7/12/15

Tarta para el dolor propio

Poster CakeEn el año 2002, en pleno apogeo de Friends, Jennifer Aniston estrenó The Good Girl, una pequeña película independiente en la que demostró dotes tanto para el drama como para asumir papeles antipáticos en las Antípodas de  la icónica Rachel. La crítica aplaudió su trabajo y yo me enfadé mucho cuando no la nominaron al Oscar (fue mi película favorita durante mucho tiempo) y la carrera de la actriz siguió en alza, pero enfocada en convertirse en la reina de la comedia romántica de masas, con algún que otro desvío estimable (Amigos con dinero, Management, Sin control…).

Doce años después de The Good Girl, Jennifer Aniston regresa al drama indie con Cake, film en el que encarna a Claire Simmons, una mujer que padece dolor crónico, adicta a las pastillas y obsesionada con el suicidio de una compañera de su grupo de apoyo, hasta tal punto en el que fantasea con su propia muerte y confraterniza con el marido de aquella. La historia parte de una idea interesante: cómo superar un hecho traumático cuando un dolor físico permanente te lo está recordando continuamente, para luego demostrar que eso es tan sólo el refugio de autocompasión donde se esconde su personaje, cuando en realidad es el dolor emocional, aquel producido por una pérdida desgarradora, el que no la deja avanzar y mejorar tanto su vida como sus relaciones sociales.

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Jennifer Aniston se curró su propia campaña y logró nominaciones al Globo de Oro y el SAG, pero no logró la mención al Oscar. No me atrevería a decir que fue una gran ausencia, pero no habría desentonado en la terna, pues Aniston cambia el maquillaje favorecedor por unas cicatrices de pega y encarna con suma convicción a una mujer antipática, rota y profundamente resentida con el mundo. La actriz se rodea de un puñado de buenos actores, aunque en la mayoría tengan apariciones testimoniales (Felicity Huffman, Anna Kendrick, Chris Messina, William H. Macy…), si bien crea una buena dinámica, divertida y entrañable, con Adriana Barraza, repitiendo el papel de asistenta mexicana por la que la conocimos en Babel. Ella es quien tiene un mayor peso entre los secundarios, puesto que la relación que comienza la protagonista con un tierno Sam Worthington nunca termina de despegar.

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La gran pega que se le puede achacar a Cake es que sea una película hecha con escuadra y cartabón marca Sundance. Es una dramedia que se ve con interés pero nunca se sale de la cómoda convencionalidad del cine indie nacido en Hollywood, sin profundizar en la enfermedad crónica que padece su personaje central ni arriesgando demasiado en su trama. Da la impresión de que su director, Daniel Barnz, es consciente de que la razón de ser de la película es ejercer de vehículo para el lucimiento interpretativo de la Aniston, y que lo mejor que puede hacer es plantar la cámara delante de ella y dejarla hacer; mucho mejor esto a que vuelva a hacer otra comedia romántica con Gerard Butler. Ojalá que esto no sea otro desvío puntual más y que siga buscando papeles más ambiciosos y alejados de su zona de confort.

6’5/10