26/5/20

Mi vida con Amanda – Resiliencia



Dir.: Mikhaël Hers
Int.: Vincent Lacoste, Isaure Multrier, Stacy Martin, Ophélia Kolb, Marianne Basler, Jonathan Cohen, Nabiha Akkari, Greta Scacchi
¿De qué va?: David, es un joven parisino de 24 años, que se gana la vida de trabajo en trabajo. Su vecina Lena, quien se acaba de mudar a París, despierta en él algo que no sentía desde hace mucho. Pero poco después, su vida se ve brutalmente interrumpida tras ser sacudido por una tragedia que lo dejará solo con su joven sobrina de 7 años, Amanda.

Reseña: ¿Que ocurre cuando sufrimos una repentina tragedia personal? Primero nos paralizamos, luego llega la incredulidad, el pánico, el miedo, la confusión, la tristeza… y mientras, tenemos que seguir lidiando con la vida, el trabajo, la burocracia, e intentar alcanzar una nueva normalidad, porque el mundo no se paraliza por nosotros, al menos no durante demasiado tiempo. La nueva película del francés Mikhaël Hers, Mi vida con Amanda, planta una tragedia con ecos verídicos en la tranquila y despreocupada vida de su protagonista, David, para explorar cómo una persona normal puede sobreponerse a una hecho terrible que hará que su existencia jamás vuelva a ser la misma.


La película dedica un tiempo generoso de su metraje a mostrarnos la rutina de David, centrada en un par de trabajos, un romance en ciernes y el tiempo que pasa con su hermana y su sobrina de 7 años, Amanda. De repente, se produce la catástrofe y tiene que hacerse cargo de la cría sin ganas ni idea de cómo ejercer de padre, mientras lidia con su propio luto y asimila los cambios que se van a producir en su vida y sus relaciones afectivas. Para ser una historia tan funesta, Mi vida con Amanda resulta bastante ligera, sin exceso melodramático alguno. Tiene espíritu de comedia francesa y cuerpo de drama lagrimógeno, pero sorprendentemente, funciona bastante bien. Sus personajes lloran cuando necesitan desahogarse, se secan las lágrimas y siguen adelante con una sonrisa con poso triste. El tiempo se presenta como fundamental para que sus heridas dejen de escocer tanto y para decidir qué hacer con la mano de cartas que les tocado jugar en la nueva partida.


Vincent Lacoste fue nominado al César a mejor actor por una interpretación que entremezcla simpatía, desconcierto, melancolía y perseverancia con naturalidad. Además, establece un vínculo muy tierno y honesto con su sobrina de la ficción, una niña llamada Isaure Multrier que también realiza una estupenda labor. Mi vida con Amanda deja a medias temas y tramas interesantes, pero dice mucho más con imágenes que con palabras, alzándose en su emocionante desenlace como un relato optimista sobre todo lo que queda por vivir cuando parece que todo ha terminado, con la certeza de que siempre reconquistaremos los espacios públicos que una vez fueron devastados por el miedo y el odio.

7/10

24/5/20

O.C: El bueno, el feo y el malo (1968)

¿De qué va?: Durante la Guerra de Secesión, tres hombres se lanzan en busca de un arca que contiene 200.000 dólares en monedas de oro robadas al ejército sudista. Tuco sabe que el tesoro se encuentra en un cementerio, mientras que Joe conoce el nombre inscrito sobre la lápida sepulcral que sirve de escondite. Se necesitan el uno al otro. Pero aparece un tercer hombre: Setenza, un desalmado que no vacila en masacrar a mujeres y niños para conseguir lo que quiere.

Reputación: Tercera y última película de la llamada Trilogía del dólar, que fue precedida por Por un puñado de dólares (1964) y La muerte tenía un precio (1965). Clint Eastwood llevó el mismo poncho en las tres películas sin cambiarlo ni lavarlo. Sergio Leone tenia pensado titularla The Magnificent Rogues o The Two Magnificent Traps. Sin embargo, en una sesión de pitching con los ejecutivos de United Artists, improvisó el título definitivo y les encantó, ofreciéndole entre 1,2 y 1,6 millones de dólares de presupuesto, una cifra bastante elevada para la época. El rodaje de la película se llevó a cabo entre las provincias de Madrid, Burgos, Granada y Almería, con algunas escenas de interior rodadas en los estudios Cinecittà de Roma. El cementerio de Sad Hill, lugar donde se rodó la escena final, se encuentra en Burgos, en el término municipal de Santo Domingo de Silos, a escasos kilómetros de Contreras. En 2016 se sometió a un proceso de restauración para convertirlo en lugar turístico y de encuentro de los fans de la película, lo cual quedó recogido en el documental Desenterrando Sad Hill (2017). 


