23/10/20

O.C: Interiores (1978)

¿De qué va?: Cuando Eve es abandonada por su marido Arthur, las frías relaciones emocionales de sus tres hijas se ponen al descubierto. Confundidas por los celos, la inseguridad y el resentimiento, Renata, una escritora de éxito, Flyn, una mujer envuelta en la confusión y Joey, una actriz en ciernes, se esfuerzan en comunicarse con su madre.

Reputación: Tras el éxito de Annie Hall (1978), los ejecutivos de United Artists le mandaron un mensaje a Woody Allen : “De ahora en adelante, haz lo que quieras”. Así que el director neoyorkino decidió rodar su primer drama. Conocido por sus comedias, decidió romper el molde y no añadir ni una pizca de humor en Interiores. De hecho, hay una escena en la que la familia está reunida alrededor de una mesa riéndose de un chiste que Arthur (E.G. Marshall) acaba de contar, pero nunca llegamos a oírlo. También es la primera película de la filmografía de Allen en la que él no interpreta ningún papel. El rol de Eve fue escrito con Ingrid Bergman en mente. Allen le ofreció el papel, pero lo tuvo que rechazar porque ya se había comprometido a rodar Sonata de otoño (1978) con Ingmar Bergman en Noruega, así que finalmente fue a parar a Geraldine Page. Allen citó a Bergman, al dramaturgo americano Eugene O’Neill y al escritor ruso Anton Chekhov como principales influencias a la hora de concebir el film. Pese a tener una fría acogida por parte de la crítica, Interiores fue nominada a cinco Oscar: mejor director, actriz protagonista (Geraldine Page), actriz secundaria (Maureen Stapleton), guion original y dirección artística. Sin embargo, no ganó ninguno.

Comentario: La influencia de Ingmar Bergman es más que evidente en la quietud, los planos y la austeridad del primer film dramático de Woody Allen, pero este consigue que la sombra del cineasta sueco no eclipse su impronta de autor. Como es habitual en su cine, en Interiores los personajes están atormentamos por la inseguridad, la muerte, el deseo y complejos varios, además de ser unos snobs culturetas de cuidado. En apenas 90 minutos, Allen traza con tiralíneas las tensas relaciones de una familia en la que la distante y poco afectiva matriarca se niega a aceptar que su marido la haya abandonado. Interiores es un drama seco y frío pero profundamente empático a su vez, pues tanto el guion como las magníficas interpretaciones se alinean para que comprendamos perfectamente la desolación particular de cada uno de los personajes. De lo mejorcito de Allen.

Próximo visionado: Pink Flamingos (1972)

22/10/20

El juicio de los siete de Chicago – Cabezas de turco



Dir.: Aaron Sorkin
Int.: Eddie Redmayne, Sacha Baron Cohen, Mark Rylance, Jeremy Strong, Yahya Abdul-Matee, Frank Langella, Joseph Gordon-Levitt, John Carroll Lynch, Alex Sharp
¿De qué va?: Lo que pretendía ser una protesta pacífica en la Convención Nacional Demócrata de 1968 se convirtió en un altercado violento con la policía y la guardia nacional. Los organizadores de la protesta fueron acusador de conspirar para incitar una revuelta y el juicio que le sucedió fue uno de los más notorios de la historia.

Reseña: Para ser una película que se empezó a gestar en el año 2006 para ser dirigida por Steven Spielberg, El juicio de los siete de Chicago no pudo haber llegado en un momento más oportuno. Cualquiera que haya visto las noticias este año estará al tanto de que ni una pandemia global ha impedido que en Estados Unidos se haya producido una serie de violentas revueltas a raíz de la muerte de George Floyd. Cuestiones como el racismo enquistado en la sociedad norteamericana o la cuestionada legitimidad del uso de la violencia de las fuerzas policiales y del vandalismo por parte de los manifestantes conectan la actualidad con el mediático juicio que se llevó a cabo entre 1969 y 1970, en el que los organizadores de una manifestación en contra de la Guerra de Vietnam fueron acusados de conspiración y de incentivar los disturbios que se produjeron en Chicago durante la celebración de la Convención Nacional Demócrata.

