30/12/16

Salto de fe accidentado

Poster Assassins Creed

Dir.: Justin Kurzel
Int.: Michael Fassbender, Marion Cotillard, Jeremy Irons, Ariane Labed, Michael Kenneth Williams, Javier Gutiérrez, Brendan Gleeson, Charlotte Rampling, Denis Ménochet
¿De qué va?: Callum Lynch es un criminal condenado a ser ejecutado que recibe una segunda oportunidad de la organización Abstergo, que ha desarrollado una tecnología revolucionaria que permite el acceso a los recuerdos genéticos. Así descubre Callum que procede de una misteriosa organización secreta, los Assassins, reviviendo las aventuras de Aguilar, un antepasado que vivió en la España del siglo XV.

Reseña: Algunas de las mejores narrativas actuales se encuentran en los videojuegos. Esto es así, y quien se atreva a decir lo contrario es porque, o tiene una concepción muy sesgada del sector, o porque nunca se ha topado con el videojuego adecuado. Por tanto, es totalmente factible que, al igual que la literatura y el teatro, el entretenimiento electrónico ejerza de fuente de inspiración para el cine. El problema de la mala fama de las películas basadas en videojuegos es que sus artífices se quedan con el look y la acción, como si eso fuera suficiente para evocar las mismas sensaciones que se producen durante la experiencia de juego, y sin molestarse en desarrollar una historia con empaque y sustancia porque, total, los videojuegos consisten en disparar a marcianitos y poco más, ¿no? El salto al cine de Assassin’s Creed se anunció con la promesa de que eso iba a cambiar, con un director y una estrella de cine con prestigio que habían salido airosos de sacar adelante una nueva y original adaptación de Macbeth. Pero después de todo, parece que es más fácil adaptar a Shakespeare que un videojuego…

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Hablando en plata, Assassin’s Creed es un desastre sin pies ni cabeza. Su guion presenta la trama y a los personajes de forma atropellada y confusa, pero luego se permite  largos parlamentos sobre la naturaleza de la violencia y sobre su presunta erradicación que resultan huecos y absurdos, como otras muchas líneas de diálogo con ínfulas profundas y sentenciosas. La película pasa más tiempo en la gélida y plomiza línea temporal del presente que en la del pasado, que reimagina la Sevilla del siglo XV envuelta en una perpetua tormenta de arena. La atmósfera sucia y sofocante se les ha ido de las manos, provocando una monotonía visual y una oscuridad que impide ver bien las secuencias de acción, que son los momentos más entretenidos y logrados de la película con diferencia, porque ni siquiera la simple y acartonada trama planteada en el pasado está bien contada. Todo es confuso, incoherente y rodado desde la apatía.

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Se suponía que Michael Fassbender era la garantía de que esta película iba a ser decente cuanto menos, no solo porque la protagonizase, sino porque se ha involucrado como productor en el proyecto desde su origen. Pues bien, aquí lo que ha conseguido el actor es liderar su primer blockbuster en solitario, lucir torso de la forma más gratuita posible y olvidarse un rato de actuar para limitarse a posar. Su interpretación es pura pose para quedar guay en las imágenes promocionales, pero su personaje no tiene carisma ni transmite empatía, y su evolución en la historia resulta casi tan arbitraria como la de Marion Cotillard, que hace lo que puede con un personaje que cambia de parecer según le convenga al guion. Jeremy Irons no tiene por qué esforzarse mucho en hacer de villano, dado que su naturaleza vil resulta evidente desde el primer plano, mientras que Brendan Gleeson y Charlotte Rampling sueltan un par de frases “filosóficas” y “crípticas”, cobran el cheque y tan contentos.

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Aunque parezca que me mueve la inquina, nada más lejos de la realidad: me pasé el primer juego de la saga, me gustó sin más, pero creí ver mimbres para una buena película de ciencia ficción con trasfondo histórico, y tras los buenos resultados de Macbeth, parecía que Kurzel, Fassbender y Cotillard formaban un equipo inmejorable para sacarla adelante. Pero no. Assassin’s Creed deja bastante que desear y sus pretensiones de ser la mejor película basada en un videojuego le vienen grandes; se toma demasiado en serio a sí misma, y ni siquiera resulta tan distraída como las dos partes de Tomb Raider o cualquier entrega de la saga de Resident Evil. Y encima se permite el lujo de dejar la historia abierta, con la esperanza de enganchar a los espectadores y a hacer la suficiente caja como para dar pie a una lucrativa franquicia. Eso sí que es fe y no el característico salto de la Orden de los Asesinos.

3’5/10