15/2/12

El rincón de Chechu: Premios

Los gatos pasan largos períodos de tiempo lamiéndose los testículos. Yo lo he visto, y seguro que muchos de ustedes también. Cada rincón de mi pueblo, de los caminos que llevan a las patatas, está lleno de felinos atareados en su higiene personal. Supongo que muchas de sus abuelas o madres les dejarán los restos de comida en un cubo, junto a la puerta. O no, quién sabe. La mía lo hace. Y para los que no tengan la suerte de haberlo visto nunca, hay también en Internet infinidad de pruebas que lo demuestran: busquen en YouTube “limpieza de genitales gato” o “gato lamiendo sus bolas sentado en una silla”.

Pequeña Miss Sunshine

Vamos a charlar un rato sobre los premios. ¿Podrían ustedes imaginar una vida sin ellos? Premio desde la cuna, foto de prensa incluida, al primer niño nacido en el año dos mil doce, hijo predilecto de la localidad para el resto de sus días. Premio nacional a la niña más publicitaria del mes, con no sé cuántos anuncios rodados y no sé cuántos millones de productos vendidos. Premio americano a la jovencita de seis años más guapa del condado, del estado y del país, Little Miss Sunshine, es decir, a la chiquilla que más ha maquillado y vestido su madre como una prostituta. Premio ondas escolares a la mejor redacción sobre el verano, por supuesto en Ibiza, en la piscina, o en un zoo, viendo cómo bailan las focas el Aiseuchipego, ignorando que las focas son animales salvajes y que un día se van a hartar y se van a comer a todos los entrenadores y a todos los niños ilusionados que disfrutan viéndolas dar palmadas. Premio carnavalesco, erótico-festivo y de ambiente lúdico al mejor disfraz de estos días, noventa euros en copas o diez mil entradas gratis a un macro concierto techno-punch. Premio a los coches más guapos, con más plástico y equipos de ruido y colores más vistosos: cuarenta garrafas de sin plomo noventa y ocho y tres mil lereles para que el coche corra más y provoque más accidentes. Premio globo terráqueo a la mejor novela española, con el nombre más vendible, la editorial más poderosa y los mejores contactos sociales y de trabajo, y quizá las mejores felaciones monetarias del país —metafóricamente hablando, Jesusito de mi vida que eres niño como yo—.

Dafne FernandezSí. Yo también estoy pensando en ellos. Ya se acercan. Llevamos un tiempo sintiendo el ronroneo artístico, comprometido, intelectual, comunista, amorista, sexualista y egocéntrico español. Aquí están, tan taran tán, los Goya en todo su esplendor. La cita más importante del cine patrio, que año tras año nos regala grandes presentadores, sinceros y nada demagógicos discursos, butacas aterciopeladas, trajes caros y glamour, Mari Pepa, mucho glamour. Los vendedores de laca haciendo su agosto, los flashes de las cámaras dejando ciegos a los profetas en la alfombra roja, lástima de lástimas, y las palmadas en el hombro, los apretones de manos, las medias sonrisas suficientes y los comentarios gozosos impregnándolo todo. Para que los amantes del cine, es decir nosotros, ustedes que leen estas palabras y yo que las escribo, tengamos continuas y sonoras erecciones, zas.

Goyas

Pues eso. Temblequeando me hallo, con los pantalones en un alambre. Ya queda poquito para que ellos, los que realmente saben qué es cine y qué cine es mejor, me  digan, nos digan a todos en generoso gesto gratificante, cuáles han sido los mejores todo de este año. Poco importa que hayamos visto un ochenta por ciento de los títulos nominados, un cincuenta por ciento, o que sólo hayamos visto a Mario Casas desnudo, como dios manda —Jesusito de mi vida, no me lo tengas en cuenta— saltar de teta en teta y tirar por que le toca y hace ganar dinero.

Peliculas_nominadas

La piel que habito, La voz dormida, Blackthorn y No habrá paz para los malvados. Ahí están las cuatro candidatas. Yo he  disfrutado de todas. Y tengo mi criterio. La voz dormida aplasta a las demás, estética y ridículo absurdo almodovariano aparte, con perdón del homenaje frío e insulso al Western más clásico, y si los cojones de José ‘Rocanrol’ Coronado lo permiten. Y ustedes, como yo, tendrán también sus preferencias. Sólo que a nosotros —los espectadores, vamos, los que pagamos de nuestro bolsillo todas esas producciones— nadie nos va a compensar si elegimos esta o la otra, nadie nos va a regalar dinero y mujeres, o quizá un papel estrella, o quizá un aplauso breve, por votar tal o cual película. Nosotros somos puros y nosotros juzgamos. Ellos aman el onanismo, todos juntitos, y se regalan cosas con criterios que nadie conoce pero todos intuimos. Con el jocoso y españolete criterio del hoy por ti, mañana por mí.