Siendo una de sus señas de identidad como guionista la de poner a sus personajes a conversar mientras caminan, resulta curioso que Aaron Sorkin haya escrito y dirigido un drama judicial, estático por definición. Pero como ya vimos en las escenas de declaraciones judiciales de La red social (2009), el estar sentado no resta ni un ápice de la agilidad, la perspicacia y la hondura de sus diálogos. De hecho, la contundencia de todas y cada una de las réplicas deja entrever las costuras del guion. El segundo trabajo como director de Sorkin es un drama con regusto muy clásico y que va a tiro hecho metiéndose en los tribunales poco después de presentar a los protagonistas de la historia. Los hechos que les han llevado a ser presuntos delincuentes se van revelando en forma de flashbacks a lo largo del juicio, alternando las diferentes versiones de los hechos con lo sucedido; un ejercicio de edición ágil, limpio y con ritmo a cargo de Alan Baumgarten, que también se encargó del montaje de su anterior film, El juego de Molly (2017).


Ya hemos mencionado dos de los tres pilares sobre lo que se sustenta El juicio de los siete de Chicago: el guion y el montaje, siendo el último la interpretación. Aunque no gocen de las mismas oportunidades para lucirse, todos los actores que forman parte del reparto coral del film están impecables, y ni siquiera los tics de Eddie Redmayne molestan. Si bien Sacha Baron Cohen da la sorpresa por una interpretación dramática que se nutre de su carisma sin caer en la caricaturización, quiero destacar a un Mark Rylance que como abogado defensor combativo e incansable, pero desencantado con el sistema judicial, parece imbuido por el espíritu del mismísimo James Stewart. También destaca Frank Langella como el odioso juez asignado al caso y el duelo que mantiene con Booby Seale (estupendo Yahya Abdul-Matee), el octavo procesado en un fragante caso de discriminación racial.

Como cualquier película basada en un hecho real, El juicio de los siete de Chicago se nutre tanto de acontecimientos reales como de otros fruto de la ficción. La emocionante y muy hollywoodiense forma en la que termina el juicio es invención, pero las brutales cargas policiales y el trato recibido por Seale durante el juicio no lo fueron aunque así lo parezca. El Aaron Sorkin director no es tan brillante como el guionista, pero ha conseguido ensamblar con éxito una película que se siente clásica y moderna al mismo tiempo; un thriller judicial absorbente y oportuno, sin reparos a la hora de señalar la parcialidad judicial y los mecanismos de los que se valen las esferas de poder para dar una lección a su rebaño y evitar que se alborote. Ojalá más películas anti-establisment así y menos videos sobreproducidos de estrellas blancas asumiendo su responsabilidad en la problemática racial.

8/10

19/10/20

El rey del barrio – Aquí, madurando


Dir.: Judd Apatow
Int.: Pete Davidson, Marisa Tomei, Bill Burr, Bel Powley, Maude Apatow, Steve Buscemi, Pamela Adlon, Kevin Corrigan, Ricky Velez, Moisés Arias, Lou Wilson
¿De qué va?: Scott es un joven de 20 años cuyo padre bombero murió cuando él tenía siete años. Mientras su hermana pequeña se va a estudiar a la universidad, Scott sigue viviendo con su madre y pasando el tiempo con sus amigos. Pero todo cambia cuando su madre comienza a tener una relación con un bombero llamado Ray.

Reseña: Para mí, una nueva película de Judd Apatow es un notable seguro. La excepción que confirma la regla es Hazme reír (Funny People, 2009), a la que no le encontré la moraleja. Las demás las he disfrutado mucho, aunque todas puedan definirse de la misma manera: comedias de más de dos horas sobre gente que tiene problemas con madurar. Además de comprar todo lo que tenga que ver con “Peter Panes modernos”, hay dos cosas que me gustan mucho en el cine de Apatow: la primera es el cariño con el que trata a sus personajes, aunque no se lo merezcan, creando una atmósfera entrañable y familiar con la que congenio más que con cualquier otra muestra de comedia norteamericana. La segunda, el olfato que tiene para descubrir y/o apadrinar talentos cómicos emergentes: Steve Carell, Seth Rogen, Lena Dunham, Amy Poehler… y ahora, Pete Davidson.

