27/9/16

Falsetes para oídos sordos

Poster Florence Foster Jenkins

Dir.: Stephen Frears
Int.: Meryl Streep, Hugh Grant, Simon Helberg, Rebecca Ferguson, Nina Arianda, Stanley Townsend, Allan Corduner John Kavanagh,
¿De qué va?: Florence Foster Jenkins fue una rica heredera de la alta sociedad neoyorkina que persiguió obsesivamente su sueño de convertirse en una gran cantante de ópera. Ante el inconveniente que suponía su nula habilidad para el canto, su marido y manager, St. Clair Bayfield, decidió protegerla a toda costa de la verdad, haciéndole creer que tenía un don auténtico para ello.

Reseña: En el mundo hay gente que tiene la suerte de tener una habilidad natural para desarrollar su vocación… y luego están los que, por mucho que se empeñen, no sirven para ello, aunque echarle morro y carisma siempre ayuda a suplir la falta de talento. La historia de Florence Foster Jenkins no se distancia demasiado de la experiencia que haya podido tener cualquiera de nosotros en una noche de borrachera y karaoke: sabes que estás desafinando como una hiena, pero te vienes arriba y disfrutas de tus tres minutos de gloria porque te debes al público que te está vitoreando. La única diferente entre la señora Foster Jenkins y nosotros es que ella se podía pagar el karaoke para poder cantar allí todas las veces que quisiera.

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Tras abordar dos personajes tan controvertidos como Lance Amstrong y la Reina Isabel, Stephen Frears se centra en la conocida como peor cantante de ópera del mundo, la cual también sirvió de inspiración para la película francesa Madame Marguerite, estrenada el año pasado. El film de Frears le otorga especial relevancia al personaje del marido y manager de Florenre, St. Clair Bayfield, y a sus múltiples argucias para mantener a su esposa dentro de la burbuja en la que vivía. El director ha optado por eludir los aspectos más sórdidos y antipáticos de la historia real, y así poder construir una comedia amable que ensalza tanto a aquellos que persiguen sus sueños por muy inalcanzables que resulten como a los que se esfuerzan en contribuir a aquello que les apasiona en la vida, sin tener en cuenta la calidad de la aportación realizada. A fin de cuentas, el arte es subjetivo, e incluso los artistas más negados del mundo también tienen su público fan.

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Al tirar por el cariz amable, la película no incide demasiado en el carácter paródico y esperpéntico de sus personajes, pero es ese cariño con el que son tratados lo que impide que se ahonde demasiado en su psicología. Afortunadamente, Meryl Streep, Hugh Grant y Simon Helberg consiguen añadir matices que no se encuentran fácilmente en el guión. Si bien Streep está notable en su histrionismo y vulnerabilidad, lo cierto es que este papel no contiene nada que no haya hecho ya a lo largo de su dilatada carretada, salvo por lo de cantar mal. La auténtica sorpresa es que quede eclipsada por Hugh Grant, fantástico a la hora de otorgar carisma, dedicación y patetismo a un personaje que, teóricamente, debería ser bastante desagradable. Helberg también hace un buen trabajo como el personaje en el que se puede sentir identificado el espectador, pasando del estupor inicial a la comprensión y el apoyo.

Florence Foster Jenkins

Florence Foster Jenkins es una película ligera y disfrutable, hecha  para agradar al gran público y, sobre todo, a ese parte de él que es fiel a los estrenos de la Streep y que quedó decepcionada con Ricki. Es de agradecer que no posea la estructura tradicional del biopic que abarca una vida entera y se centre en un único episodio que defina a todo el personaje central. Pero más allá de las lecturas en torno al mundo del espectáculo y a aquel refrán que dice “Más vale caer en gracia que ser gracioso” no hay mucho que rascar, pero lo que hay es bueno, bonito y entrañable. Seguro que a la Florence auténtica le hubiese encantado.

6’5/10