16/1/17

Dejados de la mano de Dios

Poster Silencio

Dir.: Martin Scorsese
Int.: Andrew Garfield, Adam Driver, Liam Neeson, Yôsuke Kubozuka, Yoshi Oida, Ciarán Hinds, Tadanobu Asano, Shinya Tsukamoto, Issey Ogata,
¿De qué va?: En la segunda mitad del siglo XVII, dos sacerdotes jesuitas portugueses emprenden un viaje a Japón para encontrar a su mentor, el padre Ferreira, pues se rumorea que ha renunciado a su fe, tras haber sido perseguido y torturado. En busca de este misionero, los dos jesuitas verán con sus propios ojos el suplicio y la violencia con la que los japoneses reciben a los cristianos.

Reseña: Pedro Almodóvar quería llamar a su última película Silencio, en referencia a la ausencia de comunicación por parte de una hija hacia su mortificada madre. Sin embargo, tuvo que cambiar el título a Julieta cuando descubrió que iba a coincidir en el tiempo con el estreno del nuevo pero largamente postergado trabajo de Martin Scorsese. Lo curioso del caso es que ese silencio al que hace alusión el film del director de El lobo de Wall Street también tiene que ver con la desesperación producida ante la falta de respuesta, concretamente la que siente un sacerdote a su Dios cuando llega a una tierra lejana que parece un infierno terrenal para la cristiandad. Silencio arranca con maneras de thrillers, presentando a dos sacerdotes/detectives que investigan una misteriosa desaparición en un lugar peligroso, hasta mutar en un tratado complejo y pormenorizado sobre la fe.

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Puede que realmente la fe no sea capaz de mover montañas, pero sí que es un poderoso instrumento que, de estar bien arraigada, puede hacer que el ser humano sea capaz de incluso entregar su vida por ella, y todo por algo intangible que, en teoría, le será recompensado al pasar a mejor vida, a través de un pase directo al paraíso. Scorsese examina los límites de la fe a través de dos jesuitas que se ven aislados en un lugar donde no reciben los mensajes del señor, y en el que todo aquel que practica el cristianismo es apresado y castigado de maneras terriblemente crueles, acordes con el martirio que defiende la religión que profesan. Esas escenas de violencia física y psicológica son las que evocan al Scorsese más visceral, puesto que, tanto para bien como para mal, la película está concebida y dirigida como si se hubiese rodado por un equipo íntegramente oriental, de ahí un look húmedo y nebuloso como el de los films de Akira Kurosawa y compañía, y un tempo narrativo sosegado y dilatado, que deja espacio el diálogo entre los personajes y la reflexión del espectador, no apto para los más impacientes.

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La película es larga, densa y reiterativa, pero se justifica en buena medida con lo bien expuesto que está el calvario personal que sufre el protagonista de la historia, el padre Rodigues; tras irse a la guerra con su fe como única arma en Hasta el último hombre, Andrew Garfield brinda otra gran interpretación dando vida a un devoto cuya cordura y fervor religioso se tambalean cuando le asaltan las dudas en torno a su amado Dios, al coste humano de las penitencias que éste exige y al sinsentido de ser obligado a absolver pecados una y otra vez, en esa “puerta giratoria” en la que acaba derivando la confesión de los mismos. Silencio está contada casi en su totalidad desde el punto de vista de su personaje, por lo que descuida un poco la visión de su compañero, el siempre infalible Adam Driver, pero al mismo tiempo, desarrolla unos personajes japoneses fascinantes que exponen los ambos lados de la persecución de los cristianos en Japón.

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Lástima que la devoción del propio Scorsese le impida dejar el final abierto que demandaba la historia y profundizar algo más en la crítica hacia unos predicadores que, al fin y al cabo, llegaron a una tierra ajena para difundir la palabra de su Dios y desacreditar cualquier religión que no fuese la suya; la cuestión está presente en la historia más por elucubración propia del espectador que por cuenta del guion. Puede que Silencio sea demasiado antipática, fría y religiosa como para entusiasmar al gran público, pero la pasión que ha volcado Scorsese en ella, así como su clarividencia narrativa, visual y expositiva, resulta incontestable, a diferencia del alcance y la misericordia que tiene el Dios cristiano respecto a sus creyentes nipones.

7/10