11/10/16

Crónica del 49º Festival de Sitges (Jornada IV)

Por Carlos Rodríguez

El día de hoy ha venido cargado de jugosas novedades, algunas de las cuales se encuentran entre lo más esperado del Festival.

Blair Witch

Sobre todo, claro, hablo de la nueva cinta de Adam Wingard para la Sección Oficial: Blair Witch, remake del ya clásico del cine de terror de los 90 El proyecto de la bruja de Blair. Lo más decepcionante de todo no es que, finalmente, sea una cinta mediocre, que lo es. Es que nos haya vuelto a vender otra vez la misma película, con este remake indisimulado que no aporta prácticamente nada. La trama es la misma, está estructurada prácticamente igual, los sustos son igual de tontos, y lo único bueno que tenía la primera, que era precisamente la originalidad del formato, se pierde, ya sin apenas factor sorpresa. Una atmósfera conseguida con solvencia es lo poco que salva de la mayor de las quemas a esta película innecesaria, que parece querer confiar todo su éxito al estruendo y la sucesión de sobresaltos. Para el que le guste.

Dog Eat Dog

Dog Eat Dog es un thriller dirigido por Paul Schrader, también en Sección Oficial. La historia gira en torno a tres ex convictos que se dedican a realizar encargos delictivos para ganar dinero. Las fantásticas interpretaciones principales de Cage (sí, se lo tengo que reconocer) y Dafoe, sostienen una película que no aporta demasiado, pero que está rodada con pulso firme, aludiendo a los thrillers de los 90 con un estilo pulp muy característico. El resultado, por suerte, es bastante entretenido. Y como no se propone otra cosa, se puede decir que objetivo conseguido. Pretende, eso sí, algunas florituras formales que en realidad ya están más vistas de lo que se cree, pero siguen funcionando en pantalla. Además, la letra de Schrader es, como de costumbre, más que potente.

Creepy

Lo mejor del día ha sido sin duda la tercera de esta Sección Oficial, que viene a confirmar lo fuerte que está pegando el cine asiático este año. Hablo de la cinta del gran Kiyoshi Kurosawa Creepy. La urdimbre tejida por Kurosawa en este tenso thriller psicológico de terror posee una fuerza virulenta que traspasa la pantalla y se clava en el espectador, que solo puede permanecer indefenso a merced del talento del japonés. Tras un soberbio arranque, Kurosawa nos monta una película de intriga policíaca de asesinatos completamente envolvente, con atmósfera, con personajes muy bien escritos, con una banda sonora apabullante, y dirigida con la elegancia marca de la casa, que le viene al pelo al tono de la película.

Under the Shadows

Decente, aunque a un nivel modestamente inferior, la producción británica-iraní Under the Shadows. Se trata de un drama familiar en que una madre y su hija, solas en su vivienda de Teherán, intentan sobrellevar el pánico por la guerra en su país, en la década de los 80. El elemento fantástico y paranormal que aparece en la película se refiere a la paranoia y el miedo por las bombas en un momento en que ningún lugar es seguro por culpa de la guerra. Estos elementos sobrenaturales se manifiestan en forma de pesadillas, aunque cada vez parecerán más y más reales. El mensaje es expansivo y su director sabe el rumbo que ha de llevar para contarlo, pero el resultado es demasiado convencional y poco atractivo como para destacar demasiado (si dejamos a un lado la ambientación y el contexto de la historia, que son algo circunstancial y accesorio al mensaje).

Rupture

Finalizamos el día con la pésima Rupture, una cinta de terror protagonizada por Noomi Rapace que alude directamente a Martyrs por su historia con bastantes elementos de similitud, en que una mujer es secuestrada por una extraña sociedad científica que busca hacer mutar el ADN de las personas a base de enfrentarlas, mediante torturas sistemáticas, con sus mayores temores (¿?), transformándoles la cara en un precioso cuadro de Picasso. No solo la idea es una soberana gilipollez, sino que está realizada de manera tosca, aburrida, visualmente intenta copiar el atractivo del cine de Argento sin acercarse ni de lejos a Refn, más bien empalagando, con unos efectos especiales paupérrimos, y con uno de los cierres más anticlimáticos y patéticos que haya podido ver en lo que llevamos de Festival y parte de los anteriores. Para olvidar, por el bien de todos.