7/9/15

Pasar el testigo o echarse a correr

Poster Mientras seamos jovenes

Dir.: Noah Baumbach
Int.: Ben Stiller, Naomi Watts, Adam Driver, Amanda Seyfried, Maria Dizzie, Charles Grodin, Adam Horovitz, Brady Corbet
¿De qué va?: Josh y Cornelia forman un matrimonio neoyorkino sin hijos y en plena cuarentena. Mientras sus amigos no paran de hablar de sus bebés, la pareja comienza a pasar más tiempo con Jamie y Darby, un par de veinteañeros hipsters también casados. Pronto, Josh y Cornelia empiezan a disfrutar de la energía que les reporta codearse con gente de una generación más joven, pero Josh comenzará a sospechar de la honestidad de su nuevo amigo.

Reseña: Estuve tentado de titular esta crítica Niños grandes, pero poco después me di cuenta de que se trataba de un error. No sólo porque sería abominable establecer un vínculo entre el filme de Noah Baumbach y la chorrada a mayor gloria de Adam Sandler y sus colegas, sino porque dar a entender que se trata de una película sobre adultos inmaduros o el síndrome del peterpanismo sería injusto; como titular tiene un pase, pero es que hay mucho más bajo la superficie.

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A través de su apariencia de comedia ligera intelectual, Mientras seamos jóvenes dispara multitud de dardos y reflexiones sobre el recambio generacional, sobre esa creencia general de que debemos procrear para tener una vida plena, sobre esa clase de padres que viven a través de sus hijos, del miedo a hacernos mayores y que sea demasiado tarde para alcanzar nuestros objetivos, especialmente cuando llega alguien más joven y consigue el éxito en poco tiempo,  de la gente que se cree especial y confía en que el mundo le debe algo sólo por existir, y de mucho más. La pareja protagonista, formada por un correcto Ben Stiller y una maravillosamente expresiva Naomi Watts, no son adultos que aún no han madurado, sino una pareja que no sabe si seguir la corriente y tener hijos les hará felices, o si sólo lo desean por cumplir con lo que se espera de ellos y para compensar frustraciones personales y profesionales.

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Es entonces cuando se cruzan con la pareja de hipsters, a los que dan vida con suma convicción Adam Driver y Amanda Seyfried, y no sólo descubren que su casa está llena de objetos que ellos hubiesen tirado hace tiempo, sino que al estar con ellos y acompañarles en sus planes se contagian de una vitalidad que perdieron cuando se acomodaron en su estilo de vida de clase media-alta, pero también acabarán dándose cuenta de que no comparten los mismos valores, y eso no tiene por qué ser necesariamente malo, sólo diferente, síntoma de los tiempos que corren. Tal y como se dice en la película, nada es blanco o negro, y aparte de la puyitas al postureo hipster, a los padres infantilizados y a los autoproclamados cineastas visionarios, la película expone una realidad global, pero sin dictaminar veredictos a favor o en contra de sus personajes y sus opiniones, por muy absurdos que sean.

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La película da un giro en su último tramo, se centra en el personaje de Ben Stiller y el ritmo  decae, aunque con su ingeniosa resolución consigue arreglarlo bastante. En líneas generales, Frances Ha, el anterior trabajo de Baumbach, era mejor película, pero Mientras seamos jóvenes es mucho más compleja y sugestiva, y confirma a su director como un alumno aventajado de Woody Allen, semejante al director de Annie Hall en su forma de diseccionar la sociedad con humor, precisión, aparente ligereza y un toque agridulce.

7’5/10