una escena en la que se parodia al embajador español.

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Comentario: Tengo un amigo (al que le mando un saludito desde aquí porque seguro que va a leer esto), que es muy fan de Batman, de todas sus versiones, porque le gusta tanto la faceta oscura y adulta que puso de moda Christopher Nolan como la camp propia de la serie de la que sale esta película, o incluso puede que más. En realidad, eso habla muy bien del personaje, que funciona siempre y es capaz de adaptarse a una amplia gama de tonos y enfoques. Yo reconozco que cuando era niño era fanático de la serie animada creada por Bruce W. Timm hasta el punto de grabar todos los episodios en una cinta VHS. Una vez programé el video para que me grabase unos capítulos que emitían de madrugada y quedé horrorizado cuando vi que se trataba de la serie de Adam West; no me gustaba nada. Ahora veo la película y, la verdad, es que me lo paso muy bien, y me río mucho, porque me parece un circo muy animado, festivo, hortera, absurdo y alegremente autoparódico, con sus ya míticos “¡PUM! ¡ZOK! ¡KAPOW!” y escenas que son puro oro cómico, como cuando Batman corre de un lado a otro intentando librarse de una bomba sin hacer daño ni a una mosca. Y además, Bruce Wayne nunca menciona ni se queja de la muerte de sus padres. ¿Qué más necesitan para darle un poco del amor que se merece?

Próximo visionado: Footloose (1984)

20/9/17

We Can’t Breathe

Poster Detroit

Dir.: Kathryn Bigelow
Int.: John Boyega, Will Poulter, Algee Smith, Anthony Mackie, Jacob Latimore, Jason Mitchell, Hannah Murray, Jack Reynor, Kaitlyn Dever, Ben O’Toole, John Krasinski, Nathan Davis Jr.
¿De qué va?: En el verano de 1967, la policía llevó a cabo una redada en un bar sin licencia en Detroit, desencadenando unos violentos disturbios raciales que asolaron la ciudad norteamericana durante cinco días, y que acabaron con 43 fallecidos, 1.200 heridos y múltiples daños materiales. Esta es la historia de lo que ocurrió una de esas noches cuando un grupo de agentes se adentró en el motel Algiers tras oír disparos procedentes del lugar.

Reseña: El último pico de tensión racial en Estados Unidos, iniciado hace un par de años, terminó con las esperanzas de aquellos que creían que el país había acabado con su legado racista al tener al primer presidente afroamericano en la Casa Blanca. Pero la era Obama terminó con cierta sensación de derrota, no solo por quién fue elegido como su sucesor, sino porque no se consiguió solventar ni las acciones violentas del cuerpo de policía hacia la población afroamericana ni el malestar y la indignación de esta última. Tras plasmar los claroscuros de la guerra de Estados Unidos contra el terrorismo en Oriente Medio en La noche más oscura y En tierra hostil, Kathryn Bigelow vuelve a su patria para indagar en un suceso de hace 50 años con un más que evidente paralelismo con lo que está sucediendo allí de un tiempo a esta parte.

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De la misma forma en la que en el prólogo de La noche más oscura se estableció como precedente de la operación de la caza a Bin Laden con llamadas reales de víctimas del 11-S, Bigelow y su colaborador habitual, el guionista Mark Boal, arrancan Detroit con una introducción que explica la formación de los guetos en las grandes ciudades norteamericanas, y así dan pie al suceso que desencadenó la guerrilla que tuvo lugar en Detroit en el verano de 1967. La película empieza por lo general y gradualmente pasa a lo particular, reparando en los personajes que serán partícipes del suceso en el que se va a centrar la trama, ejerciendo tanto de representación  de lo que se vivió durante aquellos días en la ciudad como de paradigma sobre la relación entre las autoridades abusivas y la población afroamericana. Detroit tarda en arrancar por una presentación de contexto y personajes quizás demasiado dilatada, pero una vez estalla el conflicto, Bigelow da rienda suelta del nervio que caracteriza su estilo directivo creando una situación tensa, violenta e incómoda a tiempo real, en la que el espectador es forzado a presenciar, en calidad de testigos y cómplices, los abusos y salvajadas que cometieron aquellos policías racistas contra esos chavales y contra las dos chicas blancas que tampoco se salvaron de sus agresiones y humillaciones.

