15/10/16

Crónica del 49º Festival de Sitges (Jornada VIII)

Por Carlos Rodríguez.

El día de hoy ha venido definido casi en su totalidad por la Sección Oficial. Tenemos en primer lugar Shelley, cinta danesa de terror que parece haber pasado muy de tapadillo por la programación del Festival, sin apenas atención del público, pero que, curiosamente, ha sido la única película hasta el momento en generarme verdadera inquietud. La trama es eminentemente deudora de La semilla del diablo de Polanski, pasada por un tamiz muy danés que recuerda a Anticristo sobre todo, con algunas ideas de Nymphomaniac (II), de Von Trier. La historia consiste en una pareja que, incapaz de concebir, decide solicitarle a su recién llegada asistenta la posibilidad de prestarles su vientre en alquiler.

Shelley

La película relaciona la maternidad con lo maligno, le niega el sustrato de obligatoriedad existencial al presentarla como un elemento degenerativo de manera hiperbólica, en relación con la naturaleza salvaje del entorno, de igual manera que hacía Anticristo, pero usando la forma cinematográfica claramente diferente. El terror se apodera del metraje como una ponzoña que lo va inundando todo a medida que avanza, instalándose en la psique de sus protagonistas. El deterioro físico de la protagonista va de la mano de la escalada de terror e inquietud. El tema me produce especial desasosiego, y por suerte la dirección acompaña, elegante, generando una atmósfera malsana, con toda la violencia sugerida, o fuera de plano. Casi siempre es más potente lo sugerido que lo mostrado explícitamente, y esta película es un buen ejemplo de ello. Solo le echo en falta mayor desgarro al final, que se termine de desatar para dejar un regusto más potente, una guinda que hubiera podido completar la mejor película del Festival. Casi.

Zombi

Haciendo un pequeño receso en la Sección Oficial, nos volvemos a encontrar con un clásico entre los clásicos: Zombi (1978), de George A. Romero. Su visionado me ha servido para reafirmarme en lo que opino de ella. Creo que su iconicidad está muy por encima de la calidad real de la película. Valoro muy positivamente toda su aportación al género de zombis, el enorme acierto de ambientar la película en un centro comercial… Empero, su sustrato filosófico está un poco sobredimensionado, y no tan bien desarrollado como se piensa. En este sentido, encontramos dos ideas interesantes: la sociedad está muerta, el consumismo nos hace vivir como zombis, totalmente alienados; y no hay nada más peligroso para el hombre como el hombre en sí mismo. Esto así enunciado queda muy bien, pero en la película está demasiado soslayado, y no lo suficientemente bien acompañado de escenas que revistan esas ideas con potencia. Vemos así la parte del asalto por parte de una banda al centro comercial, la que desata el desenlace de la película, que es tan ligera y cómica (voluntariamente, vale) que no se puede tomar en serio. Siendo así, no se justifican las más de dos horas de idas y venidas sin un sentido claro de la tensión. El montaje de Dario Argento (muy a su manera, con la cual no comulgo) y la música de Goblin (especialmente irritante) no me ayudan en nada. Aquí los protagonistas absolutos de la función son el centro comercial y los míticos efectos y maquillajes de Tom Savini.

 Operation Avalanche

Volvamos a la Sección Oficial. Operation Avalanche es una película que ya se hizo. Partiendo de esta base de innecesariedad, lo que en 2002 se realizaba en formato falso documental en Operación Luna, aquí se revisa y desarrolla dramatizado, aunque empleando la cámara en mano imitando el formato reportaje o documental. Se trata de una película de intriga en torno a la idea de que la llegada del hombre a la Luna, las imágenes que todos conocemos, son una farsa rodada con la ayuda de Stanley Kubrick, que acababa de rodar su 2001. Justifica con calzador su presencia en la SO de un Festival de Cine Fantástico, ya que se trata de un drama de intriga muy convencional, bien desarrollado y con buena factura, también con sentido del humor cuando quiere tenerlo, pero finalmente nada memorable y prescindible. Destaco lo bien medida que está la tensión. Esto es lo que más disfrutable la hace. Cuenta con una escalada de emoción hacia el final que le hace oscurecer el tono y me parece lo mejor de la película.

Swiss Army Man

Vamos con la película indie sobredimensionada del año (que todos los años nos encontramos alguna). Swiss Army Man es lo que es su premisa, enunciada en su magnífico prólogo: un náufrago, al borde de la desesperación y el suicidio, es salvado gracias a la aparición del cadáver flatulento de Daniel Radcliffe. Genial. A partir de aquí, se desarrolla una bizarra historia de amistad que consiste en estirar el chicle del gag. Verdaderamente, admiro la valentía de hacer algo así, porque ha salido un producto poco convencional solo por la premisa, y además demuestra cierta inventiva al crear escenas cómicas en torno a la relación de náufrago y cadáver. Hay algunas pretensiones filosóficas que se quedan en la superficie de una película en la que lo que destaca es su particular humor, pero sí añaden un poso extrañamente poético que no le viene mal. También atisbo un ligerísimo regusto de realismo mágico que, extrañamente, no me molesta, supongo que justo por ser ligero, pues entiendo que esta película dirigida por el francés de turno habría apestado a la legua. Finalmente, se queda en una película simpática y ligera, sin más alardes, con un Radcliffe ofreciendo su faceta más hilarante. Fan del agente que le haya conseguido este papel.

Raw

Finalmente, una de las más sonadas en este Festival: Crudo. Se trata del primer largometraje de la francesa Julia Ducournau, un drama universitario que se enfoca decididamente al terror psicológico, con la temática principal del canibalismo. Este motivo se desarrolla añadiendo con elegancia ligeros elementos sobrenaturales, como la pérdida de la voluntad ante la necesidad acuciante de carne humana. Existe una enunciación del vegetarianismo que parece ir a conducir a algún tipo de mensaje concreto pero que finalmente se abandona para centrarse en el desarrollo de la historia de canibalismo familiar. Destacan especialmente su actriz principal, cargada de matices en un papel nada sencillo, consiguiendo naturalidad o inquietando cuando es necesario; un guion bien dosificado que sabe crear momentos desagradables con solvencia, añadiendo notas de humor negro al conjunto, aunque presente un desarrollo algo ramplón; y una banda sonora potente y bien dosificada. El final está un poco cogido con calzador, pero le salva la distancia irónica con que rueda la directora.