26/12/07

Un juego de espías sin brechas


El espía es un thriller que prescinde de los recursos habituales del género, como son la acción desbordante y los efectos especiales, para darle cabida a la psicología de los personajes, tan verídicos como que la historia está basada en un hecho real, y aún teniendo el lastre de conocer de antemano el final de la historia se sigue con gran interés.




El director Billy Ray vuelve a tocar el tema de grandes metirosos como ya lo hizo en la interesante El precio de la verdad, y si en aquella se respiraba el ambiente de las oficinas de periódicos aquí ocurre lo mismo con los pasillos del FBI. Tanto las oficinas como los exteriores invernales trasmiten un frío y un mal rollo latente que culmina en el consabido final, aunque hay cabida para la sorpresa en una escena final memorable.




La película no sería lo mismo si no fuera por el gran trabajo de cásting que se ha hecho. Chris Cooper borda su papel de americano al servicio de su país, aparentemente normal y devoto, que lleva una doble vida. Ryan Phillippe, como el joven agente que lo está investigando cumple con su personaje al reflejar todos los cambios que se producen en su personalidad según va avanzando la trama. Y no habría que olvidar a Laura Linney, puesto que aunque su personaje sea secundario consigue dejar constancia de su presencia con el talento que la caracteriza. Las actrices que interpretan a las parejas de los dos protagonistas tampoco están nada mal, y no son simple adorno decorativo como sucede en otras películas parecidas.




Por todo ésto y más, El espía se erige como uno de los mejores thrillers del año, por encima de otros con temáticas similares que apuntaban alto y se quedaron a mitad del camino (como El buen pastor o Fracture).

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