21/1/16

Noche de paz

Poster Los odiosos ocho

Dir.: Quentin Tarantino
Int.: Samuel L. Jackson, Kurt Russell, Jennifer Jason Leigh, Walton Goggins, Damien Bichir, Tim Roth, Michael Madsen, Bruce Dern
¿De qué va?: Años después de la Guerra de Secesión, una diligencia avanza por el invernal paisaje de Wyoming rumbo a Red Rock. En ella viaja un cazarrecompensas con una fugitiva que entregará a la justicia, junto a otros dos pasajeros que ha recogido por el camino. Ante la llegada de una ventisca, el grupo se refugia en la Mercería de Minnie, donde se topan con otros cuatro extraños que esperen a que amaine la tormenta. Sin embargo, según van pasando las horas se darán cuenta de que tal vez no todos salgan vivos de allí…

Reseña: Quentin Tarantino estrena su segundo western… aunque haciendo honor a la verdad, su pasión por el género se ha traducido de una manera u otra en toda su filmografía, ya sea en unos personajes deudores del arquetipo del pistolero del Oeste, en el uso de la música o en la violencia, tan exagerada y sucia como estilizada. No hay nada nuevo bajo el Sol de Los odiosos ocho, simplemente porque, a diferencia de otros directores, Tarantino aún puede sacar oro de sus constantes sin miedo a aburrir, a caer en la monotonía o a dejar de sorprender. Por eso, puede dejar bien claro en los créditos iniciales que se trata de su octavo largometraje, porque casi nadie va a poner en duda si su cada vez mayor ego está a la altura de su obra.

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Los odiosos ocho es Tarantino sin destilar. Los neófitos de su cine podían pasar por grandes fans amparándose en el equilibro entre acción y “tarantinadas” presente en Kill Bill vol. 1 o Django desencadenado, pero aquí no. Aquí el director saca músculo de su vena como escritor y presenta un relato que es puro ejercicio de guión. Los elementos cinematográficos están presentes y en plena forma: la excelente e insidiosa partitura compuesta por Ennio Morricone, el manejo de los tiempos, la cámara y el montaje, y el formato panorámico que pondera los amplios paisajes nevados y convierte la cabaña, en la que sucede gran parte de la película, en un campo de batalla con diversos frentes, pero todo está al servicio de un libreto de herencia teatral y literaria (¿alguien dijo Agatha Christie?) que se toma su tiempo para presentar a los personajes, ubicar el contexto histórico y tejer los hilos sobre los que se fraguará la tensión del conflicto interracial que hará explotar cabezas minutos después.

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Como tal, exige un esfuerzo extra al espectador que esté acostumbrado a que le den todo fácil y rápido, pero tal y como dice cierto personaje en la película, “se trata de un juego de paciencia”, cuya recompensa llega en el último tramo, cuando se empiezan a levantar las cartas. Es realmente admirable que Tarantino introduzca una línea de diálogo que defina cómo debemos afrontar su película, así como una voz en off explicativa que sale de la nada a mitad del metraje, y que nada resulte forzado. También contribuye un reparto que disfuta dando vida a la mezquindad pura, y que se crece con cada diatriba a recitar, especialmente un Samuel L. Jackson más en su salsa que nunca. Walton Goggins también es una agradable sorpresa, pero la que acaba adueñándose de la función de forma paulatina es una pletórica y desquiciada Jennifer Jason Leigh.

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Los odiosos ocho es tan minimalista como ambiciosa. Sus más de dos horas y media de duración son excesivas pero, a diferencia de lo que se dice por ahí, no creo que le sobre demasiado. Nada es gratuito, ni siquiera la violencia, que una vez más es expuesta por Tarantino como catarsis festiva de la oscuridad inherente al ser humano. La corrección política pondrá el grito en el cielo ante una visión del conflicto racial americano en el que no hay ni buenos ni vencedores, sólo malos, vencidos y rencorosos. La igualdad entre etnias construida por abajo, desde las miserias. Tarantino raficia que el ser humano merece la extinción.

8/10