Davidson es el integrante más joven del elenco de Saturday Night Live y el primero en haber nacido en la década de los 90. Antes de participar en el programa y de mantener una relación muy mediática con Ariana Grande, empezó a hacerse popular con monólogos en los que hacía humor de temas muy delicados, incluida la muerte de su padre, un bombero que falleció en el 11-S. El rey del barrio presenta algo así como una realidad paralela que narra qué habría sido de él si no hubiese conseguido canalizar sus problemas a través de la comedia: viviría con su madre en Staten Island y se pasaría el día fumando porros con sus amigos, que se prestan a ser sus conejillos de indias para que mejore su práctica como tatuador, mientras se aferra a la estrafalaria idea de fundar un local que sea restaurante y salón de tatuajes. Obviamente el chico tiene que espabilar, y lo mal que le sienta que su madre empiece una relación con un hombre que, al igual que su difunto padre, es bombero, acelerará el proceso.


Scott, el álter ego de Davidson, encaja perfectamente con el perfil de protagonista del cine de Judd Apatow. El estilo de comedia de ambos se complementa a la perfección en el guion del que ambos son autores junto al también comediante Dave Sirus. Si Davidson no te termina de hacer gracia no pasa nada, porque la amplia y carismática galería de secundarios lo compensará con creces. Marisa Tomei siempre es un sí, y aquí está maravillosa cuando se muestra tierna pero sobre todo cuando se rebela. Bel Powley como la amiga con la que Scott mantiene un romance en secreto también es otro aciertazo, y Maude Wilson como hermana menor/voz de la razón también. Por otra parte, esa entrañable camaradería con la que Apatow impregna las amistades masculinas se evidencia tanto en el círculo de amigos de Scott como en el grupo de bomberos del que forma parte Ray (fantástico Bill Burr), el nuevo novio de su madre.


¿Dos horas y 20 minutos de metraje son demasiadas para El rey del barrio? Es posible, pero tampoco pesan, es más: no me habría importado que durase unos minutos más con tal de poder darle un cierre a algunos personajes de los que la trama se olvida demasiado pronto. El viaje emocional que realiza Scott es previsible pero honesto, probablemente muy acorde con el que ha realizado el propio Pete Davidson, y se agradece que culmine en una incertidumbre esperanzadora en vez de en un final “made in Hollywood”. Hay oficio en todos y cada uno de los elementos que componen el film, hasta en la fotografía, que viene firmada por el oscarizado Robert Elswith (Pozos de ambición, 2007). En definitiva, Judd Apatow sigue siendo un valor seguro y El rey del barrio otro sólido notable de su filmografía.

7/10

17/10/20

O.C: Fausto (1926)

¿De qué va?: El demonio Mefistófeles hace un pacto con un arcángel según el cual si logra atraer hacia el mal al filósofo y alquimista Fausto y le quita lo que hay de divino en él, el diablo ganará el dominio sobre toda la Tierra.

Reputación: Basada en los cuentos tradicionales de la figura de Fausto recogidos en la obra de Goethe, fue la última película que F.W. Murnau hizo en Alemania, pues tras terminarla se trasladó a Estados Unidos para rodar Amanecer (1927). Fue la producción alemana más costosa de su tiempo, con un rodaje que se prolongó durante 6 meses y un presupuesto de 2 millones de marcos, fruto de la promesa que le hizo la UFA a Murnau de disponer de fondos ilimitados tras el éxito de su film previo, El último (1924). Un año después, sería superada en costes por Metrópolis (1927). Solo se recuperó la mitad de su presupuesto en taquilla, por lo que fue un rotundo fracaso económico. No obstante, Fausto tuvo una gran influencia en las películas posteriores, sobre todo en lo que respecta al uso de efectos especiales. Murnau usó dos cámaras y muchas escenas tuvieron que rodarse una y otra vez; por ejemplo, la pequeña secuencia en la que se redacta el contrato en un pergamino en llamas requirió de un día de filmación. Existen varios montajes de Fausto, algunos de ellos preparados por el propio Murnau, y en la actualidad se conservan cinco. Las diferencias entre unos y otros van desde cambios de vestuario y de ángulo hasta variaciones de ritmo en las escenas.

