10/1/17

Los amantes espaciales

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Dir.: Morten Tyldum
Int.: Chris Pratt, Jennifer Lawrence, Michael Sheen, Laurence Fishburne
¿De qué va?: Una nave espacial encargada de transportar a miles de personas hasta una remota colonia terrestre sufre una avería en una de las cápsulas de hibernación tras el impacto de un gran meteorito. Como resultado, un pasajero se despierta 90 años antes del final del viaje.

Reseña: “El amor es lo único que podemos percibir que trasciende dimensiones de espacio y tiempo”. Lo dijo la científica a la que daba vida Anne Hathaway en Interstellar, pero al margen de lo lícita que pueda ser tal afirmación, casa perfectamente con la tesis que nos trae Passengers, nueva propuesta de ciencia ficción espacial con una de esas premisas tan jugosas como difíciles de desarrollar, al girar en torno a dos únicos personajes enfrentados a una cuestión moral y metafísica, algo más propio del cine independiente que de un gran blockbuster de estudio; conviene recordar el dato de que el guion, rescatado de la Black List de 2007 que aglutina los mejores libretos sin producir, daba para una película modesta, en la línea de Moon (2009), que iban a protagonizar Keanu Reeves y Rachel McAdams hasta que Sony se hizo cargo de ella y contrató a dos de las estrellas del momento para protagonizarla y a un director foráneo, Morten Tyldum, que acababa de ser nominado al Oscar (The Imitation Game).

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Al  conocer los antecedentes del film resulta más evidente su principal problema: es un monstruo de dos cabezas. Una de ellas lidera aproximadamente la primera hora de película, y es la que pone sobre la mesa cuestiones como la imperiosa necesidad del ser humano por sociabilizar y tener contacto con otra persona, el instinto de supervivencia y la voluntad egoísta que conlleva, la excesiva dependencia de la tecnología y sus limitaciones a la hora de facilitarnos la vida o qué es lo que determina la felicidad y tener una vida plena. Sin embargo, cuando la película toma un carril más romántico, entra en escena la segunda cabeza del monstruo, con el objetivo de cubrir las cuestiones más incómodas y controvertidas del relato, redirigiendo la atención a problemas externos a la relación de la pareja protagonista. Así, la película cumple con su condición de blockbuster, haciendo que los efectos especiales y la acción (nada que no hayamos visto ya) pase a primer plano, resolviendo de paso y por encima el enorme conflicto que había planteado previamente.

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Ese cambio de tercio que sufre la película en su recta final arrastra a su protagonista masculino, Chris Pratt, puesto que a pesar de que en el primer tramo demuestra un registro dramático alejado de ese papel de pícaro charlatán en el que se está encasillando, llega un momento en el que su personaje se estanca, quedándose en piloto automático hasta el final y dejando que sea Jennifer Lawrence la que lleve todo el peso emocional de la historia. Ambos tienen química, sin ser nada del otro mundo, pues son más creíbles como colegas de copas que como pareja romántica. Al menos tenemos a un estupendo y robótico Michael Sheen que da bastante vidilla al asunto como barman confidente de la pareja, en un evidente homenaje a El resplandor.

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Passengers es un film entretenido y resultón, pero la sensación que queda es la de un “lo que pudo ser y no fue”, debido a un desarrollo que desvirtúa las preguntas y las lecturas sobre la contradictoria e imperfecta naturaleza humana tirando de parches inverosímiles para cubrir los agujeros de guion, y de fuegos artificiales que facilitan una redención que debía haberse buscado de formas más elaboradas. La película tiene, de hecho, varias encrucijadas perfectas para asumir riesgos, sorprender al espectador y jugar con su planteamiento, pero en vez de ello tira por el camino fácil, aquel que contentará a todo aquel que se acerque a ella en busca de un entretenimiento ligero y superficial, pero que decepcionará a cualquiera que esperase que el universo de la ciencia ficción se ensanchara un poco más con ella. Finalmente, ni se expande ni se contrae.

6/10