17/10/16

Crónica del 49º Festival de Sitges (Jornada IX)

Por Carlos Rodríguez.

Todo lo bueno llega a su fin tarde o temprano. Para una persona que ama el cine (y sobre todo el de género) como servidor, la experiencia cinéfila del año supone un oasis vital, toda una vivencia de crecimiento personal. Hasta de las películas malas (que las ha habido, claro) sacas algo importante. Por eso da pena que se acabe. En cualquier caso, el último día fue al máximo provechoso y podemos comentar una buena hornada de películas.

Swiss Army Man2

Destacar, para empezar, el Palmarés Oficial que se diera a conocer este día. Parece que el premio gordo ha tenido un aire reivindicativo, aunque no tan valiente como pareciera (da la sensación de que la enorme mayoría de películas a competición no tuvieron nunca ni la más mínima oportunidad). Swiss Army Man gana, además laureando también a Radcliffe como mejor actor protagonista, acaso el premio más acertado de todo el Palmarés. También hay algunas cosas incomprensibles, como el Premio al Mejor Cortometraje de animación a Darrel, escasamente imaginativo, de los más flojos que he visto.

The Neon Demon

Pero vayamos con los largos, empezando por al final. The Neon Demon me ha parecido lo mejor del Festival, directamente. En al Palmarés se tendrá que conformar con el Premio de la Crítica (algo es algo), pero debiera haberse llevado algo más. Nicolas Winding Refn subyuga al espectador con este espectáculo hipnótico cuya estética continúa bebiendo del cine de Argento, modernizada hasta conseguir una atmósfera cada vez más personal, que ya se asentaba plenamente en su anterior film Solo Dios perdona. Aquí se pule y perfecciona aún más la puesta en escena. La mezcla entre música e imagen posee una extraña fuerza que cautiva. El argumento, una joven aspirante a modelo despierta las envidias de un feroz entorno competitivo y hostil, desarrolla una crítica, admitámoslo, bastante obvia y ramplona. En realidad, este solo sirve de excusa para que Refn desarrolle su filigrana formal, por lo que entiendo a aquellos que la tildan de vacía y no la aguanten por ello, aunque creo que equivocan el foco de su crítica. Algunos la comparan con el Love de Noé; la diferencia es que aquella sí tenía una pretensión de fondo que no se materializaba de facto en el film, mientras que la intención en la de Refn está clara y consigue lo que busca con creces. Mi película preferida del danés hasta la fecha.

Voyage of Time

Por contrastar, vayamos ahora con lo peor del Festival:

Amor.

Madre naturaleza.

Creadora de todo.

Dame fuerzas, porque en tu seno está la virtud de la creación.

Sabiduría.

¿Qué significa el tiempo?

¿Quién soy? ¿De dónde venimos? El viaje de la vida.

Me lo he ido inventando, pero así de irritante es la voz en off de Voyage of Time: Life’s Journey, el documental de Terrence Malick realizado con las sobras de El árbol de la vida. Me es casi imposible de soportar esa pretenciosidad new age tan típica del director, que aquí es ya sonrojantemente risible. Aun sabiendo a lo que iba (imágenes bonitas de nebulosas y de procesos geológicos), la experiencia ha sido horrible. Para colmo, ni siquiera es original en su material. Muchos de los motivos mostrados ya los he visto y mejor en otros documentales anteriores. Así que lo que nos queda es una sucesión de wallpapers narrados por una Cate Blanchett que se dedica a discurrir sobre el poder de la madre naturaleza y la necesariedad de que alguien o algo haya tenido que crear algo tan majestuoso. No compro esa mierda.

Le secret de la chambre noir

La segunda película en este Festival de Kiyoshi Kurosawa (bienvenida sea, pues cada vez disfruto más de su cine) es Le secret de la chambre noir. No se trata de una película de terror en esta ocasión, aunque mezcla elementos de Journey to the Shore con un aire de misterio algo oscuro, consiguiendo una atmósfera de inquietud, casi nostálgica, bastante notable. El arranque es magnífico, me encanta la puesta en escena de Kurosawa, cómo escudriña los espacios lentamente, con planos muy abiertos que obligan al espectador a buscar con la mirada activamente. Por desgracia, la historia principal comienza a flojear a eso de la mitad del film, momento en que todo se desinfla notablemente. Técnicamente es impecable, a destacar de nuevo su extremadamente sensible banda sonora. Pero hay varios problemas que le lastran. Uno de ellos es una interpretación principal de Tahar Rahim paupérrima. Además, está demasiado alargada, pues pronto empieza a dar vueltas sobre la misma idea y le cuesta despedirse. Una lástima, porque la película tiene atmósfera y demuestra sensibilidad.

Louise en Hiver

El problema de Louise en hiver es que quiere ser, y es, demasiado francesa. Esta película de animación habla del tema de la vejez y su relación con la muerte, o la soledad, pero lo hace de maneras demasiado obvias. Tampoco consigue desbordar con su imaginación, más bien escasa, ni tan siquiera cuando lo mostrado son ensoñaciones que pretenden magia y asombro. Es evidente que hay sensibilidad detrás, y la premisa me parece bastante bonita (la anciana protagonista se queda sola en la ciudad de vacaciones durante un año al perder el tren de vuelta porque el reloj de su casa se ha detenido), pero se le ven demasiado las costuras, y ni siquiera consigue dibujar un personaje principal que inspire la suficiente ternura o identificación con el espectador. Sí destaco su bello dibujo, aunque la animación en sí es más bien simple.

Headshot

Ahora vamos con la indonesia Headshot, de Kimo Stamboel y Timo Tjahjanto. Lamento decirlo, pero aunque las comparaciones son odiosas, es la hermana menor y pobre de The Raid. No consigue sacarle partido a su protagonista (el mismo en ambas cintas), haciéndole deambular de pelea en pelea empleando como vehículo un drama de amor horrendo que lastra la película enormemente. Las escenas de acción, en general bien rodadas pero también pobres en comparación con el talento de Gareth Evans, no justifican el visionado de esta película mal estructurada y mal planificada. Por mucho que nos mole el pencak silat en pantalla, hay que tener mayor talento tras la cámara para poder aguantar dos horas de metraje.

Yoga Hosers

Vamos a finalizar estas crónicas ya con un poco de humor de la mano de Kevin Smith. En la senda de su anterior y bizarro film, Tusk, nos trae ahora este spin-off basado en los personajes de las dos jóvenes dependientas del súper, Yoga Hosers. Totalmente autoconsciente de su ligereza argumental, la película es una mera excusa para mostrar en pantalla la encantadora química entre las dos actrices protagonistas: Harley Quinn Smith y Lily-Rose Melody Depp. Su humor no es genial, acaso nada lo es en esta película salvo su atrevimiento tontorrón, pero el producto es simpático, y solo se le atragantará a aquellos que se acerquen a ella buscando un producto con una trama congruente y sólida. Esto va de dos chavalas que tienen que matar salchichas nazis canadienses que al explotar sueltan chucrut. Sin más. Se retoma también el personaje de Johnny Depp de Tusk, que me parece de lo mejor de sus últimas construcciones. Bienvenido sea a la función. También un demacrado Haley Joel Osment, en un breve pero delirante papel. Aquí todo suma, y al final te das cuenta de que te lo has pasado bien observando la película más chorra del mundo.

Con esto nos despedimos de esta magnífica experiencial anual, deseando poder volver el año que viene, para la que ya se atisban novedades jugosas. ¿Abrirá Blade Runner 2049 la Edición número 50 del Festival de Sitges?