Banner También la lluvia

El año pasado escribí mis impresiones sobre la gala, un mesecito después, cuando se me pasó el cabreo. Pero es que el año pasado quizá creía en cosas estúpidas en que ahora ya no creo. Creía, inocente de mí, que la aplastante calidad de También la lluvia acabaría por sentar cátedra y éxito. Creía de verdad que a todos se les llena la boca hablando mal del yanqui, criticando su superficialidad y su dinero, y la corrupción de Hollywood, y que realmente, en el fondo, aquí los artistas podían ser distintos y podían querer realmente otro tono para nuestro cine. Cómo no iba a confiar en que un actor español, aunque le ofreciesen contratos millonarios al otro lado del charco, se quedaría aquí porque ama el arte y detesta las alfombras rojas y los flashes. Cómo no iba a creer yo que realmente sienten el socialismo, los artistazos que tenemos aquí, y que jamás vivirían como reyes, rodeados de excentricidades y de privatizaciones, que jamás irían a parir, por ejemplo, a una clínica privada de Los Ángeles, con la pedazo de Seguridad Social que tenemos.

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Pero en fin. Voy a dejarme ya de sarcasmos. Los premios son una farsa, una forma de promoción engañosa que funciona de manera miserable, con todos los intereses y todos los mecanismos del mundo, sin ninguna parcialidad y sobre todo sin tener en cuenta la calidad artística de las obras. Sean redacciones del cole —ganará la niña que mejor le caiga a los profes—, sean cochazos maqueados —ganará alguno que conozca al organizador—, o sean novelas planetarias o sean películas de arte y ensayo. Los premios son un sustitutivo de lo que los gatos pueden hacer y nosotros no. Los hombres no llegamos hasta esa parte del cuerpo, y por lo tanto nos es imposible lamer nuestros propios testículos. Por eso necesitamos que alguien lo haga por nosotros. Qué bien nos iría, fíjense, si todos pudiésemos hacerlo una hora al día, más o menos. Ni alabanzas, ni concursos, ni palmaditas en el hombro, ni alfombras rojas o flashes blancos. Simplemente una habitación, luz tenue y un poco de tiempo a solas. Y ahora vayan y otórguenme el premio al colaborador más ordinario, peor educado y más soez del mundo. Sin duda me lo merezco, estaremos todos de acuerdo.

5 comentarios:

xoanseca dijo...

Todo es muy discutible, porque es muy compleja la mente humana y lo que nos mueve para actuar en una o en otra dirección, en cualquier faceta de la vida, no sólo a la hora de elegir al mejor actor, película... Comparto el fondo del artículo, pero creo que alguna vez se cuela algún premio merecido y compartido. Por eso creo que, a pesar de todo, no debemos perder la inocencia y debemos seguir creyendo en las utopías. Me gusta la coherencia de aquellos premiados que, pensando lo mismo que "el rincón de Chechu", cuando reciben el premio, dan las gracias a los colegas y lo recogen humildemente, sin darle más importancia, y alabando el trabajo de los demás.

Blanch dijo...

Pues sí, muchas veces los premios son injustos, parciales y atienden a razones que están fuera del valor artístico, pero creo que también suponen la celebración del cine de todo un año y forma parte de su mismo universo, aportan chispa y diversión al cinéfilo.

Eso sí, cuando acaba la temporada de premios tras los Oscar acabo exhausto y no quiero saber nada de ellos durante un buen tiempo!

Saludos!

Particula Elemental dijo...

Jajajajjaja una de las entradas más divertidas que he leído en "los rincones perdidos de chechinho".

Sin duda el onanismo se vestirá de gala el próximo 19 de febrero. Pero conservo un poco de esperanza en el criterio, y que como dice Blanch le da un poco de dinamismo a nuestro cine, que bien falta le hace ser más conocido!

Así que... focos, cámaras y acción, el domingo se rueda!!

PD:¿Soy a la única a la que se le hace un poco violento que tras leer la primera parte - por otra parte maravillosa revelación acerca de los testículos de los gatos de tu pueblo, Chechu- ver a la pobre Abigail Breslin? Yo esperaba ver como poco un gato practicando la susodicha actividad onanista!

Nefiltrovany Pivo dijo...

Los premios son, ni más ni menos, una genial estrategia de marketing.

Castolo Riveira dijo...

yo estoy de acuerdo con las últimas frases del artículo. Yo te doy mi voto al mas ordinario, peor educado y soez. ya es un paso que utilices palabras tan suaves como soez.