14/9/20

No creas que voy a gritar – La enfermedad de la cinefilia



Dir.: Frank Beauvais
¿De qué va?: En enero de 2016, la historia de amor que le hizo ir a una ciudad de Alsacia acabó hace seis meses. Se encuentra solo, sin coche, sin trabajo o cualquier perspectiva de vida futura. Francia, todavía recuperándose de los ataques terroristas de noviembre, se encuentra en un estado de emergencia. Sintiéndose indefenso y perdido, ve más de cuatro películas al día. Entonces, decide empezar a grabar ese estancamiento, no tomando en mano una cámara, sino editando planos de las películas que ve.

Reseña: Cuando estoy triste suelo ver películas dramáticas. De adolescente solía recurrir a Réquiem por un sueño (2000). Solía decir que era porque ver a gente que tenía más razones para estar "depre" que yo me hacía sentir mejor. Ahora siento que las utilizo como catarsis, una forma efectiva de “descongestionarme” emocionalmente, y aún así… ¿y si en vez de ayudarme lo que hacen es hundirme más en la miseria? Esta pregunta ronda sobre el documental No creas que voy a gritar (Ne croyez surtout pas que je hurle), una especie de diario oral ilustrado con imágenes de cientos de películas en el que su autor, Frank Beauvais, cuenta cómo tras una ruptura sentimental acabó aislado del mundo y confinado en su casa viendo películas durante todo el día.


Esto no va sobre el reciente confinamiento por el que todos hemos pasado, pero aquellos que lo aprovechamos para zampar películas y series como jamás habíamos podido hacer en la vida adulta nos sentiremos muy identificados con la experiencia de Beauvais. El cine pasa de ser una vía de escape y una forma de aprendizaje y de aproximación a otras culturas a convertirse en una profunda madriguera que le conduce a una espiral de letargo físico y emocional. Difícilmente pueden identificarse a qué títulos pertenecen las numerosas imágenes que ilustran el film, pues están completamente descontextualizadas; la mayoría son breves planos detalle que complementan los pensamientos y la narración del propio Beauvais, cuyo tono de voz quizás sea demasiado monocorde, pero no especialmente molesto.


En 75 minutos, Frank Beauvais cuenta un relato personalísimo sobre un estado depresivo en el que las películas ejercen tanto de tabla de salvación como de guillotina. Su cinefilia y melancolía son canalizadas de forma tremendamente original y clarividente en No creas que voy a gritar, un testimonio vital y fílmico sobre el desamor, la soledad, la tristeza, la apatía, la enajenación y el amor al Séptimo Arte con el que nos veremos íntimamente identificados todos los lunáticos cuya visión de la vida y del mundo se construye y enmienda a través de las películas.

8/10

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