10/11/16

Metraje encontrado y agotado

Poster Blair Witch

Dir.: Adam Wingard
Int.: James Allen McCune, Callie Hernandez, Corbin Reid, Brandon Scott, Wes Robinson, Valorie Curry
¿De qué va?: Tras descubrir un video en el que cree ver a su hermana desaparecida, Heather, James y su grupo de amigos se adentra en los bosques Black Hills de Maryland, donde  la leyenda cuenta que habita la bruja de Blair, en busca de nuevas pistas que reactiven la búsqueda de la chica.

Reseña: En 1999, los cines se llenaron de carteles con la foto de tres chicos americanos desaparecidos, junto con un enlace web que daba acceso a información y videos sobre su búsqueda. Poco más tarde se estrenaría El proyecto de la Bruja Blair, supuestamente construida a partir de la única pista encontrada sobre su paradero: las cintas que grabaron los chavales  mientras hacían un documental sobre la leyenda local de la bruja de Blair. Nadie sabía si el film era verídico o pura ficción, así que el público acudió en masa al cine movido por la curiosidad. Al salir de la proyección, unos afirmaron haberse cagado de miedo… pero muchos otros la calificaron de timo. Con El proyecto de la Bruja de Blair nació la engañosa y poderosa publicidad viral, se anticipó la democratización de los medios audiovisuales de la era de Youtube y del Smartphone, y se rescató el estilo de metraje encontrado (‘found-footage’) iniciado por Holocausto caníbal (1980) para desarrollar una nueva forma de aterrorizar al personal.

(v.l.n.r.) Lisa (Callie Hernandez), James (James Allen McCune, r.), Peter (Brandon Scott) stützen Ashley (Corbin Reid), Lane (Wes Robinson) und Tamara (Valorie Curry)

Su menospreciada secuela, El libro de las sombras (2000), abandonó el ‘found-footage’ por una narrativa tradicional, evidenciando las limitaciones de la técnica. En los 17 años que han pasado desde el estreno de El proyecto de la bruja de Blair hemos asistido a invasiones extraterrestres, epidemias demoniacas, actividades paranormales, exorcismos y mucho más, pero el efecto “veraz” de este tipo de películas se ha ido perdiendo conforme se ha abandonado el amateurismo de sus inicios. El último en poner un clavo al ataúd del subgénero ha sido Blair Witch, inesperada secuela rodada bajo un absoluto secretismo por uno de los actuales valores en alza del género de terror, Adam Wingard. La película vuelve a jugar con la premisa de haberse montado con el material que grabó un grupo de chavales desaparecido tras internarse en el bosque de marras, pero la videocámara y sus cintas han dado paso a la alta definición, las microcámaras y los drones. Como ya se pueden imaginar, de poco les va servir tanta tecnología a estos desgraciados (que ahora son seis, más carnaza) para salir con vida de ésta.

Tamara (Valorie Curry)

Este grupo de millennials no puede jactarse de tener más sentido común que la generación anterior. Wingard y su guionista habitual, Simon Barrett, evidencian su respeto por la cinta original trazando una narración tan similar a la predecesora que podría pasar como remake, pero no del todo, porque enriquecen la mitología de la película añadiendo nuevas pistas que se enlazan con los acontecimientos previos, respondiendo a algunas de las incógnitas abiertas al tiempo que se crean otras tantas. Los fans podrán ponerse las botas elucubrando teorías y conjeturas, pero el resto no encontrará demasiada emoción en una película que es básicamente lo mismo pero en formato multicámara, con más medios, más efectista, y por ende, menos creíble, más falsa e igual de mareante. Tampoco ayuda que los protagonistas sean los típicos chavales que, por muy increíble que parezca, no deben haber visto nunca una película de terror, porque hacen todo lo que se supone que no hay que hacer en una situación así, como irse solos en la oscuridad, trepar árboles (¿?), separarse a la carrera o creer que alguien que desapareció hace 15 años pueda seguir vivo en un bosque normal y corriente. Wingard y Barrett revirtieron los tópicos del slasher en la estupenda Tú eres el siguiente (2011), pero aquí están a por uvas.

Blair Witch

Lo más destacable del film es su apartado sonoro, tan espeluznante como ambiguo (¿Eso que oímos son aullidos? ¿Gritos? ¿Risas?), el agobiante tramo final y esas pistas sobre el misterio de la bruja de Blair que, sin ser tan sutiles como las de la cinta original, tampoco terminan por aclarar el asunto. Para bien y para mal, ya no somos tan ingenuos como éramos a finales del siglo pasado, así que a pesar de que una supuesta película amateur ya no nos infrinja el miedo de antaño, tampoco podemos sentirnos estafados cuando sabemos perfectamente lo que nos vamos a encontrar. Algunos dirán que, al menos, aquí sí que se ve “algo”, no como la anterior, lo cual parecer ser el principal motivo del enfado que despertó una película tan denostada como clave en la cultura popular del siglo XXI.

5’5/10