13/10/16

Crónica del 49º Festival de Sitges (Jornada VI)

Por Carlos Rodríguez.

I tempi felici verranno presto

Hoy sí es la lluvia lo que ha hecho gris el día. Más allá de la meteorología, la jornada festivalera ha sido productiva. Nos encontramos en primer lugar con la italiana I tempi felici verranno presto. Se trata de una suerte de cuento de hadas sui generis, en el que el principal protagonista de la función es ese elemento que tantos y tantos cuentos tienen en común: el bosque. La trama está plagada de lugares de indeterminación, apoyándose en un cripticismo al amparo de un bosque omnipresente, que aparece retratado sin apenas artificios. Es un cine lento y pretencioso, pero consigue momentos de enorme atractivo, sobre todo al atisbar sutiles relaciones entre sus personajes, atracciones ocultas, a veces fatales. Rodado con elegancia y calma, estirando mucho los tiempos, encontramos escenas especialmente delicadas, como aquel baño en el río que da imagen al poster del film. Es un cine muy sugestivo, aunque desde luego no fácil de digerir.

Solaris

El día ha continuado inmejorablemente con una vista atrás, nada menos que al cine de Tarkovsky con su mítica Solaris. De nuevo, no me quiero extender en una obra que ha hecho correr tantos ríos de tinta, y prefiero centrarme en las novedades, pero siempre es un placer poder recuperar estos clásicos en pantalla grande. No es la obra más redonda del maestro soviético (para mí Zerkalo sigue siendo insuperable), pero aún con eso, es un clásico imprescindible del cine de ciencia ficción que es muy loable reivindicar. Y me sigue impresionando su final, y sigue resonando en mi cabeza la inmortal música de Bach, que retomaría para sí muchos años después un Lars von Trier finalizando su trilogía sobre la depresión con Nymphomaniac.

The Handmaiden

Palabras mayores: Park Chan-Wook. Aunque tras su anterior película, para mi gusto la más floja de su filmografía, perdí un poco el hype por el coreano, qué duda cabe que sigue teniendo tirón, hasta el punto de que su nueva cinta es de las películas más esperadas del Festival. La doncella es un drama ambientado, cómo no, en la época de la ocupación japonesa, articulado casi como una película de espías, en que no sabes quién engaña a quién, y quién planeó qué. Dividida en tres actos, cada uno de ellos cuenta un punto de vista diferente de la historia, con una técnica narrativa cercana a la de Rashomon, de la que se sirve Chan-Wook para general la intriga y dosificar así los datos de su historia. Curiosamente, ya fuera del registro habitual del coreano, por las temáticas, constato que se sabe adaptar perfectamente a las necesidades de la historia que quiere contar, que requiere de mayor sutileza, destacando por encima de todo su sentido del erotismo, que rueda con una fuerza y una elegancia que no recuerdo vislumbrar en ninguna película suya anterior. Tampoco me parece de sus películas más apasionantes, pero se las arregla para ser cautivadora y que su largo metraje no sea un problema. Mención especial a las dos actrices principales, muy entregadas a su papel, y a la banda sonora, con mucha fuerza, compuesta al estilo minimalista de Glass, sobre todo en los temas más expansivos.

31

Para acabar, una pequeña decepción. Voy a tener que empezar a pensar que The Lords of Salem es una rara avis dentro de la filmografía de Rob Zombie, destacando especialmente por su sensibilidad macabra, por su fuerza visual y su calidad, en general, muy por encima del resto de sus películas. Como este era el precedente, no era difícil suponer que su siguiente cinta podría continuar esa senda. Nada más lejos de la verdad. 31 es casi como una regresión a los tiempos de La casa de los 1000 cadáveres, solo que más refinada y con mejor factura. Los problemas se le amontan por los cuatro costados. Rob Zombie demuestra que no sabe ir más allá de su premisa, por otro lado nada original, ofreciendo una película sin ningún argumento ni nada que contar. Toda su inventiva se agota en el maquillaje de los psicópatas. Ni consigue escenas de tensión llamativas, ni los asesinatos tienen fuerza, ni una mínima implicación con los personajes. Sí que tiene cierto sentido de la diversión algo tontorrón que potabiliza un poco el visionado, haciéndolo digerible, pero es una lástima que la película acabe tan pronto y se quede dando vueltas como pollo sin cabeza (más o menos, cuando superan la primera prueba, no desvelo mucho, y el resto son repeticiones del mismo esquema). Su estética feísta combinada con la esperpéntica se queda pronto sin demasiada gracia, sin ninguna garra. También encontramos demasiadas escenas resueltas con torpeza, abusando desde la dirección de la cámara temblorosa y los ralentís. En definitiva es, por desgracia, un patinazo importante en su filmografía.