6/7/15

Vida desahuciada

Poster Techo y comida

Dir.: Juan Miguel del Castillo
Int.: Natalia de Molina, Mariana Cordero, Jaime López, Mercedes Hoyos, Gaspar Campuzano, Montse Torrent, Natalia Roig, Manuel Tallafé
¿De qué va?: Rocío es una joven madre soltera y sin trabajo que vive con su hijo de 8 años en un piso que no puede pagar desde hace meses. Entre la vergüenza y el temor de perder la tutela, Rocío sufre en soledad una situación que empeora día a día. La denuncia del propietario de la vivienda precipitará la amenaza de la orden de desahucio.

Reseña: Dado el clima social que tenemos en España desde hace años, tarde o temprano tenía que llegar una película que denunciase un drama por el que pasan muchos españoles cada día: la impotencia ante la ausencia de empleo y la inminente amenaza de perder la casa. Menos mal que el debutante Juan Miguel del Castillo ha rodado ya Techo y comida, porque con la entrada en vigor de la Ley Mordaza quizás no se lo hubieran permitido a partir de ahora ¿no? Bueno, mejor no nos pongamos demagogos, que para eso ya está Twitter.

Techo y comida

Techo y comida gira en torno a Rocío, una joven sin estudios, madre soltera y de familia en paradero desconocido que es propensa a despertarse en medio de la noche presa del pánico. Pánico de no poder encontrar un trabajo, pánico de que la echen de su casa, pánico de que le quiten a  su hijo. Para cuando llegue el subsidios del gobierno, quizás ya sea demasiado tarde. Ella es, al fin y al cabo, una cría abandonada a su suerte, con escasos recursos para salir adelante, pero que tomará medidas desesperadas por sobrevivir un día más. Rocío es encarnada por una irreconocible Natalia de Molina, en las Antípodas de la luminosidad que desprendía en Vivir es fácil con los ojos cerrados, realizando una interpretación desnuda, frágil y rabiosa de una heroína condenada a la tragedia. La película se mantiene fundamentalmente sobre sus hombros, y es gracias a ella que nos la creamos, a pesar de que su acumulación de infortunios y mala suerte esté a punto de alcanzar los irrisorios niveles de Precious.

Techo y comida3

El principal y gran inconveniente de Techo y comida, por el que muchos sentirán rechazo hacia ella, es su tendencia al subrayado. Su director y guionista rodea a la protagonista de personajes egoístas, algunos incluso sin rostro, con nula empatía, lo cual resulta una vía rápida para enfatizar el drama. La solidaridad o, cuanto menos, la amabilidad, están convenientemente ausentes en la trama. La excepción es una bondadosa vecina que le echa una mano y su casero, que a pesar de su apariencia de ogro también necesita con urgencia el dinero de la renta. La escena más poderosa y emotiva de la película establece un ingenioso y contrastado paralelismo entre el drama individual respecto a una celebración nacional, pero también es un tanto tendenciosa al catalogar ésta como un simple plan y circo para la ciudadanía. No seré yo quien diga lo contrario, pero todo el mundo necesita un poco de respiro también.

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Techo y comida es un potente y pertinente drama social, cuyo espíritu no se distancia demasiado del de aquella joya del neorrealismo italiano llamada Umberto D., y cuya eficacia se canaliza por un lado a través de la portentosa interpretación Natalia De Molina (firme contendiente al premio de mejor actriz en los próximos Goya) y por el otro a través de una historia que resulta tan tremenda que puede resultar forzada. Todos conocemos casos como el que se nos cuenta en la película, ya sea por cercanía o por la televisión (sobre todo la que trafica con el porno-drama), y las lecturas de la película son tan evidentes que no hacía falta, por ejemplo, que concluyese con la misma pregunta que se utiliza para su promoción. La reflexión surge sin necesidad de traerla a empujones.

7/10