17/1/17

El suspiro circular de la vida

Poster La tortuga roja

Dir.: Michael Dudok de Wit
¿De qué va?: Un náufrago llega a una isla tropical poblada por aves, cangrejos y tortugas. El completa soledad, el hombre sacará todas las fuerzas necesarias para construir una balsa que le permita escapar de allí, pero todos sus intentos se verán frustrados por una misteriosa fuerza que destruye sus embarcaciones.

Reseña: Aunque hace ya tres años que se anunció el cese temporal de actividad del estudio de animación Ghibli, siguen llegándonos a la cartelera películas bajo su sello, ya sea porque se estrenan con mucho retraso (El cuento de la princesa Kaguya llegó a los cines españoles con tres años de demora) o bien porque son largometrajes que se iniciaron antes de que decidieran tomarse un descanso. Es el caso de La tortuga roja, que empezó a gestarse en el 2006, después de que el mismísimo Hayao Miyazaki quedase tan prendado del oscarizado corto Father and Daughter que instó a su estudio a que colaborase con su director, el holandés Michael Dudok de Wit, dando como resultado la primera producción de Ghibli fuera de su Japón natal.

La tortuga roja

La animación de La tortuga roja recuerda al Tintín de Hergé pero su esencia es puro Ghibli: la comunión del hombre con la naturaleza, el imparable transcurrir del tiempo y cierto folklore fantástico son los tres pilares fundamentales sobre los que se sostiene un relato que, al igual que el corto que le valió a de Wit la admiración de Miyazaki, está completamente exento de diálogos y de palabras, lo cual acrecienta enormemente su poder evocador y alegórico. Lo que empieza como una revisión minimalista del cuento de Robinson Crusoe termina transformándose en una parábola sobre las diferentes etapas vitales del ser humano, de su inherente naturaleza social y de su cambiante y compleja relación con el entorno que le rodea, en el que todo está envuelto en un ciclo vital circular que puede resultar tan provechoso como implacable.

Fusion x64 TIFF File

No hay ni una solo plano de la película cuya composición no resulte armónica o hermosa; los trazos, la paleta de colores, los movimientos, los sonidos… todo es suave, delicado y sencillo, transmitiendo sensaciones y emociones genuinas y profundamente humanistas, al tiempo que hace un uso magistral de la elipsis y se vale de la música para llenar el vacío que dejan unas palabras ausentes que, por otra parte, nunca se echan en falta durante los ajustados 80 minutos que dura el film. Al igual que en aquella obra maestra animada que es El ilusionista de Sylvain Chomet, el poder de sus imágenes es más que suficiente para zambullir al espectador en esta preciosa fábula, dejando que sea éste quien saque su propia interpretación de lo que ha visto, tan válida como cualquier otra, pues, al fin y al cabo, La tortuga roja puede tanto aburrir a quien no consiga conectar con ella como convertirse en una experiencia tan íntima y personal como la que vive el náufrago con ese misterioso quelonio que se cruza en su camino.

8/10