17/5/16

Temerosos de Dios

Poster La bruja

Dir.: Robert Eggers
Int.: Anya Taylor-Joy, Ralph Ineson, Kate Dickie, Harvey Scrimshaw, Ellie Grainger, Lucas Dawson
¿De qué va?: En la Nueva Inglaterra del año 1630, un matrimonio de colonos cristianos, con cinco hijos, vive aislado cerca de un bosque. Cuando el hijo recién nacido desaparece y los cultivos no crecen, los miembros de la familia se rebelan los unos contra los otros, mientras un mal sobrenatural les acecha de cerca.

Reseña: En los últimos años, se ha producido una llegada de cineastas noveles que han insuflado con ideas nuevas y creativas al maltrecho género de terror, jugando con sus mecanismos y sus golpes de efecto para elaborar historias que no se conforman con sobresaltar al espectador a base de los sustos manidos de siempre: a Fede Álvarez (Posesión infernal), Jennifer Kent (Babadook) y David Robert Mitchell (It Follows) hay que sumar ahora a Robert Eggers, cuya encomiable ópera prima, La bruja, llega dispuesta a entusiasmar a unos pocos y a irritar a aquellos incautos que se acerquen al cine creyendo que van a ver una película de miedo convencional. La culpa es de Universal, por hacer una campaña de marketing tramposa en la línea de la de El bosque (2004).

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Porque La bruja no es una película de terror, sino sobre el terror. El terror que experimenta una familia puritana del siglo XVII hacia el aislamiento, a la amenaza de inanición, a las leyendas que hablan de brujas que se comen a los niños, a alejarse de su Dios y, en consecuencia, a ser castigados y ganarse un merecido puesto en el infierno. Eggers desmantela la fe y la armonía de esta familia valiéndose de elementos cotidianos e inofensivos y detalles perturbadores, creando una atmósfera densa y lúgubre, con la inestimable ayuda de la sombría partitura de Mark Korven y de una dirección de fotografía que enfatiza el carácter pictórico y espeluznante de sus imágenes, sin grandes alardes técnicos, pues muchas veces se resuelven los momentos más inquietantes con un simple plano-contraplano, y en algunos casos con un único plano sostenido.

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Y mientras la violencia se va haciendo más y más patente entre los miembros de la familia, encarnados por unos intérpretes perfectamente aclimatados (los jóvenes Anya Taylor-Joy y Harvey Scrimshaw deslumbran), el director expone las maneras y costumbres de la época, haciendo especial hincapié en la represión sexual y la discriminación femenina, dejando entrever que las brujas no son más que la consecuencia de una sociedad patriarcal que utiliza a las mujeres para las tareas del hogar y para procrear, siendo repudiadas y proscritas cuando se atreven a contradecir a sus mayores o a pensar por sí mismas. ¿Existen las brujas o son producto de la histeria colectiva de una comunidad que censura cualquier atisbo de libertad o de razonamiento crítico?

La bruja

La bruja provocará los abucheos y las risas de todos aquellos que se desesperen al encontrarse con una película que no les mantiene despiertos a base de golpes de efecto. Para todos los demás, se trata de una película hermosamente perturbadora, cocinada a fuego lento, que utiliza las convenciones del género para componer un relato perfectamente cohesionado, entre el costumbrismo y la fábula, entre lo clásico y la innovación, sobre la fragilidad del ser humano, y sobre cómo sólo hace falta tocar unas teclas para que todo se venga abajo y la rendición ante el Mal se produzca. Sus imágenes aspiran a convertirse en iconos del cine contemporáneo.

8/10