13/11/15

Vínculo octogonal

Banner Sense8

Creador: J. Michael Staczynski, Andy Wachowski, Lana Wachowski
Int.: Jamie Clayton, Doona Bae, Brian J. Smith, Miguel Ángel Silvestre, Tuppence Middleton, Max Riemelt, Aml Ameen, Tina Desai, Naveen Andrews, Freema Agyeman, Alfonso Herrera, Max Mauff, Terrence Mann
Emisión: 2015 – ¿?, Netflix
1 temporada

El mayor éxito de los hermanos Andy y Lana Wachowski tras la trilogía de Matrix ha sido V de Vendetta, y tan sólo ejercían de productores. Ninguna de las películas que han dirigido ellos puede considerarse un éxito, y parecía que Warner las financiaba con la esperanza de que dieran con algo que funcionase como la sucesora natural de la saga protagonizada por Keanu Reeves. Para algunos, Speed Racer, El atlas de las nubes y El destino de Júpiter son una mera tontería; para otros, películas un tanto fallidas pero que rezuman diversión y encanto kitsch. La pequeña pantalla era su destino natural, un lugar donde poder plasmar sus historias serializadas, con múltiples personajes y mitología propia, donde desarrollar sus temas preferidos: el destino, la espiritualidad ‘New Age’ y la reivindicación LGTB . Netflix ha sido la valiente que “ha adoptado” a los hermanos, y la jugada no les ha salido nada mal.

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Sense8, co-creada por J. Michael Stracynski (Babylon 5), sigue a un grupo de personas (obviamente ocho), que se encuentran emocional y mentalmente conectadas pese a que cada una viva en diferentes partes del planeta: Chicago, Bombay, Ciudad de México, Londres, Nairobi, San Francisco, Berlín y Seúl. Ese poder les confiere la habilidad de comunicarse entre ellos y viajar mentalmente al lugar donde se encuentra otro de los ‘sensates’, e incluso de transmitir conocimientos y habilidades personales para ayudarse cuando se encuentran en aprietos. En el primer capítulo desconcierta ver que a pesar de haberse desplazado a ocho o nueve rincones diferentes del mundo para grabar sin recurrir a decorados falsos, y de contar con actores de múltiples nacionalidades, todos hablan un perfecto inglés, pero en capítulos posteriores descubrimos que cada cual habla su propio idioma, aunque nosotros los oímos en la lengua de Shakespeare para que no se produzca un lío de lenguas. 

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El primer episodio no vende demasiado bien la serie, pero conforme se va asentando la trama a lo largo de la temporada y vamos conociendo mejor a los personajes, gana enteros. Ayuda mucho que todos sean guapísimos, simpáticos y que los Wachowski sean generosos a la hora de mostrarlos muy, pero que muy ligeros de ropa (cierta fascinación comprensible por el cuerpo de Max Riemelt) y en circunstancias subidas de tono. No obstante, los mejores momentos de la serie se producen cuando los ‘sensates’ interactúan entre sí de forma tranquila, sentándose a hablar para compartir sus miserias, dándose apoyo mutuo y demostrando la química que existe entre los ocho, pues no hay ninguna combinación de personajes que resulte incómoda de presenciar. Por el contrario, los peores momentos se producen cuando llega Naveen Andrews para dar explicaciones demasiado largas sobre la naturaleza mística y espiritual de los protagonistas, y cuando el villano de turno, del mismo prototipo que el de Orphan Black y de cualquier otro producto de ciencia ficción, hace acto de presencia, sólo porque tiene que haber alguien que suponga una amenaza global y a largo plazo.

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Los numerosos y entusiastas fans que la serie logró congregar con su primera temporada estuvieron durante un tiempo de los nervios dado que Netflix tardaba más de lo habitual en pronunciarse sobre su futuro. Al final resultó que estaban esperando al 8 de agosto (el cumpleaños de los ‘sensates’) para anunciar la renovación por una segunda temporada que se lanzará en algún momento del 2016, lo cual también es buena señal para que los Wachowsky puedan contar con las cinco temporadas en las que tenían pesado desarrollar la serie. Sense8 no está hecha para ganar Emmys, si acaso los técnicos dada su impecable producción, sino para el sector ‘fandom’, pues es un producto muy dado a revolucionar la red y a despertar el entusiasmo con cada momento íntimo/sexual/alocado compartido por sus empáticos personajes. Y no olvidemos que ha convertido a Miguel Ángel Silvestre en el actor español más internacional tras Antonio Banderas. Quién nos lo hubiera dicho cuando lo conocimos con Sin tetas no hay paraíso…