7/9/16

O.C: Tarzán de los monos (1932)

Poster Tarzan¿De qué va?: James Parker y Harry Holt organizan una expedición a África para hallar un cementerio de elefantes del que poder conseguir el preciado marfil. La bella hija de Parker, Jane, se une de forma inesperada a la aventura, pero un hombre mono llamado Tarzán la secuestra y la lleva al hogar de los simios donde ha vivido prácticamente toda su vida.

Reputación: Adaptación cinematográfica de la novela homónima de Edgar Rice Burroughs a cargo de W.S. Van Dyke que ya se había llevado a la gran pantalla en 1918. Inicialmente se consideró a Clark Gable para dar vida a Tarzán, pero finalmente se descartó la idea porque no era lo suficientemente famoso por aquel entonces. Los productores pensaron entonces en el nadador olímpico Johnny Weissmuller, célebre en la década de 1920 por las cinco medallas de oro que ganó en los Juegos Olímpicos. Sin embargo, cuando contactaron con Weissmuller, él tenía un contrato con BVD para protagonizar anuncios de bañadores y ropa interior. Ante la negativa de la compañía de que su modelo apareciese en taparrabos, Metro-Goldwyn-Mayer les convenció ofreciéndoles a cambio la posibilidad de que actrices de su cantera como Greta Garbo o Joan Crawford publicitaran su línea de bañadores.

Tarzan

El distintivo grito de Tarzán que acabaría siendo uno de los grandes símbolos del Séptimo Arte fue creado por el experto de sonido Douglas Shearer, pese a la insistencia de Maureen O’Sullivan (Jane) de que provenía de forma natural de las cuerdas vocales de Weissmuller. Sin embargo, el actor aprendió a imitarlo y lo utilizó en las hasta 11 secuelas que tuvo la película, permaneciendo en la franquicia incluso cuando su partenaire en la ficción la abandonó en busca de papeles más serios. La mona Chita no aparecía en la novela original y se creó especialmente para el film, convirtiéndose en un personaje emblemático que se vincularía a Tarzán para siempre.

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Comentario: Vista ahora, Tarzán de los monos es una obra de gran valor kitsch. Ya no se hacen películas como ésta, en la que, por ejemplo, Jane sirve tanto para ejercer de gritona damisela de apuros como para disparar con su rifle a unos pobres hipopótamos, los elefantes llevan orejas falsas para pasar por africanos y en las escenas de riesgo los actores son sustituidos por muñecos de trapo voladores. Es ese candor ingenuo y nostálgico, sumado al carisma de la pareja protagonista que se desarrollaría en las numerosas continuaciones, lo que le otorga simpatía a una película que, no olvidemos, revolucionó el género cinematográfico de aventuras para siempre. Curiosamente, las imágenes de archivo superpuestas detrás de los actores al comienzo de la cinta son tan obvias como los fondos digitales de la reciente La leyenda de Tarzán. Hay cosas que nunca cambian.

Próximo visionado: Los siete samuráis (1954)