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Pero ahí no acaba la cosa, porque aún queda un tercer acto que expone las consecuencias de lo que ocurrió en aquel motel, pasando del terror al más puro estilo ‘home invasion’ al drama judicial, y donde la indignación alcanza su cúspide, porque por muy increíble y fuerte que nos parezca lo presenciado, sabemos que el gatillo fácil del cuerpo de la ley, sus abusos de poder, las amenazas, los agujeros negros del poder judicial, las corruptelas y, en definitiva, la porquería que esconden las autoridades bajo la alfombra, es algo tristemente verídico. Por eso, uno acaba Detroit tan cansado por su extenso metraje (dos horas y veinte) como cabreado y derrotado ante el sistema y la sociedad; no es para menos. El film es una maquinaria perfectamente engrasada para generar esa clase de emociones sin caer en el sentimentalismo barato; véase la entereza y la devastadoramente silenciosa desolación con la que las familias afrontan la noticia de la muerte de su respectivo ser querido.

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A pesar de dejar claro antes de que empiecen los créditos finales que nunca se llegó a aclarar lo que ocurrió aquella noche y que el guion se basa fundamentalmente en el testimonio de algunos de los implicados, algunos podrían acusar a Bigelow de encarar la historia de forma superficial, sin indagar en, por ejemplo, la psique y las motivaciones de los agentes de policía implicados. Puede que falte un poco de contexto para entender por qué esos jóvenes no están preparados psicológicamente para ir con un arma cargada por ahí y cargar con una responsabilidad que les viene demasiado grande, pero tanto la imponente interpretación de Will Poulter como la firme convicción de que a día de hoy existen agentes de la ley cortados por el mismo patrón resulta realmente terrorífico. Detroit es la respuesta cinematográfica a todas esas noticias que hemos visto los últimos años sobre muertes de afroamericanos desarmados a manos de policías que no siempre reciben la condena que merecen. Esto no es nuevo, la violencia solo genera más violencia y no la vamos a erradicar a menos que cambiemos la sociedad desde la raíz. Suerte para todos.

7/10

16/9/17

Aquel querido estío de mi juventud

Poster Verano 1993


Dir.: Carla Simón
Int.: Laia Artigas, Bruna Cusí, David Verdaguer, Paula Robles, Montse Sanz, Isabel Rocatti, Berta Pipó, Etna Campillo, Paula Blanco, Quimet Pla
¿De qué va?: Tras la muerte de su madre, Frida, de 6 años, es enviada a vivir con la familia de su tío a su casa en el campo. Pero Frida encuentra difícil olvidar a su madre y adaptarse a su nueva vida.

Reseña:  El cine español tiene una larga (y en cierta manera subestimada) tradición de películas ‘Coming-of-Age’, una temática que ha demostrado ser el vehículo perfecto tanto para mostrar las turbulencias propias del fin de la niñez, y por ende, de la inocencia, como para ser un retrato vivo y detallista de un período histórico en concreto: Cría Cuervos de Carlos Saura, El espíritu de la colmena y El sur de Víctor Erice, Pa Negre de Agustí Villaronga o El año de las luces de Fernando Trueba son algunos de los títulos que mejor han plasmado lo terrible e incómodo que puede ser hacerse mayor, y ahora, la debutante Carla Simón incorpora Verano 1993 a la lista partiendo de detalles autobiográficos sobre su propia infancia, concretamente de aquel verano en el que su vida cambió para siempre, forzada a dejar atrás a su madre para incorporarse a una nueva familia.

Verano

Con naturalismo y sencillez, Simón nos introduce en el particular mundo de su álter ego, Frida, y así, nos convertimos en testigos de primera mano de su complicada adaptación a su nueva realidad. La acompañamos mientras descubre el entorno natural que la rodea, nos enteramos de lo que le ha ocurrido a través de las incómodas conversaciones de los adultos y somos cómplices de sus chiquilladas, fruto de la incomprensión y de una rabia y una tristeza sin canalizar. Verano 1993 resulta una experiencia completamente inmersiva gracias a los múltiples detalles de la época que pueblan el film (Bom Bom Chip, pirulos de chocolate negro y blanco, radiocassetes, cabezudos, Barbies…) y por la manera franca y cruda con la que expone a esa niña con la que acabaremos simpatizando, no por la vía de la redención, sino por la de la identificación, porque seremos capaces de vernos reflejados a nosotros mismos cuando nos comportábamos de una forma tan caprichosa y egoísta a su misma edad, así como cuando empezamos a percibir el verdadero significado de la muerte.

