28/1/16

Lo que perdimos en la guerra

Poster Testamento de juventud
Vera Brittain fue una escritora, feminista y pacifista inglesa que abandonó sus recién empezados estudios en la universidad de Oxford para convertirse en enfermera y ayudar a los combatientes de la Primera Guerra Mundial, en la que lucharon su hermano, su novio y unos amigos. Su obra más celebreda fue Testamento de juventud (1933), libro de memorias que abarca su vida durante aquel conflicto y sus comienzos como pacifista, al cual le siguieron dos continuaciones: Testamento de amistad (1940) y Testamento de experiencia (1957).
BBC Films produce una película que adapta el primer libro de su trilogía de memorias, de tal forma que asistimos a las circunstancias en las que Vera dejó aparcada la carrera universtaria por la que había peleado tanto para trabajar como enfermera al estallar la guerra, y a cómo esa vivencia la marcó para siempre. Pese a tratarse de una historia real, la película no se libra de cierta sensación de déjà vu, fruto de la prolífica producción de películas y series belicistas y de época de la que goza la industria cinematográfica británica, todas tan correctas como similares entre sí. Además, la dirección de James Kent, que debuta en el largo tras labrarse una carrera en la televisión inglesa, no imprime un estilo particular y distintivo al film, que recuerda un poco a Expiación en algunos aspectos, pero careciendo del brío de Joe Wright.

Testamento de juventud2

Sin embargo, Testamento de juventud consigue despuntar por encima de buena parte de sus congéneres gracias a tres factores muy potentes: en primer lugar, la banda sonora de primera categoría compuesta por el siempre estremecedor Max Richter; en segundo lugar, una conmovedora interpretación protagonista a cargo de  una fabulosa Alicia Vikander, arropada por un competente elenco de secundarios en el que figuran Emily Watson, Dominic West, Taron Egerton, Miranda Richardson, Hayley Atwell y Kit Harington (este último no desentona, por si alguien se lo estaba preguntando). Y en tercer lugar, una historia que engancha durante dos horas y que expone con delicadeza y aflicción  el sinsentido y los horrores de la guerra, sin distinciones entre bandos. Se echa en falta que explorase un poco más el activismo pacifista de Vera, pero aún así, se alza como un notable drama, más antibelicista que romántico, que no desmerece atención pese a su lanzamiento directo al mercado doméstico en nuestro país.

7/10