16/12/16

Soldado redentor

Poster Hasta el ultimo hombre

Dir.: Mel Gibson
Int.: Andrew Garfield, Sam Worthington, Vince Vaughn, Luke Bracey, Teresa Palmer, Hugo Weaving, Rachel Griffiths
¿De qué va?: Desmond Doos, un joven contrario a la violencia, se alista en el ejército de los Estados Unidos con el objetivo de servir como médico de guerra. Pero antes, tendrá que luchar contra todo el estamento militar y enfrentarse a un juicio de guerra por su negativa a coger un rifle.

Reseña: Mel Gibson, El Personaje, se escapa a mi comprensión. Mel Gibson, El Director, es otra cosa. De todas formas, ambas facetas están íntimamente ligadas, porque la primera alimenta de creencias, ideas y obsesiones a la segunda, dando como resultado películas con tanto empaque visual como ricas en contenido. Hasta el último hombre (Hicksaw Ridge) no parte de una concepción tan radical como Apocalypto (2006) o La pasión de Cristo (2004), de hecho, es un drama bélico de estructura clásica a más no poder, y recuerda bastante, tanto por el personaje central como por lo que cuenta, a Invencible (2014). Sin embargo, al ver la película de Gibson, uno ve más claro qué era lo que fallaba en la película de Angelina Jolie; ella tenía todas las armas para montar uno de esos films “bigger than life” que sólo Hollywood tiene la desfachatez de hacer, pero le faltó algo importante: la visceralidad, la rabia y el pulso que sí posee el director de Braveheart.

Hasta el ultimo hombre

La película se divide en tres actos, ambientados respectivamente en Virginia, en el campamento de entrenamiento militar y en Okinawa. El primero consiste en una presentación muy correcta del personaje central, Desmond Doos, del origen de su fe y creencias y de su historia de amor, tan cándida como convencional, con una joven enfermera a la que da vida una luminosa Teresa Palmer. A continuación viene el entrenamiento militar, en el que, al tiempo que Vince Vaughn, no tan molesto como de costumbre, aporta unas agradecidas notas de humor al conjunto, la trama se centra en el conflicto de Desmond, esa inquebrantable objeción de conciencia que pone a todo el sistema militar en su contra, haciéndole la vida imposible. Si bien el personaje se apoya en su fe, en ningún momento intenta adoctrinar a sus compañeros para convencerles de que él hace lo correcto y ellos no, al igual que la película no es tanto una apología del poder de la fe adventista como la alegoría de un hombre con una convicción a prueba de bombas, en un mundo en el que los ideales no se cambian fruto de una profunda reflexión, sino porque, o bien son veletas, o se venden al mejor postor.

Hasta el ultimo hombre2

Y tras el final feliz del segundo acto llega el tercero, que nos mete de lleno y sin tiempo para calentar en el campo de batalla. Gibson demuestra aquí su gran habilidad para coreografiar grandes escenas de acción para las que no escatima en sangre y vísceras, y en las que todo es tan caótico como debe serlo una guerra auténtica, pero manteniendo al espectador orientado en todo momento dentro del fuego cruzado. Un infierno embarrado y grisáceo que contrasta con las imágenes blancas, naturales y lumínicas de la ciudad natal de Desmond. Para el momento en el que Gibson se centra en santificar a su héroe con imágenes de un simbolismo nada disimulado, ya nos tiene a todos cogidos por los mismísimos. Incluso podemos pasar por alto que presente una visión completamente unilateral del conflicto, retratando a los japoneses como una horda de kamikazes,  porque pocas veces se separa del punto de vista de Desmond, empezando su calvario particular antes de llegar a Japón, por parte de compañeros y superiores que acaban rindiéndose ante lo que ellos mismos llaman “el milagro”, y porque en ningún momento hace apología de la patria de las barras y estrellas.

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De Hasta el último hombre podíamos esperar que fuese una película rodada con maestría, pero no que fuese escasamente moralista y adoctrinadora, todo esto viniendo de quien viene. Su fuerza y su energía radica en las contradicciones inherentes a su artífice y a su obra, un alegato pacifista revestido con tripas y miembros amputados, así como en su protagonista. Andrew Garfield da la talla como ese tipo larguirucho alegre, bonachón y de espíritu boy-scout que está convencido de que puede ayudar a su país sin traicionar sus convicciones, sufriendo apenas un par de momentos de duda transitoria ante la presión del entorno. Si la película no cae en el ridículo que roza en algunas escenas es porque tanto Garfield como Gibson se están dejando la piel en ella, consiguiendo que volvamos a creer que una sola persona puede marcar la diferencia.

8/10