16/1/15

Superego sobre Broadway

Poster Birdman

Dir.: Alejandro González Iñárritu
Int.: Michael Keaton, Edward Norton, Emma Stone, Zach Galifianakis, Naomi Watts, Andrea Riseborough, Amy Ryan, Lindsay Duncan
¿De qué va?: Riggan Thompson, un actor en declive tras hacerse famoso en los 90 interpretando a un superhéroe, confía en que su debut en Broadway con una obra que dirige, protagoniza y adapta relance su carrera, pero tras el fichaje de un prestigioso y excéntrico actor a pocos días del estreno, tanto el anhelado éxito como la salud mental de Thompson empiezan a peligrar.

Reseña: Soy muy fan de la trilogía del dolor de Alejandro González Iñárritu, pero no pasé por el aro con Biutiful. Ahí al director mexicano se le notó su gusto por hundir el dedo en la yaga al doblar las dosis de tragedia humana, y le salió algo muy artificial y lastimero. Siendo un cineasta con tanto talento y plenamente autoconsciente de ello, podíamos esperar que dentro de muchos años realizara como testamento de su carrera artística una película sobre el ego y las inseguridades de la gente del mundo del espectáculo, pero no,  ha optado por dar un giro a su carrera y hacerla ahora, en plena vorágine y en clave tragicómica, sin la perspectiva de quien mira hacia atrás con distancia, y el resultado es verdaderamente maravilloso.

Birdman

Iñárritu sabe de lo que habla cuando habla del ego del artista, siendo muy probable que él también tenga su propia vocecita interior como la que le dice a Riggan que sus intentos por convertirse en un actor reputado son en vano y que la vida de celebrity es la vida mejor. La dicotomía entre popularidad y reputación está planteada a través del enfrentamiento entre Riggan y Mike Shiner (Edward Norton), dos caras de una misma moneda y núcleo de una historia que también toca otros palos a colación como el papel de la crítica, la superficialidad de los trending topics, la excentricidad de los actores de método, la moda del cine de superhéroes, el gafapastismo, el egoísmo de los actores o el efecto que produce el estrellato en la vida familiar, y todo ello bañado de lúcida ironía y rodado a través de la espléndida fotografía de Emmanuel Lubezki en un (falso) plano secuencia que recorre un laberinto de pasillos laberínticos donde se está produciendo un caos de personajes que entran, se interrumpen, gritan, salen, vuelven a aparecer, etcétera, pero es sólo un caos en apariencia, pues todo está planificado y ejecutado a la perfección, incluso unos efectos especiales totalmente integrados.

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Michael Keaton no sólo resulta una elección idónea para interpretar a Riggan Thompson dada la similitud que hay entre su carrera profesional y el personaje, sino porque realiza un trabajo sorprendente y ajustado de un hombre al borde del precipicio de la cordura (en cierta manera recuerda a Natalie Portman en Cisne negro). Keaton se encuentra ante el papel de su vida y lo aprovecha al máximo, es una revelación. Aunque él sea el gran protagonista, la película cuenta con un elenco de secundarios excelente del cual destacan Edward Norton y Emma Stone, más que nada porque ambos tienen los personajes más jugosos: él está muy divertido como el Némesis de Keaton y ella protagoniza momentos geniales como la hija de este último. Sin embargo, la labor del resto de actores, como la de un Zach Galifianakis lejos de las payasadas o una Naomi Watts en plena forma, son igualmente elogiables.

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Birdman (o la inesperada virtud de la ignorancia) es una película que, al igual que su creador, es plenamente consciente de lo genial que es, y aún así no pierde ni un ápice de su magia, en cambio, forma parte de su naturaleza meta. Incluso el hecho de que su banda sonora no sea más que ruido de batería al ritmo de la histeria colectiva resulta ser más un idóneo hallazgo que una mera extravagancia. Y qué final, tan cargado de mala baba como poético. Iñárritu ha canalizado su ego indomable y le ha salido un hito cinematográfico. Chapeau.

9/10