9/10/16

Crónica del 49º Festival de Sitges (Jornada II)

Por Carlos Rodríguez.

La cosa parece ir mejorando. Evitando la Sección Oficial (prometo que no aposta), hoy hemos podido encontrar títulos más convincentes. Empezamos con la ópera prima de Sophia Takal, Always Shine. Se trata de un thriller de intriga con toques de drama psicológico cuya trama muestra a dos amigas actrices y la relación entre ambas. Mediante su descripción, la película nos habla de las relaciones entre personas como una tensión constante entre sumisión y dominación, desde un punto de vista eminentemente feminista que es de agradecer (lástima que ciertas decisiones valientes las tengan que tomar casi siempre las mujeres, y no sea esta una temática que preocupe tanto al género masculino). También nos habla de la inseguridad, del miedo al rechazo, de la complacencia y de esa fina línea innombrable que separa el amor del odio.

Always Shine

Para mostrar todo esto, la película se articula como un juego de espejos e identidades cambiantes que en realidad son las dos caras de una misma moneda, en constante debate interno, recordando en demasía a las temáticas más exploradas por David Lynch, para resultar ser en última instancia una hermana pequeña de Mulholland Drive a la que le sobran elementos de paralelismo (encontramos así, por ejemplo, hasta un posible Club Silencio en ese bosque nocturno; pero también, claro, la fagocitación de una identidad por otra). La temática explorada es fascinante, no así la ausencia de originalidad. La película tiene atmósfera, pero por supuesto, no despliega el talento de Lynch: lo que más destaca para mal en este sentido es el bajón de ritmo tras determinado punto de inflexión. Para bien, la actuación principal de Mackenzie Davis, que ganaría el Premio a la Mejor Actriz en Tribeca, y que está hipnótica, todoterreno.

Poster Hell of High WaterComanchería comienza a subir el nivel sensiblemente. Articulada como un thriller de robos y atracos, el pulso firme de su director David Mackenzie (curioso parecido nominal con la actriz anteriormente nombrada…) nos conduce con elegancia por una suerte de western crepuscular moderno, con unos actores protagonistas en estado de gracia, a destacar Jeff Bridges y Ben Foster, con una atmósfera depresiva aderezada por golpes de humor que son muy de agradecer y añaden ritmo al relato. Se exploran varias temáticas pero ninguna de ellas termina de explotarse del todo. Inteligentemente, se evitan maniqueísmos innecesarios, dejando así al espectador marcarse sus propios límites morales. En primera instancia, es una película bastante divertida (para lo triste que es la historia); en última instancia, y como le ocurrió al también más que correcto anterior filme de Mackenzie, Convicto, es olvidable.

El himno del corazon

En la sección Anima’t encontramos El himno del corazón, un anime del director Tatsuyuki Nagai. La historia: tras una mala experiencia en el pasado, una niña decide dejar de hablar, ya que, cada vez que lo intenta, sufre fuertes dolores de estómago. Se trata de un drama amable y ligero no apto para diabéticos que nos habla de la necesidad de abrirnos, de expresar nuestros sentimientos siempre, aunque no los sintamos oportunos, o incluso eso suponga exponer algo negativo de nosotros o de la otra persona. La protagonista, que decide cerrarse, dejar de hablar y crear “un cascarón” alrededor de su corazón tras el divorcio de sus padres, del que se siente culpable, poco a poco irá aprendiendo a abrirse y expresar sus sentimientos. Quizá esté todo algo toscamente remarcado, y la historia no sea lo más interesante posible, pero en determinado momento, empleando las artes más sucias y obvias posibles, mientras oímos un musical que mezcla el Over the Rainbow con el segundo movimiento de la Patética de Beethoven, comienza a reptar hacia nuestro interior. Y penetra hondo, y se instala en el corazón, y allí se queda, y todavía con el nudo en la garganta y los ojos humedecidos se acaba la película y salimos del cine con la mayor de las sonrisas, deseando con urgencia poder verbalizar nuestros sentimientos ante los seres queridos.

Age of Shadows

También mejora el panorama coreano con esta The Age of Shadows, drama que recrea, volvemos a lo mismo, la ocupación japonesa de Corea a principios de siglo pasado. Kim Jee-Woon despliega todo su talento tras la cámara aportando estilo y elegancia a esta historia de espías basada en hechos reales. Los repuntes de violencia están bien medidos y dosificados, y el peso del relato lo soporta un Song Kang-Ho portentoso, para mí de los mejores actores coreanos del momento. Además, plantea dilemas profundos encarnados en su protagonista, y que se explicitan en ese brillante diálogo en que se viene a decir que el hombre a lo que más miedo tiene en la vida es a que su corazón se mueva, cambie. Esa indefinición, que le viene de perlas al género de espías, es la que carga de sentido un film que, por desgracia, se siente largo en exceso.

Aliens

Hemos finalizado el día cantándole el cumpleaños feliz a Sigourney Weaver (sic) antes de la retrospectiva que nos invitaba a revisar en formato analógico la magistral Aliens: el regreso, que a su vez cumple 30 años desde su estreno allá por 1986. No solo adoro el formato analógico, que le va de perlas a este tipo de películas (no es impostura purista, de verdad me gusta más la imagen así), sino que constato que la fuerza de Aliens sigue igual de viva hoy que hace 30 años. Y no voy a hablar mucho más sobre una película de la que tanto se ha dicho, pero al menos reseñar de nuevo el inteligente acierto de James Cameron desmarcándose del tono de la insuperable Alien original, para decantarse sin tapujos por el cine de acción, consiguiendo una obra diferente que complementa a la perfección la primera parte, respetándola debidamente.