La banda sonora fue compuesta por Ennio Morricone, que también había creado la música de las anteriores entregas de la trilogía. Morricone utilizó disparos, silbidos y yodel para varias canciones, y creó el archiconocido tema principal para que se asemejara al aullido de un lobo. Eastwood terminó el rodaje cansado del perfeccionismo y las exigencias de Leone, por lo que, además de declarar que no quedó contengo con el resultado final, no volvió a trabajar con el director, aunque este intentó que participara en Hasta que llegó su hora (1968).


Comentario: El bueno, el feo y el malo es una de esas películas que aunque no se haya visto resulta muy familiar. Ya sea por su sobreutilizado tema principal, su tenso duelo de miradas (presente en cualquier curso de cine o comunicación audiovisual que se precie), su título o la icónica imagen de Clint Eastwood con su poncho. Pero es que además, la película hace justicia a su fama y legado. Es un western divertidísimo, dirigido con tanta solvencia como inteligencia, con una trama muy sencilla pero suficientemente atractiva como para seguir las desventuras del “bueno” y el “feo” a través del oeste norteamericano y la Guerra de Secesión. Eastwood aporta chulería y carisma sin que apenas necesite esforzarse, pero el mejor del trío protagonista es Eli Wallach, que con su picardía y mala fortuna acaba convirtiéndose en el personaje preferido del público (o al menos eso quiero creer). En cambio, Lee Van Cleef como el “malo” sale perdiendo porque tiene muy pocas escenas. En definitiva, es justo reconocer que esa película que nuestros padres y abuelos ven cada vez que se emite por televisión está francamente muy bien.

Próximo visionado: Toro salvaje (1980)

21/5/20

The Lodge – Cautivos del pecado



Dir.: Severin Fiala, Veronika Franz
Int.: Riley Keough, Jaeden Martell, Lia McHugh, Richard Armitage, Alicia Silverstone, Danny Keough
¿De qué va?: Una futura madrastra queda atrapada con los dos hijos de su prometido en una cabaña solitaria durante una nevada. Justo cuando las relaciones entre ellos parecen mejorar, empiezan a sucederse eventos extraños y aterradores.

Reseña: Detecto una agotadora obsesión en los medios especializados, quizás alentada por las propias distribuidoras cinematográficas, de encontrar “la nueva gran película de terror”. Endosar esa etiqueta supone generar unas expectativas que probablemente no cuadren con las intenciones de la película en cuestión, generando asimismo decepción entre buena parte de un público que no encuentra lo prometido. ¿Es The Lodge la gran película de terror del año como se publicita en su cartel promocional? No. Ni siquiera estoy seguro de que pueda catalogarse en dicho género. Es más bien un drama psicológico sin sobresaltos ni gore pero con una habilidad casi quirúrgica a la hora de diseccionar el miedo al olvido de los series queridos, al recuerdo de las experiencias traumáticas y al castigo divino.


Tras su sonado debut en el largometraje de ficción, Goodnight Mommy (2014), la dupla de cineastas austriacos formada por Severin Fiala y Veronika Franz dan el salto a Hollywood manteniendo intacto su carácter europeo. The Lodge está emparentada con El sacrificio del ciervo sagrado (2017), y no solo porque ambas cuenten con la pequeña intervención de Alicia Silverstone en un registro muy turbador: al igual que el film de Yorgos Lanthimos, The Lodge tiene una atmósfera muy seca, con abundancia de planos abiertos que se van cerrando gradualmente en torno a los personajes, los cuales se ven enfrentados a una situación que se escapa de toda lógica. En este caso, se trata de una joven que se ve atrapada en una cabaña con unos niños que la repudian, mientras experimenta una serie de extraños sucesos que conectan directamente con su oscuro pasado.


