24/4/16

La vida no es tan bella

Poster El hijo de Saul
¿Pueden haber aún nuevas formas de abordar la Segunda Guerra Mundial y el holocausto nazi? El húngaro László Nemes demuestra que sí, que a pesar del gran número de películas que han plasmado uno de los capítulos más oscuros y abominables de la historia del ser humano, aún es posible volver a él sin caer en la reiteración y la monotonía, gracias a su ópera prima, El hijo de Saúl, con la que ha conseguido, no sólo que Hungría gane su primer Oscar a la mejor película de habla no inglesa, sino que experimentemos el horror de un campo de concentración nazi en primerísima persona.

A lo largo de toda la película jamás nos separaremos de Saúl, un prisionero judío húngaro que forma parte del equipo que se encargaba de quemar los cadáveres de sus compañeros gaseados y limpiar las cámaras de gas. El magnífico prólogo ya establece la forma en la que seremos partícipes de esta historia: vamos a oír más de lo que consigamos ver, y nuestra imaginación hará el resto. Tampoco nos enteraremos mucho de lo que está ocurriendo en la pantalla, un efecto probablemente buscado para provocar desconcierto y confusión, pero que conlleva cierto riesgo, pues al no poder encontrar algo a lo que aferrarnos para seguir el hilo de la narración, el desinterés y la desconexión emocional puede hacer acto de presencia. También es verdad que es una película hecha para ser vista en una sala de cine, a oscuras y sin posibilidad alguna de escape o evasión.

El hijo de Saul2

Esa falta de apego afectivo también va ligada con la no menos atrevida premisa argumental: Saúl es un prisionero, muerto en vida, que se obceca con darle una sepultura digna a uno de los niños asesinados en la cámara de gas. El impertérrito Saúl se pasea por todo el campo de concentración, causando estragos allá donde pasa y ganándose el odio tanto de los soldados alemanes como de sus propios compañeros prisioneros. Su misión particular es la excusa perfecta para exponer el infierno que se vivía en aquellos campos desde que los prisioneros entraban hasta que sus cuerpos inertes eran deshechos, pero el impacto producido por la barbarie puede diluirse ante la irritación producida por sus acciones. El hijo de Saúl es muy buena película, con un inicio y un final perfectos, escenas muy potentes y un trasfondo ligeramente esperanzador que se deja entrever en la confianza puesta en unas nuevas generaciones que aprendan de los errores cometidos en el pasado, pero eché en falta un poco de orientación entre tanto caos para darle el medio punto que separa el notable bajo del alto.

7’5/10