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Por supuesto que cada persona es un mundo, pero yo al menos, también intenté fugarme de casa y sólo llegué hasta la esquina de la calle. También dije mentiras para que se compadecieran de mí y pensaran mal de personas que no habían hecho nada malo. También observaba y me recreaba en detalles de mi entorno por loa que ahora paso por alto, ensimismado en banalidades de la vida adulta. También contuve las lágrimas de la rabia que sentí hacia mí mismo por haberme portado mal con aquellos que no lo merecían. También recreé en un juego de niños los comportamientos y actitudes que se sucedían a mi alrededor. Me sentí solo, incomprendido y asustado cuando vi que el mundo real no se ajustaba a lo que me habían vendido cuando era demasiado pequeño y lo pagué con aquellos que aún lo eran.  La ópera prima de Ana Simón es rica en detalles y gestos que alcanzan un significado completo con el bagaje personal de cada espectador, pero al ser tan personal, sutil y minimalista puede echar para atrás a todo aquel que sea incapaz de reconocerse en la pantalla, algo de lo que no habría que culpar a los actores, pues todos dan lo mejor de sí mismos, desde la primeriza Laia Artigas, que sale airosa de un papel muy, pero que muy complicado de interpretar, pasando por su candorosa hermana postiza (Paula Robles) o sus tíos y padres adoptivos, cargados de amor y paciencia, encarnados por Bruna Cusí y David Verdaguer.

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Al final termina el verano, y tras él, llega la promesa de una nueva vida, de un nuevo curso escolar, de cosas por aprender y libros que usar. Pero siempre quedará el recuerdo agridulce de aquel verano en el que una pequeña parte de nosotros nos abandonó para poder ser un poco más maduros y conscientes de que el mundo es un lugar más injusto y cruel de lo que imaginábamos, aunque con un poco suerte encontraremos el abrazo que necesitamos para dejarnos llevar y llorar a lágrima viva por aquello que dejamos atrás.

8’5/10

14/9/17

Terrores no tan infantiles

Poster It

Dir.: Andrés Muschietti
Int.: Bill Skarsgård, Jaeden Lieberher, Finn Wolfhard, Sophia Lillis, Jack Dylan Grazer, Jeremy Ray Taylor, Chosen Jacobs, Wyatt Oleff, Nicholas Hamilton
¿De qué va?: En el pequeño pueblo de Derry, la vida de una pandilla de niños conocida como ‘El club de los perdedores’ da un giro inesperado cuando descubren que el culpable de las recientes desapariciones de niños de la localidad es un siniestro payaso que se hace llamar Pennywise, y que ahora se ha fijado en ellos para hacer realidad sus peores temores.

Reseña: No sé de dónde surgió mi animadversión a los payasos, pero no me extrañaría que haya sido por culpa de It, la miniserie de 1990 que adaptó para la televisión la novela homónima de Stephen King. Lo curioso es que nunca llegué a verla, jamás me hubiese atrevido siendo un niño, pero ver a ese payaso diabólico en la carátula del VHS en el videoclub, en el centro comercial o donde fuese, me daba mucha grima y aprensión. Siendo ya un hombre “hecho y derecho” me atreví a leer la mastodóntica novela, y ahora nos llega su adaptación cinematográfica, centrada en la parte que corresponde a la infancia de los protagonistas para así abordar la trama con ellos de adultos en una secuela que ya es más realidad que hipótesis, debido al enorme éxito que ha tenido la película en su primer fin de semana en la cartelera. Que Tim Curry haya convertido al diabólico Pennywise en uno de los villanos más terroríficos del imaginario colectivo es sin duda una de las razones del fenómeno; la otra, el furor por los ‘revivals’ ochenteros que ha provocado Stranger Things, serie que, a su vez, bebe mucho de las fuentes literarias de King.

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Siempre nos quedará la duda sobre cómo hubiera sido It si la hubiese dirigido Cary Fukunaga, tal y como iba a ocurrir en un principio, pero al margen de eso, lo que nos ha llegado finalmente a los cines es una película de terror más que correcta en la que su director, Andrés Muschietti, presenta pasajes de terror no especialmente aterradores u originales, pero sí efectivos y bastante explícitos para tratarse de una cinta protagonizada por críos; la calificación R no sólo permite que la violencia sea muy gráfica, sino que los chavales puedan ser más naturales, sin coartar su malhablada libertad de expresión. Lo que realmente eleva a It es el excelente trabajo de fotografía realizado por el coreano Chung-Hoon Chung, el reparto y lo que cuenta, una durísima pero bella historia sobre el papel que juega la confrontación con los miedos en la aventura de crecer. El miedo a la muerte, a la pérdida, a los monstruos, al dolor… no son más que temores que adquirimos cuando el mundo de los adultos choca y contamina la inocencia propia de la niñez, y no hay poder más infalible para superarlo y/o sobrellevarlo que el de la amistad, honesta, comprensiva y libre de prejuicios, que se forja en edades tempranas.