La película mantiene un ritmo pausado y denso hasta el mismo final, exento del clásico clímax en el que suele concluir este tipo de historias, lo que convierte a The Lodge en una experiencia enrarecida de principio a fin, alentada por la enigmática presencia de la siempre fantástica Riley Keough. Es muy interesante e inteligente la forma en la que el film maneja su personaje, siendo al principio alguien esquivo pero muy presente en la narración, incluso revelándonos su pasado antes de poder ponerle cara, para luego sumergirnos en su psique conforme su cordura comienza a tambalearse frente a dos niños convenientemente repelentes, encarnados por el omnipresente Jaeden Martell y por Lia McHugh.


The Lodge requiere un esfuerzo, no tanto por su ritmo pausado como por el ejercicio de suspensión de credulidad que debe realizarse respecto a algunos aspectos de la trama. Si se supera, se podrá disfrutar de un relato tenebroso (que no terrorífico) que aborda cuestiones tan inquietantes como la influencia negativa de la maternidad, el fanatismo religioso, o la fragilidad de la estabilidad emocional cuando hay un trauma latente que puede reaparecer si se tocan las teclas adecuadas.

7/10

19/5/20

Lucy in the Sky – Sin diamantes



Dir.: Noah Hawley
Int.: Natalie Portman, Jon Hamm, Dan Stevens, Zazie Beetz, Pearl Amanda Dickson, Ellen Burstyn, Colman Domingo, Tig Notaro, Jeffrey Donovan
¿De qué va?: La astronauta Lucy Cola regresa a la Tierra después de una experiencia trascendental durante una misión espacial, y empieza a perder el contacto con la realidad en un mundo que ahora parece mucho más pequeño.

Reseña: Noah Hawley es el creador de dos de las series más sugestivas de los últimos años: Fargo y Legión. Con la primera consiguió capturar la esencia autoral de los hermanos Coen y aplicarla en una antología que solo cogió de la película original lo justo y lo necesario, mientras que la segunda es una inclasificable historia de superhéroes visualmente apabullante, compleja y muy diferente a todo lo que se ha hecho en el género. En definitiva, Hawley ha hecho suficientes méritos en televisión como para generar  una gran expectación de cara a su salto al cine. Lamentablemente, Lucy in the Sky es un fiasco de proporciones cósmicas.


Ligeramente inspirada en un caso real, la premisa de la película es muy prometedora: tras una incursión espacial, una astronauta llamada Lucy empieza a percatarse de lo mundanal que es todo lo que le rodea, incluso su propio marido, y está deseosa por embarcarse en la próxima misión. El único que parece comprenderla es un compañero de trabajo por el que empieza a sentir una fuerte atracción, pero todo empezará a ir de mal en peor para la estabilidad emocional de Lucy. La ambientación setentera del film es llamativa, pero el director abusa del recurso del cambio de formato de la imagen para transmitir la claustrofobia de su protagonista cuando está en la Tierra, en contraste con la amplitud que le proporciona el espacio exterior. Su intención es tan obvia y reiterada que pierde toda la fuerza que debería tener, al igual que una trama que tira por derroteros frívolos y se torna aburrida hasta llegar a un tercer acto más entretenido pero bastante ridículo.


Natalie Portman maneja un material que en cierta manera recuerda a Cisne negro (2010): una persona obsesionada con alcanzar la perfección en su trabajo que se ve amenazada por una compañera (Mila Kunis entonces, Zazie Beets ahora) y empieza perder el contacto con la realidad. Dicho esto, su interpretación en Lucy in the Sky parece la versión Scary Movie de la que le reportó un muy merecido Oscar. El guion no ayuda, ni la peluca, ni la sobreactuación a la que se ve arrastrada en el tercio final, pero es que resulta imposible empatizar con un personaje tan antipático, algo que siempre es difícil de conseguir, pero no imposible. Jon Hamm, Dan Stevens, Zazie Beetz y Ellen Burstyn pululan por la pantalla con la misma cara de incredulidad que se nos queda a los propios espectadores. Cómo algo con tan buen punto de partida pudo acabar tan mal. A veces la magia del cine sale rana.