Comentario: Fausto tiene una primera parte estupenda, en la que destaca el uso de unos efectos especiales muy meritorios para su época, una imaginativa puesta en escena y al actor Emil Jannings pasándoselo pipa dando vida a Mefistófeles. Sin embargo, la película pierde impacto e interés en su segundo tramo, a partir del momento en el que Fausto conoce a Gretchen, centrándose el film en su trágico romance y culminando en un final muy "pues ok". Es complicado congeniar lo suficiente con la parejita para que nos importe demasiado lo que le pase, es más, yo al menos me pongo del lado de Mefistófeles, porque de todos es sabido que nunca hay que firmar un pacto con el diablo. Chascarrillos aparte, Fausto es una de esas películas que hay que ver para entender la historia del cine y su evolución, pero como film de terror mudo prefiero Nosferatu (1922)

Próximo visionado: Interiores (1978)

16/10/20

Verano del 85 – Lo que creí que fuimos



Dir.:
François Ozon
Int.: Félix Lefebvre, Benjamin Voisin, Valeria Bruni-Tedesc, Melvil Poupaud, Philippine Velge, Isabelle Nanty, Aurore Broutin
¿De qué va?: En la costa de Normandía, Alexis es salvado de un posible ahogamiento por David, un chico mayor que él que le introduce rápidamente en su vida y con el que experimentará por primera vez el amor… y la muerte.

Reseña: Si ya lo decían Sonia y Selena: “Cuando llega el calor los chicos se enamoran”. Algo tienen las altas temperaturas, la calma estival y esa sensación de punto y aparte que trae el verano para que el cine y la literatura suelan ambientar en esta época del año los romances juveniles y, más concretamente, el despertar sexual. La nueva película del prolífico François Ozon, Verano del 85, es una adaptación cinematográfica del libro Dance on My Grave (1982) de Aidan Chambers, y aunque a priori resulte inevitable compararla con la reciente y laureada Call Me by Your Name (2017) y con otras muchas películas LGTBIQ+, las intenciones temáticas de Ozon van por derroteros más singulares que distinguen su película de las precedentes.

Por supuesto que hay un romance juvenil de ensueño, con referencia visual a Los juncos salvajes (1994) incluida, y una escena en una discoteca que transmite a la perfección que sentirse enamorado es como bailar una canción que solo oyes tú, rodeado de gente que se mueve a otro ritmo. Pero Ozon está tan poco interesado en recrearse en el amor de dos chicos guapísimos que ni siquiera los muestra manteniendo relaciones sexuales. Tampoco le importa demasiado ni la nostalgia ochentera ni el factor homosexual, pues los referentes de la época son escasos, mientras que el protagonista, Alexis, no sufre ningún trance por sentirse atraído por otro hombre, siendo el único atisbo de problema en su entorno el cómo podría reaccionar su distante padre si se enterase. Alexis está obsesionado con dos temas: la muerte y David, el chico que le rescata y seduce, pero ambos van a impactar en su vida de una forma que no esperaba.


A través de los acontecimientos que vive Alexis en ese verano del 85, Ozon habla sobre la escritura como forma de exorcizar fantasmas y tragedias ysobre cómo las relaciones amorosas influyen en la construcción de nuestra personalidad, desde la forma de vestir hasta en la forma en la que actuaremos en las venideras. Sin embargo, la lectura más valiosa del film reside en cómo hay ocasiones en la que nos enamoramos, no de la persona, sino de lo que proyectamos en ella. El deseo nos incita a atribuir cualidades y a dar un sentido a la relación que no siempre se corresponde con la realidad ni con lo que la otra persona está sintiendo, algo que también puede ocurrir en otro tipo de relaciones afectivas, como en las maternofiliales. Esta idea se deja caer en la película pero nunca sabremos si lo que hemos presenciado ha sido completamente real o no; todo está narrado desde el punto de vista de Alexis y la contraparte es un misterio sin resolver.


Félix Lefebvre da vida a Alexis con sumo magnetismo y sensibilidad, saliendo airoso de un par de situaciones que juguetean con el esperpento. El joven es todo un descubrimiento y mantiene una química veraz con Benjamin Voisin, perfecto como objeto de deseo y máquina de seducción arrolladora. En definitiva, Verano del 85 parte del prototípico romance gay estival para hablar sobre la forma en las que afrontamos la muerte, el trauma, el amor y el desamor desde un plano subjetivo tremendamente empático y con la melancólica costa normanda como telón de fondo. De lo mejorcito que nos ha dado la filmografía de Ozon.

8/10

14/10/20

Las vidas de Marona – Amor perruno


Dir.:
Anca Damian
¿De qué va?: Marona es una perrita que tras ser víctima de un accidente comienza a recordar todos los propietarios y propietarias que ha tenido a lo largo de su vida, a los que ha querido incondicionalmente.

