4/11/15

Paseo de la vergüenza

Banner Game of Thrones
Creador: David Benioff, D.B Weiss
Int.: Peter Dinklage, Lena Headey, Emilia Clarke, Kit Harington, Sophie Turner, Maisie Williams, Nikolaj Coster- Waldau, Iain Glen, Aidan Gillen, Charles Dance, John Bradley, Alfie Allen, Gwendoline Christie
Emisión: 2011 – ¿?, HBO
5 temporadas

Advierto que esta entrada va a ser una bajada de pantalones en toda regla. Es una rectificación que debo hacer, porque todos somos humanos, nos equivocamos, y no hay por qué avergonzarse de admitirlo y enmendar el error. Si alguien cree que además debo pasearme desnudo por la calle mientras una monja hace sonar una campana y me grita “¡Vergüenza!”, al tiempo que una muchedumbre encolerizada me grita, me escupe y me tira vegetales, estaré dispuesto a hacerlo de buen grado. Y es que yo, señoras y señores, admito que critiqué Juego de tronos sin haberla visto, y ahora, que por fin me he puesto al día, soy un ‘tronista’ más (¿Se dice así o es algo exclusivo del programa de Telecinco?).

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Que conste que mi desprecio inicial estaba justificado: nunca he sido especialmente fan de la épica-fantástica-medieval al estilo de El señor de los anillos, y la serie, cuyo origen literario desconocía hasta el comienzo de su emisión, tenía toda la pinta de ser así. Pero lo que más me echaba para atrás eran sus seguidores fanáticos, esos que no eran capaces de hablar de otra cosa, que inundaban las redes sociales de memes, videos, chistes y demás, que se quejaban de que las temporadas eran cortas y que la próxima no empezaría hasta un año después (como cualquier serie de cable) y que, básicamente, hacían como que Juego de tronos era la única serie buena de la televisión, cuando hay muchas más por las que repartir cariño ‘fandom’. Esto último aún lo considero, pero tras convertirme en un seguidor más, mi odio se ha redirigido a los ‘talifanes’ de los libros de George R. R. Martin.

Game of Thrones

Puedo entender que uno se pueda sentir más erudito por conocer la fuente original (a mí también me pasa), pero lo verdaderamente intolerable es que cada semana se lleven las manos a la cabeza y siempre con las mismas quejas: que si lo del libro es mucho más fuerte, que están omitiendo pasajes importantes, que para qué lo cambian si lo del libro en la serie habría quedado mucho mejor… Basta. Amigos ‘talifanes’, entendemos su enfado pero llevamos cinco años en las mismas. Hay que comprender que el medio literario no es igual que el televisivo, que lo que funciona en una lectura no tiene por qué funcionar en imágenes y, sobre todo, que un proceso de adaptación no consiste en transcribir una novela en guión. Mientras la esencia sea la misma (y yo creo que en este caso lo es) qué mas da que se tome unas cuantas licencias si funcionan en la serie. Y si tanta rabia les da, lo mejor que pueden hacer es dejar de verla.

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A todo esto, llevo tres párrafos sin hablar de la serie propiamente dicha. ¿Pero qué puedo decir de ella que no se haya dicho ya? Llego un poco tarde. De primeras, Juego de tronos llama la atención por su tono épico-fantástico, sus dragones, batallitas, desnudos frontales, por todo el amplio y vasto mundo que ha creado su autor, pero por lo que realmente engancha es por sus personajes y por lo carismáticos que resultan, gracias al excelente trabajo de casting, por sus claroscuros ( ni los buenos son unos santurrones ni los malos villanos de opereta), y lo impredecible que resultan sus caminos, algunos terminados abruptamente con esas muertes crueles por las que la serie se ha hecho tan popular. Uno de los principales motivos por los que Juego de tronos levanta tantas pasiones es porque se salta los convencionalismos narrativos por los que se rige el cine y la televisión para emparentarse con una guerra auténtica, en la que nadie, ni un presunto protagonista o héroe de la historia, está a salvo.

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Juego de tronos ha ganado por primera vez el Emmy a mejor serie dramática, por una temporada que para muchos ha resultado decepcionante. No es mi caso, pues pienso que desde su comienzo ha gozado de una evolución ascendente, conforme nos ubicábamos entre tantas familias, tramas y lugares, nos aprendíamos los nombres de los personajes más importantes y los episodios memorables empezaban a sucederse, como el de la Boda Roja, la Púrpura o las batallas que se libran en El Muro, capítulos que no tienen nada que envidiar a las grandes producciones de Hollywood; un alarde de dirección, producción y montaje que sabe muy bien utilizar sus recursos para mantener en vilo al espectador (el uso que hace la serie de la música y del silencio absoluto es magistral). Juego de tronos triunfa por su combinación de espectáculo y alegoría política y su peor enemigo es, precisamente, su éxito, que podría empañar su eficacia si sus responsables deciden explotarla con películas, spin-offs, precuelas y todo lo que se les pueda ocurrir. Por cierto, el personaje favorito de casi todo el mundo es Tyrion, algo comprensible, pero la que da auténtica vidilla a la serie no es otra que la gran Cersei, mucho mejor cuanto más vino bebe y más perversa se pone. Larga vida a la Reina Cersei.

Cersei

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