20/3/17

Largo domingo de resaca

Poster Trainspotting2

Dir.: Danny Boyle
Int.: Ewan McGregor, Jonny Lee Miller, Robert Carlyle, Ewan Bremmer, Anjela Nedyalkova, Kelly Macdonald, Shirley Henderson, Pauline Turner, Scot Greenan
¿De qué va?: Han pasado 20 años desde que Mark Renton abandonara Escocia y la heroína. Ahora, Renton vuelve a su Edimburgo natal con el objetivo de rehacer su vida y reencontrarse con sus viejos amigos: David “Spud” Murphy y Simon “Sick Boy” Williamson. Sin embargo, Renton ignora que Begbie acaba de salir de la cárcel con fuertes deseos de venganza.

Reseña: Si algo hemos aprendido del boom de ‘revivals’ y secuelas tardías que hemos experimentados en los últimos años es que la nostalgia es un arma de doble filo. Porque al tiempo que nos reconfortamos recordando los viejos y buenos tiempos percibimos de forma más clara que nunca lo decepcionante que es nuestro presente respecto a las expectativas que nos habíamos creado, cuando éste aún era un futuro incierto pero prometedor. En T2: Trainspotting, esta agridulce melancolía se materializa en el personaje de Brenton, pues ese chaval delque nos despedimos veinte años atrás abandonando los vicios que había adquirido en Escocia para empezar una nueva y mejor vida, resulta que se ha convertido en un hombre gris, un proyecto de yuppy sin acabar, al que el pasado le pesa más que aquella gran bosa de dinero que le birló a sus colegas.

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La gran duda que se tenía en torno a esta secuela radicaba en que si se limitaría a ser un más de lo mismo o algo diferente y más maduro, acorde con la edad de los protagonistas. Pues bien, Danny Boyle se ha esforzado por alcanzar un término medio entre la repetición y la novedad, con una historia que incluye la nostalgia por aquellos frenéticos y alucinógenos 90 como parte esencial de su trama, al tiempo que hace que sus personajes lidien con conflictos y dilemas propios de los hombres en la cuarentena, como el remordimiento, las crisis de madurez, la necesidad de una estabilidad económica, el vínculo con los hijos o la importancia del legado. En cierta manera, T2: Trainspotting es desalentadora, en el sentido de que carece del espíritu juvenil y despreocupado de su precedente, lo cual, por otra parte, resulta bastante coherente.

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Aún así, la existencia de esta secuela no queda del todo justificada. La forma en la que saca a colación los temas que aborda no resulta especialmente atractiva ni rompedora, a través de un desarrollo argumental que a veces parece ir un poco a la deriva y que arrastra consigo a los protagonistas, de los cuales Robert Carlyle es el único que consigue brillar, más que nada porque su personaje, de naturaleza tan tragicómica, es el que mejor tratamiento ha recibido en esta secuela. En cambio, Renton (Ewan McGregor) era mucho más carismático cuando se drogaba, y su amistad con Sick Boy (Jonny Lee Miller) queda un poco forzada, puesto que en la primera parte apenas pasaban tiempo juntos. Tal vez el mayor problema de la película sea la experiencia que Danny Boyle ha ganado como director entre el estreno de la primera Trainspotting y su secuela; la inventiva de aquel entonces ha dado lugar a una pericia muy calculada que impide que la película tome riesgos y que algo nos sorprenda de verdad, aunque también es verdad que Boyle sigue demostrando mucho ingenio en lo que se refiere a recursos narrativos puramente visuales (la sombra de las personas ausentes, la escena del lavabo, el reencuentro entre Renton y Spud…).

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Sin tanto interés en retratar los vicios de la cultura pop como la cinta original, T2: Trainspotting es como la resaca después de una gran juerga, de esas de las que necesitas dos días para recuperarte porque ya no tienes el aguante de antaño. No estoy del todo seguro de que me haya gustado descubrir que Renton y compañía han tenido unas vidas tan anodinas como las de cualquier hijo de vecino, aunque fuese de esperar. El film también se muestra incapaz de presentar un repertorio musical que resulte tan icónico como el de su predecesora, aunque sí que consigue que terminemos el visionado dando botes recurriendo a ese Lust for Life de The Prodigy con el que cierra el círculo de este ejercicio de nostalgia y desencanto cuarentón.

6/10