16/7/16

O.C: Un verano con Mónica (1953)

Poster Un verano con Monica¿De qué va?: Harry Lund es un joven que trabaja en un almacén de vidrio y porcelana. Cerca de ahí trabaja en un almacén de vegetales Mónica, y ambos se enamoran poco después de conocerse en un café. Tras una discusión entre Mónica y su padre y otra entre Harry y su jefe, la pareja decide tomar un pequeño bote a una isla cercana para pasar unas semanas a solas.

Reputación: Con la decimotercera película de Ingmar Bergman llegó el reconocimiento internacional del director sueco. El productor de cine de explotación Kroger Babb compró los derechos de la película tres años después de su estreno en Suecia, en 1956, para distribuirla en Estados Unidos. Para asegurarse una buena acogida, recortó 62 minutos del metraje y enfatizó el carácter nudista del film, utilizando una gran cantidad de material promocional sugestivo, incluyendo fotos de la actriz protagonista, Harriet Andersson, desnuda, y cambiando el título original por el de Monika, the story of a bad girl (Mónica, la historia de una chica mala). Con todo, fue la película más vista de Bergmann en Estados Unidos, y lanzó a la fama a Andersson, una de las actrices fetiche del director; juntos volvieron a trabajar en Noche de circo (1953), Sonrisas de una noche de verano (1955) y Como en un espejo (1961). Como dato curioso, tras tres semanas de rodaje en las islas donde se desarrolla el tramo central del film, enviaron la película al laboratorio, con la mala suerte de que una máquina defectuosa rayó miles de metros del celuloide, por lo que tuvieron que volver a repetir las tomas.

Un verano con Monica

Comentario: Cualquier seguidor de la Operación Clásico con buena memoria será consciente de lo escasamente “bergmanniano” que es un servidor. Sin embargo, tal vez el problema haya estado en que abordé un cineasta con una trayectoria tan dilatada empezando por drogas duras como Persona (1966) o El séptimo sello (1957), en vez de decantarme primero por las más accesibles para luego meterme progresivamente en materia. El caso es que Un verano con Mónica me ha gustado, mucho, no sólo porque el cine sobre los viajes iniciáticos sea mi mayor debilidad, sino por el contraste de ese hiato estival lúdico y de ensueño, obvia fuente de inspiración para Wes Anderson cuando hizo Moonrise Kingdom (2012), respecto a lo que llega después, cuando la pareja abandona el paraíso y vuelve al lúgubre mundo real, asumiendo las consecuencias de su rebeldía y su paso prematuro a la madurez, al tiempo que se demuestra la asombrosa capacidad de sus jóvenes actores protagonistas para plasmar la triste evolución de sus personajes. Aunque aún me quedan muchas por visionar, por fin puedo decir que tengo una indiscutible película de Bergmann favorita.

Próximo visionado: Novio a la vista (1954)