3/10

17/5/20

O.C: Cautivos del mal (1952)

¿De qué va?: En Hollywood, el guionista James Lee Bartlow, la actriz Georgia Lorrison, y el director Fred Amiel se niegan a hablar con el magnate Jonathan Shields en el momento de su declive. El productor Harry Pebbel los reúne para saber de dónde proviene el rencor que los tres sienten hacia Shields.

Reputación: Se dice, se comenta, que el ambicioso productor cinematográfico que retrata Cautivos del mal (The Bad and the Beautiful) está inspirado en Orson Welles, Val Lawton (responsable de éxitos de la RKO como La mujer pantera o Yo anduve con un zombi) y David O. Selznick, que estuvo detrás de producciones como Lo que el viento se llevó (1939) y King Kong (1933). Preocupado por lo que pudiese contar la película de Vicente Minnelli, Selznick pidió a uno de sus abogados que la viese para comprobar si contenía algo ofensivo sobre él. A pesar de los paralelismos entre su vida y la del personaje encarnado por Kirk Douglas, el abogado determinó que no existía una base sólida para interponer una demanda. Cautivos del mal ha sido el film que más Oscar ha ganado sin haber sido nominado en la categoría reina, cinco en total. De hecho, ganó todos a los que aspiraba (actriz de reparto, guion, vestuario y fotografía y dirección artística en blanco y negro) salvo el de actor principal; Douglas perdió contra Gary Cooper por Solo ante el peligro (1952). Con 9 minutos y 32 segundos de presencia en pantalla, la actuación de Gloria Grahame se convirtió en la más corta en ganar un Oscar. Mantuvo el récord hasta el año 1976, cuando Beatrice Sraight ganó la estatuilla por su interpretación de 5 minutos en Network, un mundo implacable (1976).


Comentario: Tenía esta película en mi  lista de pendientes sin recordar muy bien cómo supe de ella, hasta que descubrí que la encantadora esposa sureña del personaje del guionista era Gloria Grahame, actriz que descubrí a raíz del biopic Las estrellas de cine no mueren en Liverpool (2017). Me alegro de haberlo hecho porque Cautivos del mal me ha parecido una notable disección de la Meca del Cine. A través de tres relatos perfectamente narrados e interpretados, echamos un vistazo a todas las miserias, las traiciones, los escándalos y las subidas y caídas que se producen detrás de las cámaras. Un director, un guionista y una actriz detestan al productor que les traicionó, pero sin el cual no gozarían del estatus que han alcanzado sus respectivas carreras. Porque la magia del cine, el amor y la pasión que despierta, hacen que todo el sufrimiento que conlleva merezca la pena, y por eso Cautivos del mal acaba siendo un homenaje a una figura tan controvertida como indispensable en el séptimo arte como es la del productor.

Próximo visionado: El bueno, el feo y el malo (1966)

16/5/20

En la autopista – Bebé y vagabundo



Dir.: Logan Marshall-Green
Int.: Ethan Hawke, Elaine Hendrix, Diane Gaeta, Betty Gabriel, Chris Sullivan
¿De qué va?: Russ Millings es un ex convicto que acaba de salir de prisión, tras 20 años de condena. Una noche, cuando saca la basura de su lugar de trabajo, escucha los gritos de un bebé, provenientes del contenedor.

Reseña: Logan Marshall-Green es un actor que parece que nunca va a lograr desprenderse de la etiqueta de “marca blanca de Tom Hardy”. Y es una pena, porque aunque no consiga acceder a los proyectos del nivel que le ofrecen a este último, ha participado en películas tan estimulantes como La invitación (2015) o Upgrade (2018), esta última con un argumento similar a Venom (2018) pero mucho mejor. Upgrade fue producida por Blumhouse, que también ha financiado la película con la que Marshall-Green ha debutado como director y guionista: En la autopista (Adopt a Highway). A diferencia del grueso de títulos de la productora, no se trata de un film de terror, sino de un drama pequeñito sobre Russ Millings, un hombre que sale de prisión tras cumplir una condena de 20 años.


