15/7/08

Juegos de un listillo



Dir.: Michael Haneke
Int.: Naomi Watts, Tim Roth, Michael Pitt, Brady Corbet, Devon Gearhart
¿De qué va?: Una familia neoyorquina es asaltada por dos jóvenes en su casa de vacaciones, quienes les obligarán a participar en juegos sádicos con la apuesta de si seguirán vivos 12 horas después.

Opinión: Michael Haneke es un tipo listo. Cuando le ofrecieron hacer un remake americano de Funny Games, película que rodó hace diez años, podía haber cedido los derechos, cobrar el correspondiente cheque y listo. Pero no. Decidió encargarse él mismo del remake (si quieres un trabajo bien hecho hazlo tú mismo ¿no?), y para colmo no realizó ningún cambio a su película, siendo el resultado una fotocopia plano a plano, diálogo a diálogo del original. Una de dos: o se ha querido mofar de la industria de cine norteamericano y de la moda del 'remakeo' desde dentro del sistema o tiene tanto ego como para pensar que su película es inmejorable. Pensándolo bien, puede que las dos teorías sean ciertas.


Sin entrar en comparaciones, pues no he visto la primera versión y visto lo visto parece que sólo hay diferencias en cuanto a las interpretaciones, Funny Games es muy extraña. Es una película con una atmósfera enrarecida, incómoda y muy violenta, pero de una forma inusual. La película de Haneke es seguramente objeto de sesudas tesis de final de carrera, pero con lo que me he quedado personalmente es con lo siguiente: Funny Games es una crítica a la violencia mostrada en los medios audiovisuales, sobretodo en el cine.
Los momentos en los que la violencia es protagonista ésta se produce fuera de cámara, dejándonos con la curiosidad de ver lo que está pasando, lo cual produce indignación en los espectadores, que han pagado por ver eso, acción. Eso demuestra que todos somos espectadores pasivos de la violencia, estamos tan acostumbrados a ella que disfrutamos viéndola cuando en realidad son actos crueles y sádicos, que por otra parte están bien plasmados en la película aunque no los veamos. Incluso en la única escena en la que la violencia es explícita el director se saca un as de la manga y borra lo que acaba de pasar con un truco tan tramposillo que descoloca.


Y ese es el gran hándicap de la película, pues Haneke, empeñado en hacer llegar su mensaje, juega con la paciencia del espectador. En un principio sorprende el realismo del que está dotada la película, pero de repente ves como uno de los asesinos habla a la cámara, compartiendo opiniones y guiños con los espectadores. No es un mal recurso, pero hace perder la verosimilitud conseguida hasta entonces. Luego tienes que tragarte 10 minutos de plano fijo en los que una atada de pies y manos Naomi Watts intenta ponerse en pie y ayudar a su marido. En un principio mola, pero al final el aburrimiendo acaba apoderándose de ti. Y es que la peli es muy lenta, hay momentos en los que llega a exasperar.


Lo que es indiscutible es la calidad de las interpretaciones. Naomi Watts es sencillamente extraordinaria, su sufrimiento y desesperación es tan real que asombra. Tim Roth tampoco se le queda muy atrás en lo de sufrir con convicción. Y Michael Pitt está muy bien como psicópata encantador. Me gustó el guiño/crítica que se hace a las películas de serial killers en las que siempre tiene que haber un trauma o una explicación detrás de cada comportamiento perturbado.


En fin Sr. Haneke, creo que he entendido el mensaje de su película. Y me ha gustado a la vez de sorprendido. Reconozco que caí en cada una de sus trampas. Pero me indigna saber que teniendo una segunda oportunidad para arreglar un poco su película, como dotarla de un ritmo más ágil que no permita que media platea se duerma, no haya cambiado ni un ápice. Hubiera sido capaz de aplaudir al final de la proyección. Pero no fue así. En realidad salí muy indignado. Pero ha conseguido que tres días después siga pensando en ella, e incluso que mi valoración haya mejorado con el tiempo. Al final me acabó cogiendo por los huevos, qué cosas.

***