23/12/16

Realidad, ficción y viceversa

Banner Roanoke

Creador: Ryan Murphy, Bryan Falchuk
Int.: Sarah Paulson, Cuba Gooding Jr., Kathy Bates, Angela Bassett, Andre Holland, Lily Rabe, Adina Porter, Evan Peters, Wes Bentley, Denis O’Hare, Cheyenne Jackson
Emisión: 2016, FX
6ª temporada

Tras el mal sabor de boca dejado por Freak Show y Hotel, era evidente que American Horror Story necesitaba un buen lavado de cara si quería volver a entusiasmar a sus seguidores como en sus primeros años. Si el gancho promocional de Hotel fue ver qué tal se le daba actuar a Lady Gaga, para la sexta temporada se quiso generar una gran expectación al mantener en un secreto absoluto su subtítulo, trama y temática hasta la emisión del primer episodio, jugando al despiste con diferentes carteles y afiches promocionales que aparentemente no guardaban relación entre sí. Finalmente, se descubrió el pastel: American Horror Story – My Roanoke Nightmare es la historia de una pareja interracial que, tras sufrir un altercado en la ciudad, decide mudarse a una gran casa de las afueras, con la mala suerte de que la zona está plagada de fantasmas, entes y catetos malignos que les acosan desde la primera noche. La gracia de una premisa tan manida está en el planteamiento: la serie imita la estructura de un documental, presentando una recreación de los hechos “reales” que es alternada por declaraciones a cámara de los “auténticos” protagonistas de la historia, o lo que es lo mismo, actores interpretando a otros actores que emulan a personas reales.

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Este formato de documental paranormal falso, ya utilizado en películas como La cuarta fase (2009), no es especialmente novedoso, pero consigue que esta temporada se distancie de las anteriores, dejando a un lado la pantomima grotesca en la que había degenerado la serie para volver a apostar por el terror y la atmósfera malsana de Murder House y Asylum. Los cinco primeros episodios son empleados para presentar a los protagonistas y explorar la mitología del misterio de la colonia perdida de Roanoke, un territorio que ya había sido mencionado por la médium Billie Dean Howard (Sarah Paulson) en la primera temporada; efectivamente, las conexiones entre todas las entregas de American Horror Story también se mantienen en esta ocasión, si bien en Roanoke se pierde esa característica tan propia de la serie de mezclar alocadamente elementos y figuras del terror muy dispares, aunque siguen estando ahí pero en menor medida: La matanza de Texas, Holocausto Caníbal, El proyecto de la bruja de Blair o El resplandor son algunos de sus referentes más obvios.

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Llegado el sexto episodio, la serie da un giro sorprendente… hasta cierto punto, puesto que se veía venir que su formato no podía mantenerse igual hasta el último episodio sin caer en la monotonía. Sin entrar en spoilers, el segundo tramo de Roanoke es el que le da brillo a la temporada, porque establece un divertido juego de espejos a través del cual intensifica el terror y añade a la ecuación unas notas de comedia un tanto absurda (sin llegar a las cotas de Scream Queens) que le sientan muy bien para que la serie deje de tomarse tan en serio a sí misma, fortaleciendo los dardos envenenados que lanza Ryan Murphy tanto al formato de la telerrealidad como a los que viven por él y para él: productores morbosos, actores vanidosos y espectadores fanáticos que no pueden dejar de mirar ni cuando la cosa se pone muy truculenta; sí, esos también somos nosotros. Los guionistas han sabido jugar muy bien sus cartas a la hora de generar falsas expectativas sobre los personajes y el papel que va a jugar cada uno en la historia, además de haber sacado mucho jugo a su reparto, la gran mayoría habituales de la familia AHS. Todos están perfectamente escogidos para los personajes que encarnan (incluso Cuba Gooding Jr.), aunque son Sarah Paulson y Kathy Bates las que siguen destacando más, tal vez porque Murphy les da sólo a ellas el estatus de “musa/diva” que poseía Jessica Lange antes de su marcha. No obstante, atentos a la revelación de Adina Porter, que ya nos había llamado la atención encarnando a la madre alcohólica de la insufrible Tara en True Blood.

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Si en la reseña de Hotel afirmé que seguiría viendo la serie en piloto automático por lo hastiado que me tenía, Roanoke ha conseguido revitalizar mi interés por ella. Se nota que, a diferencia de Freak Show y Hotel, la temporada completa ha sido planteada de antemano, en vez de ser improvisada sobre la marcha. Consta de diez episodios de una duración de entre 38 y 40 minutos cada uno, lo justo y necesario para plantear, desarrollar y finiquitar esta historia con el ritmo y la cadencia necesaria. Roanoke ha puesto el listón muy alto de cara a las próxima temporada, así que habrá que comprobar el año que viene si esta entrega marca el regreso al buen camino o si por el contrario será un efímero soplo de aire fresco…. o putrefacto, depende de cómo se mire.

Reseñas de las anteriores temporadas:

AHS Hotel

AHS Freak Show

AHS Coven

AHS Asylum

AHS Haunted House