Al principio de la película se explica cómo Russ fue víctima de la conocida como ley de los tres strikes, ya abolida en muchos estados norteamericanos, y que consiste en que alguien puede ser condenado a una larga sentencia en prisión por un delito grave si ya había cometido dos infracciones anteriormente. Junto a ello se muestra la forma en la que los ex-convictos son recolocados en la sociedad: tener trabajo y “fichar” cada cierto tiempo es esencial, pero Russ carece de una red de apoyo que le guíe en un mundo que ha cambiado tanto en dos décadas, pues cuando se le da la oportunidad de reportarse ante las autoridades a través de correo electrónico ni siquiera sabe lo que es Internet. Sin familia ni amigos, está solo en un mundo que le resulta desconocido. Y de repente, encuentra un bebé abandonado. Una fuente de amor incondicional tan perdida como él. En vez de llamar a la policía, decide quedárselo aunque suponga un riesgo para su recién adquirida libertad.


En la autopista es una tierna historia sobre alguien que intenta recuperar una vida arrebatada durante 20 años sin hacer mucho ruido. La fantástica interpretación de Ethan Hawke hace que Russ parezca un niño asustado, ingenuo y triste, que intenta hacer las cosas bien sin tener ni idea de lo que quiere hasta que se cruza en su camino ese bebé, la primera persona de su vida que depende de él y que no le juzga. El film no llega a durar ni 90 minutos, y aunque no logre profundizar demasiado en los temas que toca, se compone de episodios diferenciados entre sí pero centrados en construir la auténtica reinserción de Russ en la sociedad. La ópera primera de Logan Marshall-Green es una pequeña victoria, modesta y poco llamativa, pero con un corazón perfectamente ubicado y funcional. Empecemos a  llamarle por su nombre y no por su parecido físico con otro actor.

6’5/10

10/5/20

Crónica del D’A Film Festival 2020 (2/2)

La gran y más comentada sensación de esta edición del D’A Film Festival ha sido sin lugar a dudas My Mexican Bretzel, un documental de Nuria Giménez Lorang que cuenta a través de imágenes caseras la relación de Vivian y León Barrett entre los años 40 y 60 del siglo pasado. La originalidad viene a través de la forma en la que está contada, con una voz en off presente únicamente en subtítulos y con el  acompañamiento sonoro de efectos muy concretos. Si entran en el juego, disfrutarán mucho de una historia cortada por el mismo patrón de los grandes melodramas clásicos de Hollywood, con una lúcida reflexión sobre la construcción de la realidad y la importancia de lo ficticio en nuestras vidas. A mí particularmente se me atragantó a mitad del metraje su peculiar estilo narrativo, pero le reconozco su mérito y valor.



Otra película entre autobiográfica y experimental dentro de la programación del D’A Film ha sido La educación sentimental de Jorge Juárez. El film mezcla imágenes de un malogrado documental sobre el proyeccionista de un cine poco antes de la digitalización de las salas con las que plasman la relación de su director y protagonista con su novia, concretamente el distanciamiento que se produjo entre ambos tras pillarles de lleno la crisis económica al terminar la universidad. La película es una amalgama de ideas, historias y sensaciones en torno al fin de la ingenuidad y el celuloide para dar paso a una vida adulta complicada, gris y con menos encanto. Me interesa porque he pasado por muchas de las situaciones que se reflejan en ella (un voluntariado europeo como válvula de escape a una España decadente, la fascinación por el cine en 35 mm…) pero creo que su alcance es corto y muy pocos lograrán conectar con ella.



Las filmaciones caseras se han adueñado de esta edición del D’A Film. En Las buenas intenciones, la argentina Ana García Blaya parte de grabaciones de su infancia que introduce en la propia película para relatar el momento en el que su madre encuentra una vida mejor fuera del país, lo que provocaría que tanto Ana (Amanda en el film) como sus dos hermanos ya no podrían pasar tanto tiempo con su padre, que lleva años separado de su madre. Las buenas intenciones es una película muy sencilla pero muy tierna, una carta de amor que le dedica García Blaya a su padre, todo un personaje al que encarna Javier Drolas con muchísimo carisma. Es de ese tipo de personas despreocupadas que tienen el don de caer siempre de pie, pero con la que es muy complicado enfadarse, y con unas amistades a cada cual más peculiar. El cariño con el que Ana/Amanda mira a su progenitor es contagioso y se adueñe de este estupendo film.