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La fórmula es harto conocida pero infalible cuando se hace un trabajo de casting tan bueno como el que se hizo en Cuenta conmigo, Strangers Things o aquí, porque sí, la personalidad de los niños ya viene perfectamente definida en el guion, pero los jóvenes actores que les dan vida aportan un carisma, una empatía y una química conjunta que no se encuentra sobre el papel y que es muy difícil de lograr. Todos están geniales, aunque los roles más agradecidos sean los de Jaeden Leberher, Finn Wolfhard, Jack Dylan Grazer y Sophia Lillis, esta última una gran revelación con madera de estrella a la altura de Millie Bobby Brown, la icónica Eleven de la serie de Netflix. En cuanto a Bill Skarsgård, da la talla como Pennywise sin tener que imitar a Tim Curry. Su versión del payaso diabólico pierde sutilidad y socarronería respecto a la anterior, pero es mucho más desquiciada y monstruosa, lo que convierte sus esporádicas apariciones en un terrorífico placer culpable. En definitiva, un más que digno sucesor y el pasaporte perfecto para que el pequeño del clan Skarsgård se labre su propia carrera meteórica.

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Salvo por unos pasajes muy complicados de adaptar en una cinta comercial, la película de Muschietti se mantiene bastante fidedigna al relato de Stephen King, y tal vez sea esa literalidad lo que provoque, junto a los rutinarios sustos, la ausencia de innovación o sorpresa, porque estamos hablando de una novela y una miniserie que han tenido una influencia capital en el género fantástico y de terror. Pero en cualquier caso se trata de una película muy eficaz, con una gran historia que contar, estupendos protagonistas, un villano a la altura y secuencias tremendas, algunas por terroríficas y otras por la ternura y la simpatía que desprenden. Todo ello garantiza que volvamos para una segunda ronda en la que se completará un díptico sobre la amistad y el miedo como fuerzas contrapuestas pero necesarias para sobrevivir a las numerosas amenazas del mundo que nos rodea.

7’5/10

10/9/17

O.C: Cristal oscuro (1982)

Poster Cristal Oscuro¿De qué va?: Hace mil años, en un mundo lejano, la ruptura de un cristal mágico dio lugar a la aparición de dos nuevas razas: los ‘skeksis’, que utilizan el poder del cristal oscuro como fuente de energía de la que alimentarse, y los místicos, unos magos que acogen bajo su protección a Jen, el último superviviente de su especie, los' ‘gelfling’, y que está destinado a juntar las piezas del cristal roto para reparar la caótica sociedad reinante.

Reputación: En febrero de 1970, Jim Henson y su hija Cheryl Henson quedaron atrapados en un hotel  del aeropuerto Kennedy debido a una tormenta de nieve en Nueva York. Para matar el tiempo, decidieron escribir detalles de un mundo fantástico en numerosas hojas de papel del hotel. De esas notas surgió la inspiración del guion de Cristal oscuro. La producción de la cinta no empezaría hasta el año 1979, rodándose forma simultánea a El gran golpe de los Teleñecos en Inglaterra. En el momento en el que se hizo, fue proclamada como la única película de acción en vivo en la que no aparecía ni un actor de carne y hueso, aunque hay truco, pues sí que hay intérpretes reales en algunos planos largos de los ‘gelfling’. El film fue prohibido en países islámicos estrictos por considerar que su contenido era “sacrílego” para la religión islámica, por ello todas las copias dobladas al árabe y al farsi fueron destruidas por los censores.

Cristal oscuro

Con un presupuesto de 15 millones de dólares, el film recaudó 40 en Estados Unidos, una cifra un tanto decepcionante que se atribuye a que los padres pensaban que era demasiado terrorífica para los niños, además de tener la mala suerte de coincidir en cartelera con el gran éxito de E.T. El estraterrestre; no obstante, fue el estreno más taquillero en Francia y Japón de 1983. La intención de Henson siempre fue volver a la oscuridad de los cuentos de los hermanos Grimm, pues consideraba que lidiar con el miedo era algo saludable para los niños. Henson también tuvo que recortar 20 minutos de metraje tras un desastroso pase de prueba, regrabando algunas voces para simplificar el lenguaje inventado de los personajes y hacer la historia más accesible y fácil de seguir. El pasado mes de mayo, Netflix anunció la puesta en marcha de una precuela en forma de serie titulada The Dark Crystal: Age of Resistance, respaldada por The Henson Company. 

