7/6/16

O.C: El hombre elefante (1980)

Poster El hombre elefante

¿De qué va?: A finales del siglo XIX, el doctor Frederick Treves descubre en un circo a John Merrick, un hombre con la cabeza monstruosamente deformada que vive en una situación de constante humillación y sufrimiento, al ser exhibido como una atracción de feria.

Reputación: Basada en una historia real, El hombre elefante fue producida por Mel Brooks, responsable de contratar a David Lynch como director tras quedar impresionado con su anterior película, Cabeza borradora (1977), así como de obtener permiso del estudio para rodarla en blanco y negro. Brooks eliminó por decisión propia su nombre de los créditos, ya que sabía que podía dar al público una idea errónea del film, dada su fama como comediante satírico, y también luchó para que Paramount no cortase las escenas surrealistas que abren y cierran el film. El maquillaje que se utilizó para caracterizar a John Hurt está diseñado a partir de los moldes del Merrick original que se conservan en el London Hospital; sus órganos, preservados para ser estudiados, fueron destruidos por los bombardeos alemanes durante la Segunda Guerra Mundial. La película fue nominada a ocho Oscars, de los cuales no ganó ninguno. En aquel entonces, no había una categoría fija para premiar a los maquilladores, siendo reconocida su labor en ocasiones muy especiales. La ausencia de condecoración a El hombre elefante en este apartado ocasionó una oleada de críticas negativas que propició que al año siguiente la Academia crease la categoría a mejor maquillaje.

El hombre elefante

Comentario: El hombre elefante es, junto con Una historia verdadera (1999), la película más accesible de David Lynch; también la más emotiva. Rodada en un exquisito blanco y negro, la historia arranca como una secuela espiritual de La parada de los monstruos (1932) para luego cambiar los tintes terroríficos por el drama humanista de ese hombre elefante que sólo necesita ser tratado con dignidad, nada más. Tremendas interpretaciones de John Hurt y Anthony Hopkins en un film que, a pesar de alguna que otra concesión amable, destaca por sus momentos estremecedores (el acorralamiento en la estación de tren) y por aquellos que gozan de una sutileza bellísima, como el desenlace. Por cierto, apostaría lo que sea a que Tim Burton se inspiró, y mucho, en la película de Lynch para su Eduardo Manostijeras (1990).

Próximo visionado: Verano violento (1959)