24/9/16

Crónica del 64º Festival de San Sebastián (Jornada IV)

Por Carlos Rodríguez.

De nuevo, volvemos para repasar lo último de esta 64 Edición del Festival de Cine de San Sebastián, ya en el penúltimo día de Festival.

Rage

Empezamos el día con la japonesa Rage, de Lee Sang-il. Se trata de un drama de historias cruzadas que nos habla de la confianza (y de la desconfianza) en las relaciones interpersonales. Con cierto aire de thriller, el director japonés arma una tela de araña que nos invita a descubrir quién es el asesino de entre tres posibles opciones. El resultado final tiene ritmo, pero adolece de los habituales tics del melodrama japonés, ampuloso, exagerado hasta decir basta, por lo que es difícil conectar si no aceptas esa rémora que arrastra aún en demasía la cinematografía nipona, por influencia y herencia del manga. La historia es tramposa, pero consigue del espectador la atención necesaria para al menos desear conocer el desenlace. Que a su vez es demasiado alargado, con esa molesta sensación de múltiples finales, de no saber darle un cierre al pequeño engendro. Ken Watanabe pasaba por ahí y no sé quién le aconsejó entrar en el proyecto, pero no puede estar más desaprovechado y su personaje ser más patético. La historia más interesante, la de la pareja homosexual.

El rey del once

El rey del Once es una ¿comedia? argentina del director Daniel Burman, que viene a cerrar la Sección Horizontes Latinos. Pregunto porque más bien me parece un drama sin mucha sustancia aderezado con algún toque de humor sin apenas gracia. Un hombre de mediana edad, que hace tiempo buscó alejarse de su vida en un barrio judío porteño, regresa de Nueva York a petición de su padre, que dirige una fundación de beneficencia. Es el punto de partida que sirve al director para escudriñar en las costumbres y las contradicciones de la cultura judía, representadas en el entorno de un hombre que vive para ayudar a los demás, pero que no es capaz de atender ni a su propio hijo, que poco a poco y por fuerza irá suplantando a su padre en sus funciones. Nos habla también así del relevo generacional como algo necesario, casi como redención social. El protagonista redime su pasado transformándose paulatinamente en su padre, recuperando así el tiempo perdido. Hay una mirada nostálgica al pasado y una puesta en escena seca. Empero, el director no acaba de armar un todo lo suficientemente atractivo como para justificar 90 minutos de película. Las costumbres judías no fueron nunca más aburridas, sin pretenderlo.

Arrival

Una de las cintas más esperadas la encontramos en otro de los cierres de Sección (Perlas). Hablo de La llegada, la nueva película de ciencia ficción de Denis Villeneuve. Aunque con tanto monstruo y tanto extraterrestre cada vez esto se parece más a Sitges, el cine de género siempre será bienvenido en cualquiera de los ámbitos posibles… La llegada plantea una invasión alienígena desde una perspectiva intimista, aunque expansiva, humanista, con la temática de la incomunicación como telón de fondo para desarrollar una trama medida a la perfección. Posee una profundidad emocional muy lograda, apoyada en una Amy Adams protagonista en estado de gracia. Villeneuve destaca por crear una cinta hipnótica, con una fuerza visual muy característica en el canadiense (y que en la ciencia ficción ya solo soy capaz de atisbar en un puñado de directores, véase Spielberg, Nolan y poco más), y por mantener un ritmo casi perfecto. Además, se luce especialmente en esta ocasión su músico habitual, Jóhann Jóhannsson, cuya banda sonora minimalista de cuerdas consigue crear una atmósfera casi onírica muy particular (y a la que le vaticino una nominación segura al Oscar).

Alba

La primera película de Ana Cristina Barragán, una joven directora ecuatoriana, es esta Alba que participa en Horizontes Latinos. La historia, una niña de 11 años ha de ir a vivir junto a su solitario padre al que no conoce debido a la enfermedad terminal de su madre. Bajo esta premisa, Barragán agudiza su mirada para bucear en los sentimientos de su joven protagonista (por cierto, una joya de niña), con una sensibilidad más que notable para entender la infancia y el universo feminino, en una época convulsa como es el paso a la adolescencia. Los problemas vitales de Alba, el enfrentarse a una vida y unos cambios que no entiende, son un reflejo de esa pubescencia, reflejada en una transición metafórica tanto interna como externa. Barragán describe un rico mundo interior usando como herramientas los silencios, los gestos y las miradas, cargando de una emotividad contenida una película rica en matices, pero no lo suficientemente especial como para alcanzar altos vuelos. Un debut más que aceptable, no obstante.

Fuego en el mar

Terminamos la jornada con la flamante ganadora del último Oso de Oro en Berlín, la italiana Fuego en el mar de Gianfranco Rosi, un excelente largometraje que explora los límites de la ficción y el documental con una trama que se centra en la vida de los habitantes de la isla de Lampedusa y la relación de estos con el mar, con el drama de la inmigración como telón de fondo. Gianfranco consigue una extrañamente bella cinta, dotada de una fantasmagoría que nos habla de la incertidumbre, en esos amaneceres misteriosos tras los que los equipos de rescate reviven la tragedia día sí y día también. Dispone, por contraposición, la historia de un niño de la isla que me parece potentísima. Hijo de pescador, parece en cambio mucho más atado a la tierra. Sus juegos son destructivos, y su carácter hiperactivo se contrapone a la pereza de su mirada (un ojo vago). El niño como reflejo de una sociedad que no quiere mirar. Algunas de estas metáforas parecen tomadas de películas anteriores, mismamente aquella de la graduación de la vista (La mirada del silencio, Joshua Oppenheimer, 2014), sin descubrir nada nuevo ni en estilo ni en forma, pero aun así, Rosi supera con creces su anterior trabajo, un a mi modo de ver mucho más plomizo Sacro Gra. De paso, nos regala un par de escenas hilarantes que ayudan al ritmo de la película, contraponiendo este humor con el drama documentado, en el que no obstante no se ceba, sino que trata con elegancia y sutileza.