27/7/13

Colores auténticos

Poster Una cancion para Marion

Dir.: Paul Andrew Williams
Int.: Terence Stamp, Gemma Arterton, Vanessa Redgrave, Christopher Eccleston, Orla Hill
¿De qué va?: Marion es una mujer mayor, enferma de cáncer, que encuentra un remanso de paz en un grupo de jubilados que se reúne para cantar a coro. Su marido, un hombre gruñón y controlador, además de no ver con buenos ojos la conducta de su mujer, mantiene una pésima relación con su hijo.

Reseña: Películas tópicas, de temas manidos y sentimentalmente manipuladoras hay a puñados. Cada fin de semana emiten un par de ellas en la sobremesa televisiva. Películas que estén tan bien armadas como para que los que estamos muy pasados de vueltas piquemos el anzuelo no tantas. Pero alguna que otra vez, sobre todo cuando tenemos el día tonto, nos cruzamos con un filme sencillo y honesto que nos roba el corazón. Eso es lo que me ha ocurrido con Una canción para Marion, perteneciente a ese nuevo y lucrativo subgénero que no es otro que el de las dramedias británicas destinadas a un público adulto y protagonizadas por veteranos actores en muy buena forma.

Una cancion para Marion3

El jardín de la alegría, Las chicas del calendario y El exótico Hotel Marigold son algunas muestras de esta corriente cinematográfica que ofrece un entretenimiento muy digno y cargado de buenas intenciones destinado principalmente al público maduro que prefiere acudir al cine que bajarse una película, ya sea porque no sabe cómo hacerlo o por cualquier otra razón. Una canción para Marion resulta previsible desde la presentación de los personajes, pero se las arregla muy bien como para engancharnos emocionalmente y no soltarnos hasta el final. ¿Cómo? Pues con la inestimable colaboración de dos vacas sagradas de la interpretación como son Vanessa Redgrave y Terrence Stamp.

Una cancion para Marion2

Ambos forman una pareja cinematográfica que podría considerarse como el reverso amable y edulcorado del matrimonio de ancianos del Amor de Haneke. Sin embargo, el escepticismo desaparece cada vez que Stamp deja entrever que está volviendo a disfrutar de la vida con una expresión de niño travieso ruborizado y cuando Redgrave se muestra exultante y llena de vitalidad pese a que se esté marchitando. Me atrevería a decir que la escena en la que ella le canta True Colors a él en el parque es uno de los momentos más genuinamente emotivos y emocionantes del cine del presente año. Las lágrimas y la piel de gallina son totalmente lógicas y bienvenidas.

Una cancion para Marion

Y si además tenemos a Gemma Artenton demostrando una dulzura y un encanto inéditos en su incipiente carrera y a un grupo de ancianitos a los que les va la marcha y la música heavy nos queda una película triste pero de trasfondo optimista y alegre que anima el espíritu al menos durante los 90 minutos que dura su visionado. Por supuesto que es sentimentaloide, previsible y poco original, pero he caído en su trampa y ha conseguido tocarme la fibra sensible y que abrace sin pudor la ñoñería, y que eso siga ocurriendo en una sala de cine, aunque sea muy de vez en cuando, es maravilloso.

7/10