Reseña: El Atlàntida Film Fest es un festival de cine que se celebra online a través de Filmin (y desde hace unos años en Palma de Mallorca) con el objetivo principal de dar visibilidad a películas que no encuentran lugar en las salas. En su última edición, la décima, rescató la película de animación francesa Las vidas de Marona (L’Extraordinaire Voyage de Marona), que sí se había estrenado en salas, el 26 de junio, pero de forma muy reducida. Esa segunda oportunidad se ha prolongado con el film de Anca Damian integrándose en el catálogo de Filmin, oportunidad perfecta de rescatar esta joya en un año cinematográfico en el que la animación ha escaseado bastante.

Se dice que cuando estás a punto de morir toda tu vida pasa por delante de tus ojos, y es lo que le ocurre a la perrita protagonista de esta historia en el comienzo. No les voy a engañar: este animalito ha tenido una vida muy desgraciada. Nacida de un escarceo entre un perro de raza y uno callejero, es rápidamente separada de su madre y va pasando de un amo a otro, lo que le da al film una estructura episódica. Cada capítulo es una historia de amor diferente, de la perrita con el dueño del momento, cuya felicidad inicial se va enturbiando conforme aparecen diferentes factores que arruinan la relación. De la misma forma en la que cada dueño le da un nombre diferente a la perrita, la animación del film muta al mezclar técnicas y estilos artísticos diferentes, conformando un conjunto expresionista que enriquece la narración y remite a la obra de pintores como Kandinsky o Picasso, convirtiéndolo a su vez en una pieza única, profundamente creativa y hermosa.

Las vidas de Marona es tanto una delicia visual como un cálido tributo al amor incondicional que nos brindan los perros. Los problemas que surgen entre Marona y sus distintos amos no vienen de ella, sino del egoísmo de estos últimos, que la quieren hasta que la perrita interfiere en sus planes y empieza a suponer un estorbo. No todo el mundo es lo suficientemente responsable y empático como para tener un perro, y si algo demuestra esta película, es que los humanos somos más afortunados de que los perros sean nuestros mejores amigos que al contrario. Aunque nosotros seamos capaces de cubrir todas sus necesidades básicas, el amor que ellos nos dan, a prueba de todo e inmerecido en ocasiones, jamás podremos encontrarlo en otra persona. Y ya que estoy: si están decididos a tener un perrito, adopten antes de comprar.

8/10

12/10/20

O.C: El viaje a ninguna parte (1986)

¿De qué va?: Una familia de comediantes trabaja ofreciendo su espectáculo viajando por los pueblos de España durante los años 40 y 50. La vida se ha vuelto muy dura para ellos dado que ya no pueden competir con el cine. Es el fin de una era.

Reputación: Fernando Fernán Gómez creó El viaje a ninguna parte como serial radiofónico que se grabó y emitió en Radio Nacional en 1983. Dos años después, publicó la novela y, a petición del productor Julián Mateos, la adaptó al cine escribiendo el guion, dirigiendo y reservándose uno de los papeles principales. El film se rodó en pueblos como Palazuelos (Guadalajara), Arisgotas (Toledo) y Ayllón (Segovia). La película tuvo una fría acogida en su presentación en el Festival de San Sebastián y pasó muy desapercibida por los cines, pero fue nominada en la primera edición de los Goya a 5 premios,  de los cuales ganó  los tres más importantes, para sorpresa del propio Fernán Gómez: mejor película, dirección y guion. Años más tarde, la obra ha sido adaptada al teatro, con lo cual se ha completado el círculo.

Comentario: El viaje a ninguna parte es, ante todo, un homenaje a los cómicos pero hay mucho más. Profundamente melancólica, aborda la historia de una familia que intenta ganarse la vida trabajando en un oficio abocado a la extinción que descubrimos junto a un recién llegado a la compañía (Gabino Diego), el hijo de Carlos Galván (fantástico José Sacristán). De forma paralela, se muestra lo caprichosa que puede ser la memoria y la borrosa línea que separa la realidad de la fantasía mostrando a Carlos en su senectud, recordando sus años de gloria mientras vive en una residencia para mayores. Esta película brinda una de esas experiencias cinematográficas completas y puramente clásicas, con las que se puede reír y llorar con la misma intensidad al seguir los avatares de unos personajes a los que el director trata con sumo cariño. Pasajes divertidísimos como en el que el personaje de Fernán Gómez trabaja como extra de un rodaje se entremezclan con otros que certifican la tristeza implícita en la historia de una vida que, pese a estar marcada por el fracaso, resulta tan digna como hermosa.

Próximo visionado: Fausto (1926)