Monsters es una película rumana dirigida y escrita por el debutante Marius Olteanu que sigue los pasos de una pareja en crisis. Mientras ella pasa la noche en un taxi, él acude a un encuentro con un hombre que ha conocido a través de una aplicación. Monsters versa sobre cuando en una relación llega el momento de decidir si merece la pena seguir engañándose a uno mismo, ya sea por comodidad, por miedo a lo que vendrá después o por presión social. Olteanu desvela de forma pausada y haciendo un inteligente uso de los cambios de la relación de aspecto de la imagen el conflicto interno de sus personajes, al tiempo que demuestra una gran habilidad a la hora de plasmar situaciones cotidianas, como las interacciones con el vecino pesado o el egoísmo y la despersonalización que se suele producir en los encuentros sexuales concertados por la red. Los protagonistas, Judith State y Cristian Popa, están fantásticos. En definitiva, una ópera prima muy sólida y notable.



Otro debut presente en el D’A Film es el de Mamen Díaz y su Violeta no coge el ascensor, película inspirada en Hannah Takes the Stairs (2007). Violeta Rodríguez, hija de David Trueba y Ariadna Gil, toma el testigo de Greta Gerwig encarnando a una joven que pasa el verano en Madrid como becaria de una editorial, donde se verá metida en un conflicto sentimental con dos compañeros de trabajo. La película es el mumblecore (subgénero del cine indie americano caracterizado por la naturalidad y el bajo coste) trasladado al cine español. Aunque al principio chirría que en algunas escenas aparezca la claqueta o la propia directora dando indicaciones a sus actores, al final no queda mal, y le da a la producción ese toque de “película hecha con los colegas” que en realidad es. No es gran cosa pero, al igual que La virgen de agosto (2019), retrata el verano en Madrid como algo más maravilloso de lo que seguramente sea, se le coge cariño a algunos personajes (ojalá un spin-off sobre la compañera de piso de Violeta) y retrata bastante bien la confusión millennial.



Los lobos de Samuel Kishi es un film mexicano sobre dos niños de 8 y 5 años que viajan con su madre de México a Alburquerque. Cuando llegan a territorio norteamericano, la madre se marcha cada día a trabajar prohibiendo a sus hijos que salgan del departamento donde residen, por lo que los críos tendrán que hacer uso de su imaginación para no aburrirse, con la esperanza de que algún día su madre cumpla su promesa de llevarles a Disneylanda. Los lobos ha sido definida como la The Florida Project (2017) mexicana, aunque también tiene un poco de Nadie sabe (2004). Con todo, la película de Kishi tiene suficiente personalidad propia, una producción muy cuidada, acertados insertos animados y unos niños protagonistas (y una casera asiática) muy entrañables. Como retrato de una situación extrema y dramática desde el ingenuo punto de vista infantil es tal y como se puede esperar, pero igualmente funciona a todos los niveles.



Por último llegó A Stormy Night, la película de clausura del festival. El debutante David Moragas dirige, escribe y co-protagoniza esta historia en la que da vida a Marcos, un documentalista que se queda atrapado en Nueva York por culpa de una tormenta. Marcos es rescatado por una amiga, que aunque no está en la ciudad, le invita a pasar la noche en su casa, donde también vive un amigo suyo. En la presentación de la película, Moragas declara que su película es un homenaje a las comedias románticas con las que creció, sobre todo las de Julia Roberts, aunque la verdad es que no hay nada de eso aquí. Los nombres de Woody Allen y Agnès Varda también son invocados a lo largo del film, pero su influencia no es demasiado acusada. A Story Night es el choque frontal que se produce entre dos personajes con personalidades tan opuestas como sus ideas acerca del amor, las relaciones, el trabajo y la vida, lo cual debería incentivar una atracción sexual que se ve mermada por la escasa química que hay entre los actores. Se agradece que no caiga en algunos de los lugares comunes del cine de temática homosexual, pero termina siendo una propuesta más ambiciosa de lo que consigue abarcar.



Y esto es todo lo que ha dado de sí el D'A Film Festival para un servidor. Ojalá volver a experimentarlo de nuevo, pero ya de forma presencial.