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Comentario: Cristal oscuro es una de esas historias de fantasía y aventuras que reúne todos los elementos clásicos del género: una lucha encarnizaba entre el bien y el mal, una profecía que habla de un héroe que inclinará la balanza a favor del bien, un viaje y una misión a lo ancho y vasto del mundo, compañeros de fatigas, un avejentado mentor, un interés romántico… Son ingredientes archiconocidos, pero dispuestos de una manera tan cuidada, artesanal y cariñosa que entretiene y maravilla como si fuera la primera vez que nos topamos con una fábula de estas características. La imaginación y capacidad inventiva de Jim Henson y Frank Oz se vuelca en unos personajes entrañables y con una expresividad pocas veces alcanzada con el CGI, demostrándose que el encanto especial de las marionetas y los animatrónicos es imposible de reproducir con efectos digitales y pantallas verdes.

Próximo visionado: Batman (1966)

8/9/17

Líbranos de la libido

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Dir.: Sofia Coppola
Int.: Colin Farrell, Nicole Kidman, Kirsten Dunst, Elle Fanning, Oona Laurence, Angourie Rice, Addison Riecke, Emma Howard
¿De qué va?: Un soldado de la unión malherido durante la guerra civil estadounidense es recogido y protegido por una escuela femenina sureña. Allí se recuperará mientras sus anfitrionas caen rendidas bajo su encanto, aunque su situación se tornará más delicada cuando los celos y la traición entren en juego.

Reseña: Con el panorama cinematográfico en plena vorágine feminista, Sofia Coppola ha decidido que su sexto largometraje sea la adaptación de una novela que ya fue llevada al cine en el año 71, siendo definida como “pesadilla misógina”. No hay que ser un lince para darse cuenta de lo que ha impulsado a la directora de Lost in Translation a hacer el primer remake de su carrera: contar la historia desde la perspectiva del “aquelarre”, compuesto por esas mujeres castrantes y desquiciadas que en cierta manera pueden considerase las primas lejanas y sureñas de aquellas vírgenes suicidas con las que debutó en el cine, pues al igual que aquellas, las protagonistas de su nuevo film viven recluidas en un castillo donde la la complicidad femenina es el único refugio al confinamiento y la represión sexual imperante.

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No es solo pulsión carnal lo que hace que estas señoritas se sientan atraídas por el atractivo forastero, pues cada una deposita en él sus particulares esperanzas, como acabar con la soledad, encontrar una válvula de escape a una existencia opresiva y encorsetada, o mitigar las pulsiones propias de la pubertad. Mientras que en El seductor, el film precedente firmado por Don Siegel, se evidenciaban las motivaciones de los personajes a través de breves flashbacks y pensamientos compartidos en voz en off, Coppola se decanta por la sutileza y el misterio, eliminando aspectos escabrosos de la historia o al personaje de la criada para centrarse en la evolución de las relaciones entre esas mujeres ante la llegada de un extraño tan cautivador como peligroso para su decorosa existencia. Quién seduce a quién, o quién es la víctima y el raptor son cuestiones que carecen de una respuesta fácil o consensuada, pues la película acaba situándose en algún punto entre la pesadilla misógina de la versión anterior y el alegato feminista que muchos esperaban de ésta.

The Beguiled

La dirección de actores nunca ha sido un problema en el cine de Sofia Coppola, y La seducción no es una excepción. Nicole Kidman está exultante en un papel autoritario, severo, protector y en cierta manera frágil que nos recuerda a la Grace de Los otros. Colin Farrell carece de todo el salvaje atractivo que sí tenía Clint Eastwood, pero posee la simpatía, la soltura y el gancho irlandés necesarios para dar vida a este desafortunado galán. Kirsten Dunst, la actriz fetiche de Coppola, borda las inquietudes de Edwina, una chica que tras conformarse con una vida en la que se siente fuera de lugar se aferra con desesperación a la promesa de libertad que le ofrece el inesperado invitado, mientras que a Elle Fanning no le supone ningún esfuerzo extra encarnar a la discípula díscola y descarada, haciendo tan buen trabajo como el resto de sus jóvenes compañeras de escuela.

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La seducción es el trabajo más austero y sobrio de la aún corta pero imprescindible filmografía de Sofia Coppola, pero eso no significa que haya dirigido en piloto automático, como evidencia su característica atención por los detalles (esos planos del cuerpo de Farrell que exudan carnalidad) y las rutinas para describir los personajes, la soterrada presencia de un humor negro que jamás compromete la contención implícita en la narración, esa iluminación natural que esclarece levemente las tinieblas en las que está envuelta la aislada residencia y el corazón de sus habitantes, o su habilidad para componer imágenes mudas pero con enorme significado, como ese alegórico plano final tan cargado de resignación, tristeza y, sobre todo, sororidad.

8/10